<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889</id><updated>2012-02-26T12:53:44.163-02:00</updated><category term='romance'/><category term='erotismo'/><category term='novela'/><category term='zombis'/><category term='humor negro'/><category term='monstruos'/><category term='crítica social'/><category term='canción águila'/><category term='alegato ecológico'/><category term='suspenso'/><category term='vampiros'/><category term='fantasía'/><category term='paranormal'/><category term='amor'/><category term='animales'/><category term='horror'/><category term='cuento de hadas'/><title type='text'>La Narradora</title><subtitle type='html'>Mil y una historias al estilo de Sherezade...</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>108</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-6233664048534075627</id><published>2012-02-26T12:53:00.002-02:00</published><updated>2012-02-26T12:53:44.172-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (43)</title><content type='html'>Mientras caminaba, flotando casi en la niebla que muy pronto había enmudecido, los pensamientos de Kaylon volaron hacia los mercenarios. ¿Para qué habrían querido a Eles? ¿Para llegar al lugar donde él se encontraba, y a donde fuera que desembocaba el sendero? En tal caso, concluyó, se habrían llevado una desilusión, pues aunque hubieran obtenido al águila, aquel ser del báculo de oro no les habría permitido continuar. El chico estaba seguro de que sus ojos humanos podían leer las intenciones mejor que un libro abierto, y sin duda las intenciones de los mercenarios habían sido cualquier cosa menos buenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, bien muertos que estaban. Ni valía la pena rememorarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino terminó en un puente colgante todo pintado de blanco, tal que se fundía con la neblina y uno sólo podía adivinar que estaba ahí. Los tres viajeros empezaron a cruzarlo, despacio al principio y luego con mayor confianza porque, a pesar de que se balanceaba en forma notoria, era fuerte y ancho como una carretera. Su longitud era también considerable: tardaron varias horas en llegar al final, donde continuaba el sendero rocoso. La niebla se estaba aligerando; hacia los lados podía verse que el suelo de piedra se extendía, y que había unas masas del mismo material y manchas verdes que podían ser musgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sendero los condujo a un arroyo. El chico, aliviado, se inclinó para beber, imitado por Gorgat y Eles. El agua era transparente, impoluta; en suma, una delicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se lavó la cara y los brazos, y al volver a mirar en derredor, el asombro lo dejó boquiabierto: hacia el oeste no se apreciaba más que una llanura vacía, pero hacia el frente y a los lados había ahora un montón de elementos que no figuraban en el mapa. A su izquierda y derecha crecían árboles y plantas, y delante de él se alzaba una montaña. En algunas zonas había escalones poblados de vegetación, pero en otros lugares la roca se veía lisa, como cortada con herramientas gigantescas. No era muy alta, y aunque algunos cúmulos se arremolinaban en los picos más prominentes, en sus cumbres no había ni rastro de nieve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Caramba! —exclamó el chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gorgat seguía bebiendo, o más bien atacando el arroyo a lengüetazos, pero Eles tenía los ojos puestos en la montaña, lleno de deleite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esto sí que no lo esperaba. Esto... ¿qué es esto? ¿Es tu hogar? —le preguntó Kaylon a Eles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El águila lo miró de tal modo que el chico casi oyó las palabras en su mente: "Todavía no." Luego señaló hacia arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Del otro lado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez el águila soltó un chillido que sonó como una afirmación. Kaylon volvió a fijarse en la montaña: las escarpadas paredes, los escasos asideros... la ausencia de escaleras...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Puf! —resopló, y luego encaró a Gorgat—. Ojalá tú sepas escalar mejor que yo. De donde vengo, el terreno es casi plano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aludido lo miró con expresión de "por mí no hay problema", y luego sumergió su cabezota en el agua para refrescarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-6233664048534075627?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/6233664048534075627/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-43.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/6233664048534075627'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/6233664048534075627'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-43.html' title='La canción del águila (43)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-8011613304986435428</id><published>2012-02-25T16:16:00.002-02:00</published><updated>2012-02-25T16:16:34.684-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (42)</title><content type='html'>Durante una semana completa, el chico no vio más que sal y piedra hacia abajo y cielo despejado hacia arriba. Pero no le costaba orientarse, a pesar de que el paisaje era exactamente igual en todas direcciones; tanto Eles como la brújula de Orantos y su propia intuición evitaban que se extraviara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco, no obstante, sus reservas empezaban a agotarse. Varias veces se sintió tentado de decirle a Gorgat que se fuera, en parte para que el agua le durara más y en parte por el bien de la criatura, mas no se atrevió. Considerando la manera en que se había unido a ellos, era obvio que para la bestia purpúrea tampoco había camino de retorno. Además, el muchacho le había tomado cierto cariño. Era un ser bastante hosco, pero no se podía negar que tenía sentimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al séptimo día de viaje por aquel territorio, el chico le ofreció a Eles las últimas gotas que quedaban en su cantimplora, cuatro o cinco, como máximo. El águila bebió con delicadeza, sin desperdiciar nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es todo —dijo Kaylon con entonación sombría—. Se acabó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ave, sin embargo, no pareció desanimarse; más bien se veía expectante, como si algo grande estuviera a punto de ocurrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconociendo en absoluto lo que aguardaba la rapaz, el chico tendió su manta en el suelo y trató de dormir un rato. Estaba sediento y cansado. Gorgat sobrellevaba mejor la adversidad, pero su pelaje evidenciaba la falta de nutrientes: había comenzado a desprendérsele mechón por mechón. Kaylon pasó una mano por su robusta nuca; el animal se recostó junto a él y dejó que el muchacho apoyara la espalda contra su barriga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Kaylon despertó de su sueño, descubrió que estaba rodeado por una densa neblina en la que Eles relumbraba igual que un faro. A su lado Gorgat gemía, asustado, pero el muchacho se hallaba aún demasiado perplejo como para tener miedo. La neblina era una cortina de gasa, blanca e inmaculada, y se condensaba sobre las piedras revelando sus colores. Bajo la luz que irradiaba el águila, las gotitas semejaban perlas de cristal dorado. Kaylon dedujo que la niebla debía provenir de la costa, pero no olía a mar en absoluto. Qué curioso...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El águila desplegó las alas en toda su envergadura y lanzó un grito que se convirtió en una nota de increíble pureza al ser devuelto por el eco. El clamor del ave pasó a sonar como un coro... y entonces sí se transformó en un coro, porque desde el este le respondieron mil voces distintas, que llevadas por el aire húmedo se entremezclaron en algo muy similar a una pieza de música. Eles dio un salto de alegría y dirigió a Kaylon una serie de chillidos cortos, instándolo a apresurarse. El muchacho guardó su manta, levantó a la rapaz y caminó hacia el sitio donde se originaban aquellas fantásticas voces, con el corazón bombeando a lo loco en su pecho y Gorgat siguiéndolo muy de cerca, tan azorado como él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que avanzaban, la neblina se separó formando una especie de corredor; allí las piedras desaparecieron y dejaron paso a un sendero de roca viva. Hacia adelante brillaba un pequeño sol, asomando en la blancura como dicho astro a través de una capa de nubes finas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había alguien ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco la figura se hizo visible: era un hombre vestido con una larga túnica celeste. Tenía la capucha puesta, tal que no era posible discernir aún sus facciones. En la mano derecha, enguantada, aferraba un báculo de oro en cuya punta se encontraba el sol que Kaylon había vislumbrado en la niebla. Alrededor de ese sol volaban siluetas de águilas: la misma imagen que Amalaide le enseñara en su carromato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico siguió caminando hasta que llegó a la altura del hombre encapuchado; con un ademán solemne, éste se descubrió ante Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cabeza era idéntica a la de Eles: plumas de color castaño, pico amarillo... pero sus ojos, aunque ambarinos, tenían forma humana, lo que al muchacho le produjo un escalofrío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el brazo de Kaylon, Eles extendió sus alas; el centinela, a su vez, extendió las suyas: dos pares, como las libélulas. Luego el centinela posó su mirada en el muchacho, examinándolo desde su rostro, ajado por la sed y envejecido por la pena, hasta sus botas, gastadas y a punto de romperse. El guardián consideró la navaja que pendía del cinturón del chico y decidió que no tenía importancia. Recogiendo su túnica con la mano libre, se hizo a un lado plegando las alas, indicando con ello al muchacho que podía continuar. Kaylon pasó junto al centinela (lo más lejos que pudo, no obstante), y después de caminar unos metros le dio por fin la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se detuvo al escuchar un golpe de metal sobre roca. Al darse media vuelta vio que el centinela se había plantado frente a Gorgat, amenazándolo con su báculo e impidiendo que siguiera al muchacho. La bestia miró a Kaylon por debajo de las alas del guardián, implorándole en silencio. El chico desanduvo unos pasos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No puede venir conmigo? —preguntó tímidamente—. Está a mi cargo. No tiene a nadie más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El guardián no se volteó, pero sí giró un poco la cabeza hacia él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por favor —dijo Kaylon. Comprendía ahora que no quería abandonar a Gorgat. Ya había renunciado a más de la cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ser con cabeza de águila volvió a hacerse a un lado y Gorgat se reunió a toda prisa con el chico, temiendo acaso que el centinela cambiara de opinión. Por esto mismo, Kaylon mandó a la bestia por delante y no se demoró más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun así, en cierto momento miró hacia atrás: el guardián lo vigilaba. Kaylon levantó la mano a modo de saludo. El otro emuló su ademán y justo después la neblina se cerró sobre él, haciéndolo desaparecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al notar que el corredor se colapsaba, Kaylon reanudó la marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-8011613304986435428?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/8011613304986435428/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-42.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8011613304986435428'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8011613304986435428'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-42.html' title='La canción del águila (42)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-1699538796850627606</id><published>2012-02-24T13:14:00.000-02:00</published><updated>2012-02-24T13:14:24.554-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (41)</title><content type='html'>Ya no faltaba mucho para que la primavera diera paso al verano. Las flores empezaban a convertirse en pequeños frutos y los rayos del sol pegaban con mayor fuerza en el paisaje. El muchacho llegó entonces, fatigado en cuerpo y espíritu, a lo que él pensaba que sería el último tramo de su viaje, y lo que vio en ese instante confirmó tan sólo lo que había esperado hallar desde el comienzo de su peregrinaje con Eles: la nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había muchos otros apelativos para esa región. Ante el muchacho y sus compañeros se desplegaba un territorio lleno de cantos rodados y carente de hierba. Orantos le había hablado de aquel lugar. Según sus libros, había estado bajo el mar hasta que un día, a causa de un terremoto, el suelo se elevó dejando en seco lo que antes había dependido del agua. No quedaba mucha evidencia de esto, pero todavía era posible encontrar, en la roca o el fango solidificado, impresiones de conchillas o peces esculpidas en el duro material. La mayor parte, empero, se había desgastado con el paso de los años; debido al aire, principalmente, porque ahí no solía llover más que una o dos veces por década. El mar, que se encontraba mucho más allá tal que ni se veía o escuchaba, era tan frío que impedía la formación de nubes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora Kaylon debía internarse en dicho desierto sin saber por qué. Ningún animal podía sobrevivir ahí, en el suelo salado y estéril, y aunque llegara a orillas del océano, los barcos no atracaban en aquellas costas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico puso a Eles en su brazo y lo contempló fijamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Estás seguro de que es por aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El águila, implacable, apuntó con el pico hacia el oriente. Las esperanzas de Kaylon se derrumbaron cual castillo de naipes. Incluso Gorgat parecía desconcertado; volteó un par de piedras con su negra nariz para indicar que debajo no había ni un mísero gusano y luego profirió un gemido de interrogación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico observó a Eles, cuyo peso le resultaba ahora difícil de sostener. El ave contenía toda la belleza y perfección de su raza, con sus impresionantes garras, alas de lustroso plumaje y postura dominante. Su cuello en alto y la mirada de sus ojos color ámbar reflejaban su inmutable propósito: seguir hacia el este, desafiando toda lógica y sensatez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien, Eles. Como tú quieras. Pero si me permites expresar mi opinión, creo que nos estás llevando a nuestra muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon dejó al águila en el piso y se deshizo de casi todo el equipaje. De ahí en más no tenía sentido continuar cargando ciertas cosas, ni siquiera a espaldas de Gorgat.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre sus pocas pertenencias, hubo dos objetos que mantuvo por varios minutos sobre la palma de su mano: una moneda de oro y el colgante con forma de aulonte, regalo de Tyanna. La moneda era la última que conservaba del premio de la carrera, y en ambas caras mostraba la misma figura: un caballo en pleno galope.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos objetos, atesorados en su momento, le recordaron a Kaylon sus mayores triunfos. Por un lado, una vida de trabajo duro pero no carente de satisfacciones; por el otro, una existencia en la que había conocido la amistad verdadera. ¿Qué hubiera sido de él al final de cada una de esas alternativas? Pero ya no era posible dar marcha atrás: aquellas puertas se habían cerrado para siempre. Fuera o no hacia su muerte, el camino al oriente era el único que podía transitar ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pues, dejó la moneda y el colgante entre las piedras, una cosa junto a la otra, y dio el primer paso hacia aquella tierra fosilizada que mediaba entre él y el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-1699538796850627606?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/1699538796850627606/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-41.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1699538796850627606'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1699538796850627606'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-41.html' title='La canción del águila (41)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-8525077382421235767</id><published>2012-02-23T11:41:00.000-02:00</published><updated>2012-02-23T11:41:07.545-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (40)</title><content type='html'>A partir del día en que hiciera las paces con Gorgat, el tiempo se volvió cada vez más seco y el terreno más árido y pedregoso. Los árboles dejaron paso a compactos matorrales entre los que crecían algunas otras plantas, pero por lo demás la tierra empezaba a asomar entre mechones dispersos de pasto. El chico no se sorprendió ante esto. Orantos le había enseñado un poco de geografía, y por lo tanto sabía lo que le esperaba. Aun así estaban en primavera, y había flores aquí y allá, mariposas y pequeños animales que desfilaban a veces con sus crías en las horas de menos calor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El terreno pedregoso, no obstante, era un problema; no para Kaylon ni Eles pero sí para la yegua, quien de vez en cuando se golpeaba los cascos o tropezaba a causa de las grietas en la tierra endurecida. El equino no demostraba su incomodidad, pero a Kaylon lo apenaba tener que llevar a su querida yegua por aquellos lugares, habiendo vivido el animal desde su nacimiento en las blandas y fértiles praderas de la granja. Además, poca comida había para ella ahora; la hierba era corta y fibrosa y muchos matorrales tenían espinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo esto, el muchacho desmontó una tarde, guardó en una bolsa lo indispensable y, con lágrimas en los ojos, le quitó a Nela las bridas, silla de montar y las herraduras. La acarició durante largo rato, tratando de prolongar el momento; luego le ató a las crines los dos símbolos de la tribu de errantes, el suyo y el de Tyanna, y le susurró al oído como tantas otras veces en el pasado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ve a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon palmeó a la yegua en las ancas y ésta se echó a trotar, pero por unos instantes dobló el cuello para mirar a su amo como si no entendiera por qué quería que lo dejara ahí, tan lejos de su hogar. El animal, sin embargo, sabía que una orden era una orden, de manera que obedeció y se marchó siguiendo sus propias huellas en reversa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico vio cómo la yegua desaparecía en el horizonte, una mancha de ébano y marfil en el paisaje ocre, y se puso a llorar sin darse cuenta. Aquel animal representaba mucho más para él de lo que había imaginado, quizás porque nunca antes había tenido que separarse de Nela desde que la adoptara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperaba que al menos pudiera encontrar el camino a la granja. Con un poco de suerte alguien se toparía con ella, vería los colgantes y la conduciría a la tribu, y sus conocidos la llevarían con Orantos. Los errantes comprenderían, también, el significado de los dos símbolos: uno intacto y el otro chamuscado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se le ocurrió al muchacho que acababa de enviar a su yegua cual mensaje de un náufrago arrojado al mar en una botella, y a pesar de las lágrimas, este pensamiento lo hizo reír. Sin embargo, el chico cruzó los dedos; el destino de Nela no debía ser tan incierto como el de una botella flotando en la inmensidad del océano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una brisa polvorienta secó las lágrimas de su rostro, luego el chico volvió en sí y empezó a caminar. Eles le rozó la oreja con el pico diciéndole a su modo que se animara un poco, y al cabo de un rato de andar por aquella vasta región semidesértica, el muchacho casi lo logró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todas formas, tenía una preocupación inmediata: sobrevivir. La comida y el agua escaseaban por esos lados, y no había muchos lugares donde refugiarse a la noche del frío y el viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles, no obstante, parecía estar a sus anchas en aquel ambiente. Cada vez exigía menos alimento, pero lo poco que ingería aumentaba sus fuerzas día a día. De no ser por la falta de su ala habría podido decirse que su estado de salud era más que excelente, y cuando Kaylon se sentía triste o fatigado, le bastaba contemplar a Eles para recuperar el aliento y seguir rumbo al este.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los gritos del águila se daban ahora con mayor frecuencia. Eles llamaba y se quedaba en silencio para escuchar, pero si oía algo, Kaylon no sabía qué era, porque él sólo percibía el rumor de los arbustos y el canto de algún pájaro extraviado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mañana, en lugar de amanecer de cara al oriente, el águila miró hacia atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué pasa, Eles? —le preguntó el muchacho, temiendo que Nela hubiera vuelto por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles continuó mirando al oeste; minutos después se hizo visible una silueta que se deslizaba de un matorral a otro. Era baja y purpúrea, y Kaylon no necesitó más que eso para comprender que se trataba de Gorgat.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Vaya! ¿Quién lo hubiera dicho? —exclamó el chico, divertido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bestia de los mercenarios estaba más flaca que la última vez, pero en cambio su pelaje se veía lustroso, sus heridas habían cicatrizado y ya no tenía la mandíbula inflamada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hola, Gorgat —lo saludó Kaylon cuando el animal estuvo lo bastante cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La criatura se detuvo. Parecía como si le diera vergüenza estar ahí pero al mismo tiempo le alegrara haber encontrado al chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No tienes adónde ir, ¿verdad? Tú también te has quedado solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gorgat desvió la mirada. Probablemente el orgullo le impedía suplicar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo, ven con nosotros —dijo el muchacho, disponiéndose a reemprender la caminata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agitando disimuladamente su corto rabo, Gorgat lo siguió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde fue la bestia púrpura quien decidió el menú para la cena; mientras Kaylon buscaba, sin éxito, en la tierra y entre las piedras la entrada de alguna madriguera, Gorgat apareció con un cuerpo peludo y sangrante que depositó a los pies del muchacho. Era una liebre, o mejor dicho, la mitad posterior de una liebre. Gorgat había devorado el resto. El chico contempló los despojos, no sabiendo si reír o fruncir el ceño. Finalmente optó por lo primero, mientras decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Pensaste acaso que no te daría tu parte? ¡Qué bajo concepto tienes de mí!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gorgat reculó, pero al no recibir ningún castigo (Luak le habría dado una buena paliza por semejante faena), se aproximó a Kaylon y dejó que éste lo premiara con una palmada, sólo una, en el lomo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los días que siguieron, Gorgat no sólo cazó para Kaylon y el águila; también desenterró raíces comestibles y ayudó al muchacho a localizar fuentes de agua, que cada vez eran más difíciles de hallar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez el chico se llevó un susto terrible. Iban caminando y de pronto Gorgat, quien marchaba en la retaguardia, tomó la delantera y le gruñó. A Kaylon le pareció que la bestia planeaba atacarlo... hasta que vio la serpiente venenosa enroscada en una concavidad del suelo. El mimetismo era impecable; no hubiera visto al reptil hasta estar justo sobre él y al alcance de su fatal mordedura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche, mientras asaba la serpiente y veía a Gorgat consumir su mitad, reflexionó sobre el extraño comportamiento del animal. ¿Era ésa la misma criatura con la que había peleado y que había estado a punto de abrirle la garganta con sus dientes? Era obvio que estaba haciendo por él lo mismo que por los mercenarios, pero Kaylon ignoraba si se trataba de una respuesta condicionada o simple agradecimiento. ¿Comprendía el animal la diferencia entre un amo y otro, entre la violencia y el trato amable? Quizás. En todo caso, daba la impresión de estar contento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era gracioso, pensó el muchacho, cómo la vida podía dar unos giros de lo más inesperados...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-8525077382421235767?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/8525077382421235767/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-40.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8525077382421235767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8525077382421235767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-40.html' title='La canción del águila (40)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-597677440969623061</id><published>2012-02-22T16:40:00.002-02:00</published><updated>2012-02-22T16:40:53.647-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (39)</title><content type='html'>Tras una ligera llovizna que cayó al mediodía, el chico se dedicó a buscar comida para él y la rapaz. Además de un hermoso lagarto de piel amarilla consiguió fruta y unas cuantas setas; al atardecer asó el reptil a fuego lento mientras se bañaba en una laguna rodeada de juncos, y luego dispuso todo para la cena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, no tenía apetito. Entregó la mitad del lagarto a Eles y se quedó sentado de cara a la fogata, con la barbilla descansando sobre sus manos cruzadas. Le costaba creer que hubiera sido feliz alguna vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A cierta distancia, dos resplandecientes óvalos anaranjados oscilaban en la oscuridad. El muchacho los contempló un rato y luego dijo en voz alta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué no vienes y te acomodas junto al fuego en lugar de acecharme?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el sitio donde se encontraban los óvalos anaranjados surgió un bufido, y a continuación Gorgat se expuso a la mirada del chico. Eran sus pupilas las que emitían el resplandor, como los ojos de un felino. La bestia se tendió a unos metros de Kaylon, aparentemente interesada en los restos del lagarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensando que el animal no podría masticar bien con la mandíbula fracturada, Kaylon desmenuzó al reptil en bocados pequeños que arrojó uno por uno frente a Gorgat. Éste se los tragó de inmediato; debía estar muy hambriento, porque una vez liquidado el lagarto no desdeñó las setas ni la mitad de las frutas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles, despierto, no se inmutó. Al notar que el ave no parecía preocupada, Kaylon se levantó y aproximó cautelosamente a la bestia purpúrea, procurando mientras tanto recordar su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te llamas Gorgat, ¿verdad? Gorgat.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El animal ladeó la cabeza hacia él y parpadeó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si me dejas acercarme, te ayudaré —dijo el chico, señalando el mango del cuchillo atorado en el cuerpo de la bestia. Gorgat se puso tenso pero no intentó saltarle encima. Finalmente Kaylon posó sus manos sobre la criatura, acariciando su áspero pelaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho tocó el cuchillo. Gorgat respingó. La hoja de metal estaba fija en el hueso; alrededor de la misma, la carne del animal se veía amoratada y tumefacta, cubierta de costras malolientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esto te va a doler —le advirtió Kaylon a la bestia, y sacó el cuchillo de un tirón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El animal dio un rugido que espantó a Eles y Nela y se lanzó hacia Kaylon arañando la tierra con sus afiladas garras. El muchacho se deshizo del cuchillo y le mostró a Gorgat las manos al tiempo que retrocedía; luego se quedó quieto, y cuando el animal estuvo a menos de dos pasos de él, Kaylon pateó el suelo. Gorgat se detuvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso es. Quieto —ordenó el chico. Tenía que dejar claro ante el animal que no le temía; de lo contrario, jamás se libraría de la posibilidad de un ataque, por más que Eles saliera en su defensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gorgat reconoció el tono autoritario en la voz del muchacho y se apaciguó. Todavía gruñendo, volvió a echarse sobre la hierba tratando de lamerse la región afectada, pero su cuello era corto y poco flexible y su lengua no llegaba hasta ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espera, yo me ocuparé de eso —dijo Kaylon, y con la paciencia y la habilidad que había aprendido de Orantos limpió cuidadosamente la herida del animal, haciendo una pausa cada vez que éste se quejaba o hacía ademán de morder. Dicha tarea, por lo tanto, le llevó varias horas, y al terminar, aprovechando que Gorgat parecía bastante calmado, tomó el cepillo de Nela y desenmarañó la abundante pelambrera de la bestia. A Gorgat no le molestó; era probable que nunca antes lo hubieran acicalado, pero después de lo que acababa de sufrir debió resultarle agradable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho logró deshacer la mayor parte de los nudos con el cepillo o sus propios dedos. Era una ocupación monótona, casi tediosa, pero mucho mejor que dejarse llevar por la melancolía; al final, Kaylon se apartó para admirar su obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, pues no eres &lt;i&gt;tan&lt;/i&gt; feo después de todo, ¿eh? Apuesto a que tampoco eres tan malo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico trató de rascarle una oreja a Gorgat pero éste le gruñó. Kaylon se echó hacia atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo, me equivoqué. Pero te advierto que no te ganarás muchos amigos con esa actitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El animal recostó la cabeza sobre sus patas delanteras y cerró los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Tú que opinas, Eles? —le preguntó Kaylon en susurro al águila—. ¿Crees que trate de dañarme si me acuesto a dormir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ave se colocó frente a Gorgat y miró al chico como diciendo: "Descansa tranquilo; yo velaré por ti." Kaylon se encogió de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por mí está bien. Hasta mañana, Eles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta ocasión el chico durmió a pierna suelta y despertó sin sobresaltos. Lo primero que hizo fue asegurarse de que todo estuviera en su sitio: Nela junto a un árbol, recortando el pasto, Eles cerca de él, esperando para partir, y Gorgat... en fin, le daba igual donde estuviera Gorgat, siempre y cuando no le causara problemas a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bestia púrpura no se hallaba en el mismo lugar donde se tendiera la noche anterior sino más lejos, mirándolo atentamente. Kaylon la miró a su vez sin hacer gesto alguno, y después de un rato de mutua contemplación, el animal dio media vuelta y se perdió de vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estupendo —murmuró Kaylon—. Regresa a tu hogar, si lo tienes. Y que te vaya bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles le tiró del pantalón; el chico se puso en cuclillas y extendió el brazo para que trepara. La rapaz giró la cabeza en dirección al este.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tienes razón. Hora de seguir adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El campamento ya estaba vacío cuando el sol superó la línea de los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-597677440969623061?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/597677440969623061/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-39.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/597677440969623061'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/597677440969623061'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-39.html' title='La canción del águila (39)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-7466305505101069641</id><published>2012-02-21T13:56:00.000-02:00</published><updated>2012-02-21T13:58:08.343-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (38)</title><content type='html'>&lt;div style="color: #7f6000; text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;CUARTA PARTE:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;LOS GUARDIANES DE LA MONTAÑA&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Mientras veía consumirse su pequeña fogata, Kaylon no podía dejar de pensar que estaba solo otra vez. Era una idea recurrente que no le hacía ningún bien, pero su mente continuaba estancándose en ella con insidiosa facilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;El precio por tus actos puede ser muy elevado. El precio por tus actos puede ser muy elevado. El precio por tus actos puede ser...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas palabras hacían eco en la noche, o quizás dentro de su propia cabeza, mezclándose con su nuevo concepto de la soledad y otras amargas reflexiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no sabía qué era peor: tener la convicción de haber estado solo toda su vida o estar solo después de haber conocido, por un breve tiempo, lo que era estar acompañado. Pero la cosa no terminaba ahí. Había algo más, un hecho que lo atemorizaba por sus implicaciones: sin importar cómo acabara su aventura con Eles, jamás podría volver con los errantes. No así. No sin Tyanna. Con su muerte, el chico no solamente había perdido una amiga; también había perdido el deseo de formar parte de la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y en qué situación lo dejaba eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró a Eles, que dormitaba, y lo recorrió una sensación de vacío. Otra amistad truncada. Ahora el águila representaba para él únicamente una obligación: la responsabilidad que había adquirido al momento de salvarle la vida, una carga que se le antojaba más pesada conforme pasaban los días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hablando de días, hacía ya cuatro que había incinerado el cuerpo de Tyanna. La imagen de la pira encendida aún lo torturaba en sueños: el humo gris y espeso, asfixiante, las llamas que destruían lo que horas antes había sido tan preciado para él...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;El precio por tus actos...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon maldijo a Amalaide en silencio, acallando por fin el recuerdo de su voz. Pero ella se lo había advertido, ¿verdad?, de modo que no podía reprocharle nada; hasta Tyanna le había hecho un comentario al respecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Siempre hay que sacrificar algo, en especial por aquellos que uno ama.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Ése era el precio para él, entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viendo a Eles dormir apaciblemente con las plumas esponjadas, &lt;i&gt;vivo&lt;/i&gt;, mientras que Tyanna ya no existía y a él no le quedaban ganas de seguir con su absurdo emprendimiento, se le ocurrió que había pagado en exceso por el capricho de un águila vieja y mutilada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;En ocasiones, incluso, el sacrificio puede ser tan grande que pone a prueba el mismo amor que nos lleva a realizar dicho sacrificio.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho suspiró. En el fondo, a pesar de todo, aún quería a Eles. Ojalá no fuera en vano lo que estaba haciendo por él...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon apagó el fuego y se durmió. Sin sueños, por suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras un largo y reparador descanso, que mucha falta le hacía, despertó a primera hora de la mañana... y no porque los rayos solares le dieran en los ojos, sino porque un animal enorme y purpúreo estaba junto a él, gruñendo y resoplando sobre su cara con intenciones claramente homicidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico reaccionó de manera automática ante la amenaza: rodó sobre sí mismo lejos de la bestia mientras ésta, rugiendo, trataba de rebanarlo a zarpazos. En su última vuelta las garras lo alcanzaron en la espalda dejándole cuatro líneas de sangre en la piel, pero el muchacho consiguió levantarse y, asiendo uno de los troncos a medio quemar de su fogata nocturna, se enfrentó al animal tratando de ocultar su miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba prácticamente indefenso: la bestia se encontraba entre él y su ballesta, y el cuchillo, que sí le habría servido, sobresalía del cuerpo de la criatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gorgat lanzó una dentellada en dirección al muchacho; éste trató de golpearlo con el tronco, pero falló. Ambos oponentes comenzaron a desplazarse en círculos, frente a frente, haciendo fintas y buscando la oportunidad de atacar. Kaylon observó que la bestia cojeaba a causa de su herida y que además tenía la mandíbula hinchada; sin embargo, él tampoco estaba de maravilla. Una gota de sudor resbaló hacia su ojo, obligándolo a parpadear. La bestia le gruñó desde lo más profundo de su caja torácica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, esto es ridículo —dijo el chico de repente—. Mi amiga murió, tu amo murió. Estamos a mano, ¿no crees?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A juzgar por su actitud, al animal le importaba más la venganza que la justicia, dado que mantuvo su posición e incluso se aproximó al muchacho. Su instinto le decía que el humano era más débil y que ya no tenía con qué lastimarlo. En cualquier momento saltaría sobre él y lo haría pedazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles apareció desde detrás de Kaylon y se interpuso entre éste y Gorgat. Estirándose para parecer más grande, agitó las alas y chilló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hubo luz dorada en esta oportunidad y el ave no se despegó del suelo más de dos centímetros; aun así, Gorgat se retiró unos pasos, indeciso y confundido. Al volver el cuadrúpedo a la carga, Eles le dio un picotazo que casi lo dejó sin nariz. Gorgat enseñó los colmillos, aunque sin moverse de su sitio, y cuando el águila hizo chasquear su pico en el aire varias veces, la bestia se echó hacia atrás. De pronto había decidido que su venganza no valía la pena o que si lo intentaba fracasaría; en todo caso, se sentó sobre sus cuartos traseros, jadeando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía muy mal aspecto, en opinión de Kaylon. Del tajo que bordeaba el cuchillo rezumaba pus; su pelaje estaba sucio y apelmazado, y en los cuatro días pasados había enflaquecido bastante. Por la hinchazón de su mandíbula, el chico dedujo que debía habérsela fracturado él mismo al patearlo (conclusión que no le produjo ningún remordimiento de conciencia). Además, las cicatrices de azotes y las espinas rotas de su lomo hacían que su apariencia fuera aún más deplorable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te trataban muy bien, ¿cierto? —le preguntó Kaylon al animal mientras dejaba el tronco en el suelo para sugerir una tregua. Gorgat fijó en él sus ojos de color amatista ribeteados de negro. Los ojos de la bestia sí eran bonitos, a pesar de su expresión nada amistosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles contempló al chico y al cuadrúpedo, y al comprender que ya no habría combate, plegó las alas. No obstante, continuó vigilando a Gorgat, por si acaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sigue tu camino y yo seguiré el mío —dijo Kaylon—. No tenemos cuentas que saldar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico no esperaba que la bestia entendiera sus palabras, pero cuando Gorgat cerró la boca y bajó la cabeza se hizo evidente que por lo menos había captado su significado. Kaylon subió a Eles a su brazo y fue a prepararse para partir. Nela estaba un poco nerviosa debido a la presencia de Gorgat; el chico la tranquilizó acariciándole la testuz y el cuello. Se marcharon poco después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gorgat titubeó, pero al cabo de un rato empezó a andar en la misma dirección que los viajeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-7466305505101069641?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/7466305505101069641/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-38.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7466305505101069641'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7466305505101069641'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-38.html' title='La canción del águila (38)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-8578380760038172485</id><published>2012-02-20T14:00:00.003-02:00</published><updated>2012-02-20T14:00:26.612-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (37)</title><content type='html'>Le tomó toda la noche armar la pira funeraria. Trabajó en la oscuridad, deteniéndose sólo de vez en cuando para recostarse contra un árbol y, agarrándose la cabeza, tratar de mantener a raya la angustia que a cada instante quería apoderarse de él. Al amanecer depositó el cuerpo de Tyanna en lo alto de la pira, sorprendido por su peso. Pero claro, ella siempre había sido más alta y fuerte que él, pensamiento que por algún motivo redobló su tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el proceso, Eles se mantuvo apartado, observando las idas y venidas del muchacho en silencio. Comprendía quizás que eso era algo entre Kaylon y su difunta amiga, cosas de humanos, por así decirlo. Sin embargo, el animal también estaba triste a su modo; su plumaje erizado y opaco y la expresión de sus ojos eran buenos indicadores de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico cruzó los brazos de Tyanna sobre su estómago y los fragmentos de su espada, cuya hoja se había roto al sacarla del pecho del mercenario. Después le limpió la cara y la peinó, rematando una trenza con el colgante que él le había regalado y que la muchacha raramente había dejado de lucir. Pero antes de iniciar la cremación le cortó un mechón de pelo. Necesitaba conservar algo de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminados los preparativos finales, el muchacho encendió la pira y cerró los ojos hasta que el fuego hubo cubierto por completo el cadáver de la joven. La madera se consumió en una lenta explosión de humo y llamas rugientes que se elevaron en columna al cielo. Kaylon no lloró mientras Tyanna se quemaba. Estaba demasiado cansado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la pira sólo quedó un pequeño montón de cenizas entre las que destacaban unos pocos objetos metálicos, chamuscados y retorcidos por el calor. Uno de ellos era el símbolo de la tribu de errantes, que el muchacho guardó en su bolsillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon reunió metódicamente las cenizas, con la mente en blanco y el rostro ennegrecido por el hollín, y se dirigió con ellas a una zona más abierta, donde la brisa soplaba sin obstáculos y un turbulento arroyo plateado corría por un lecho de piedras. Allí el chico dejó que las cenizas volaran, esparciéndolas como pelusilla de flores, al tiempo que recitaba con voz ronca la antigua fórmula de los errantes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Libre de los lazos de la tierra. Te dejo marchar; que el viento te lleve a tu destino final más allá de los confines de este mundo. Mi corazón se va contigo, para que te acompañe en tu viaje. Que así sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el último puñado de cenizas se hizo invisible al desintegrarse, el chico se sintió un poco mejor. El día era claro, lleno de cantos de aves y perfumes vegetales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se le ocurrió entonces que nunca le había preguntado a Tyanna si creía en la vida después de la muerte. Supuso que sí; ¿a qué más podría referirse, si no, aquello de "tu destino final"? De todas maneras, ella había logrado lo que quería: salvar a su nuevo hermano... y probablemente a sí misma también. Era un pobre consuelo para Kaylon, no obstante, y tardaría mucho en conformarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suspirando, regresó a buscar sus cosas. El sitio del combate era un auténtico desastre: había sangre coagulada y moscas por todos lados, que zumbaban y se fusionaban en movedizos parches negros. Un tufo repugnante surgía de la tierra encharcada; hacia el mediodía se volvería insoportable, sin duda. El chico vislumbró de reojo el cadáver del pobre caballo albino y desvió la mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Lo siento, Nube, no puedo hacer nada por ti. Olvidé traer una pala.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El noble animal ya estaba tieso pero no había sufrido cambios importantes; los mercenarios, por otro lado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los mercenarios se habían momificado durante la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon los observó, aunque sin gran interés. La piel se les había secado y arrugado como pergamino, retirándose de sus globos oculares y sus dientes. El resultado era desagradable: sus rostros estaban crispados en unas muecas grotescas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la armadura del líder, cerca del bolsillo donde se habían metido, se hallaban las dos langostas, o más bien sus cáscaras vacías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevado por un impulso, el muchacho escupió sobre el forajido pensando que ojalá lo devoraran las hormigas y los gusanos. No merecía nada mejor. De hecho, hasta le molestaba un poco no poder matarlo de nuevo, pero con mayor lentitud. Para saborear el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al darse vuelta se topó con Eles, quien lo miraba tranquilamente desde el suelo. Tal vez fuera por eso, o porque la muerte de Tyanna le había abierto una herida muy profunda, que Kaylon sintió de repente un odio virulento hacia la rapaz. Con todo detalle se vio a sí mismo tomando la maza del forajido y aporreando al animal hasta convertirlo en una pulpa sanguinolenta de carne, huesos y plumas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¡Todo esto es por tu culpa!", se escuchó gritar, golpeando una y otra vez al águila. "¡Por ti perdí todo lo que tenía!"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esto sólo ocurrió en su imaginación. No podría hacer tal cosa, ni aun queriendo, porque Eles era todo lo que le quedaba. Llevar al ave a casa era la única forma de justificar ante sí mismo la muerte de Tyanna, de darle algún sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, reflexionó, Eles jamás le había pedido ayuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se agachó y levantó al animal, acomodándole el plumaje con los dedos. Ahora sólo tenía que averiguar qué había sido de Nela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de mucho buscar y llamarla, encontró a la yegua bastante lejos de donde él había caído, rodeada de langostas huecas y aplastadas. Se le habían enganchado las crines en un árbol; el muchacho tardó bastante en desenredarla, tiempo que aprovechó para asegurarse de que estaba bien. Volvió con ella y Eles al lugar en el que había dejado su alforja y las de Nube. Cargó todo en la silla de montar y se dispuso a partir, pero lo distrajo un aullido áspero y desgarrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bestia de los mercenarios se lamentaba por la muerte de su amo. Aullaba e hipaba alternadamente, apoyando una pata sobre el forajido. A Kaylon le dio un poco de lástima, pese a que el animal casi había acabado con él. Aquella noche invernal en el campamento de los errantes, durante su guardia, le había mentido a Dorcai: los animales &lt;i&gt;eran&lt;/i&gt; capaces de deprimirse, y era obvio que esta criatura estaba padeciendo un dolor equiparable al suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se fijó en las cicatrices de azotes que ostentaba el animal y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo que tú no lloraría tanto. Me da la impresión de que no era un buen amo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bestia no se dio por enterada. El chico hizo arrancar a Nela y se marchó, dejando a Gorgat desahogar su pena junto a aquella momia de quien nunca había recibido una caricia o una palabra de afecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-8578380760038172485?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/8578380760038172485/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-37.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8578380760038172485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8578380760038172485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-37.html' title='La canción del águila (37)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-6083176338427453542</id><published>2012-02-19T18:36:00.000-02:00</published><updated>2012-02-19T18:36:30.401-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (36)</title><content type='html'>Los mercenarios dejaron de dar vueltas en torno a él, pero aun así Kaylon se vio encerrado en un círculo de metal apuntando hacia su persona. Dentro de su aparente normalidad, los rostros de aquellos sujetos eran horribles, sobre todo el de su líder, quien desmontó y se aproximó al muchacho luciendo una odiosa expresión de triunfo. Blandía su espada ante Kaylon en un ademán especulativo. Los otros mercenarios, incluso el que tenía la cara destrozada por el flechazo, se relamieron como depredadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tienes dos opciones, muchacho —dijo Luak—: entréganos al águila y muere lentamente, o te mataremos muy lentamente para apoderarnos del ave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué clase de opciones son ésas? —preguntó Kaylon, asustado y molesto a la vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mercenario se encogió de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento, niño, así es la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico cargó a Eles en un solo brazo y desenfundó su cuchillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estoy harto de que todos me digan eso —fue su réplica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luak enseñó los dientes en una macabra sonrisa, pasando un dedo por los símbolos de su espada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estupendo. No nos gustan los conformistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los forajidos rieron. Kaylon se irguió muy digno ante ellos; su miedo se había disipado, reemplazado por una peculiar y bienvenida frialdad. Iba a morir, de acuerdo, pero no de la forma en que ellos pretendían. Y tampoco les entregaría a Eles. Fuera lo que fuese que ansiaban obtener del águila, se quedarían sin ello. El ave ya había sufrido bastante por su causa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon alzó su cuchillo; Eles estiró el cuello, mostrando lo agudo de su pico. Ambos irradiaban, sin saberlo, la misma mezcla de valor y determinación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Prepárate —le susurró Kaylon a la rapaz, quien atenazó el brazo del chico con sus garras. Luak avanzó un paso más hacia ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un poderoso batir de alas que obligó al muchacho a entrecerrar los ojos y estirar el brazo, el águila hizo lo imposible: se elevó en el aire, profiriendo un grito que taladró como agujas los oídos de todos los presentes, un chillido largo y potente similar al clamor de guerra de un general que insta a la batalla. Ante la mirada perpleja del muchacho, Eles se rodeó de un aura de luz dorada y parte de esa luz se concentró para dar forma a la extremidad mutilada, completándola; el águila estaba volando, &lt;i&gt;volando de verdad&lt;/i&gt;, suspendida a varios metros del suelo por sus propios medios y por la luz dorada que la hacía brillar como el sol. Los mercenarios soltaron sus armas para taparse los oídos, exhibiendo muecas de dolor, pero fue una mala idea, porque cuando sus caballos corcovearon ninguno de los jinetes alcanzó a sujetarse y todos cayeron con gran estrépito. Luak fue el único cuyos dedos continuaron aferrando la espada; sin embargo, el viento generado por Eles lo derribó. La bestia espinosa se encogió sobre sí misma, acobardada, mas no desertó de su puesto como los caballos de los forajidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demasiado aturdido como para reaccionar, Kaylon permaneció de pie, contemplando a Eles, hasta que una enorme silueta blanca apareció desde su derecha, abalanzándose sobre los enemigos. El acero de la espada de Tyanna dibujó un arco sibilante; la cabeza de uno de los mercenarios salió disparada de su cuello y rodó por el suelo dando tumbos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles bajó al suelo, todavía gritando y rodeado por aquel fantástico resplandor aunque el miembro cortado se veía incompleto nuevamente. Su aleteo continuaba produciendo un viento feroz, que arremolinó el pasto y los detritos en locas espirales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luak empezó a levantarse mientras que Tyanna, detrás de él, se enfrentaba a sus dos restantes secuaces. El líder de los mercenarios señaló a Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Gorgat! ¡Acábalo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobreponiéndose a los efectos del chillido de Eles, el robusto animal dio tres zancadas y se arrojó sobre el chico, rugiendo. Luak se enfrentó al águila, la cual dirigió hacia el mercenario todo el poder que de su ser emanaba. Pensando en defender a Eles, Kaylon trató de esquivar a la bestia purpúrea, pero Gorgat cayó sobre él y lo aplastó contra el piso. El cuchillo saltó de la mano del muchacho, quien de pronto tuvo que emplear todas sus fuerzas para impedir que las fauces del animal se cerraran sobre su garganta; las garras de la bestia le arañaron el pecho y las piernas, y varias gotas de saliva viscosa se estrellaron contra su piel. El muchacho pudo observar claramente el interior de aquella amplia boca, repleta de dientes aserrados. Uno de los colmillos se le clavó en la palma, mas no lo sintió en ese momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En alguna parte, Eles dio un nuevo grito más penetrante que el anterior. Gorgat se debilitó por unos segundos, sacudiendo la cabeza para aliviar sus tímpanos heridos, tal que el muchacho pudo recuperar su cuchillo. Trató de clavarlo en el cuello de la bestia, igual que con el aulonte, pero Gorgat se movió y la hoja fue a parar a su escápula, donde quedó bien anclada. El animal rugió y volvió a atacar. Kaylon lo golpeó con una roca, sacándoselo de encima, y una vez de pie le dio una patada en la mandíbula que lo dejó fuera de combate. Entonces miró hacia donde la pelea seguía entre Tyanna y los mercenarios y entre el líder de éstos y la rapaz. La muchacha, sobre Nube, entrechocaba su espada contra la de un solo forajido; el otro se encontraba bajo las patas del equino, del cual manaba abundante sangre que teñía de bermellón su albo pelaje. Por otro lado, Eles estaba prendido por sus uñas al líder de los forajidos y le picoteaba el rostro sin interrumpir su grito. Con perceptible esfuerzo, Luak lo arrancó de su armadura para tirarlo frente a él; luego recogió su arma, disponiéndose a descargarla sobre la rapaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Antes de matarte te cortaré tu otra ala! —bramó el forajido. Tenía la cara hecha jirones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin perder un instante, el chico levantó la roca con la que le había pegado a Gorgat y se la arrojó al mercenario. Su puntería resultó excelente, como de costumbre: el impacto fue en plena nariz, acompañado por el crujido de hueso que se astilla. Luak oprimió la maltrecha protuberancia y después se fijó en el muchacho con expresión serena. Al chico le dio un vuelco el estómago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aún sigues con vida —dijo el mercenario—. Qué interesante. Me ocuparé de ti antes de darle una lección al pajarraco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon retrocedió. De repente tenía la lengua reseca, sus piernas casi no le respondían y su corazón parecía a punto de estallar. Era como si aquel gigante lo llenara de pavor por el simple hecho de mirarlo, igual que una botella bajo un chorro de agua turbia y ponzoñosa. El mercenario caminó hacia él impidiéndole ver cualquier otra cosa; era inmenso, colosal. Había... &lt;i&gt;¿había crecido durante la pelea?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo grande se desplomó más allá del forajido, haciendo retumbar el suelo, pero Luak y Kaylon no se dieron cuenta. Estaban muy concentrados uno en el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico tropezó y cayó sobre su espalda mientras el mercenario continuaba reduciendo distancias, pasándose la espada de derecha a izquierda y de izquierda a derecha con ágil destreza. Incapaz de pensar, Kaylon desvió la vista hacia sus pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre sus botas se hallaba una de sus alforjas. Seguramente la había desprendido de la silla de montar al resbalar de Nela. Y allí, intacto, estaba su arco de caza mayor, el que había fabricado antes de unirse a los errantes. Faltaban las flechas, por desgracia, excepto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se arrodilló, tomó el arco y lo tensó con la flecha de plumas azules. Ésta se sentía caliente, como si recién la hubieran extirpado de Eles y llevase en sus fibras la energía del ave; pero era &lt;i&gt;otro&lt;/i&gt; tipo de energía, una energía maligna y enfermiza. Aun así, los dedos del muchacho sostuvieron la saeta con firmeza. El otro extremo apuntaba a la cabeza del mercenario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Kaylon no lograba disparar; algo dentro de él se negaba a hacerlo. Luak soltó una carcajada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Pensaste que conseguirías matarme con una de mis propias flechas, niño iluso? ¿Con una flecha que yo mismo creé, y a la que incluso di un nombre? Es la que usé para abatir a tu águila, pero muchas veces antes de eso liquidé a otros con ella, alimentándola igual que a un bebé. ¿Y esperas ahora usarla en &lt;i&gt;mi&lt;/i&gt; contra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las manos de Kaylon empezaron a estremecerse. La voluntad de la flecha era mayor que la suya, y el chico pudo notar cómo lo invadía por segunda vez aquel sentimiento parecido a una fiebre. La saeta no atacaría a su amo, y si no la apartaba de sí, muy pronto Kaylon ni siquiera podría resistirse cuando el forajido lo atrapara. Su visión se desenfocó; en lugar de un mercenario vio seis, terribles y oscilantes, espectros ensangrentados que le sonreían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces la memoria del chico acudió en su ayuda. Varios recuerdos desfilaron por su mente confundida, despejándola de la misma manera que un ventarrón disipa la niebla de los campos: Eles precipitándose hacia el bosque y la ciénaga, truncado su vuelo por un acto de maldad; su posterior arrastre a causa del ala rota; el coraje que el águila había demostrado al ver aparecer a Kaylon, y su propia lástima al entender el crimen que acababa de cometerse sobre aquel bello animal, hecho para surcar el firmamento y ser libre. La voluntad de la flecha cedió ante tal serie de recuerdos y todo volvió a colocarse en su sitio. Los seis mercenarios se convirtieron en uno; las manos de Kaylon, resueltas, tensaron el arco un poco más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esto es por Eles —dijo el chico con una voz tan dura como la del juez Tolga, y soltó la flecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luak no atinó a moverse. Estúpidamente asombrado por lo que no habría creído posible ni en un millón de años, se quedó quieto mientras su adorada saeta, haciendo rechinar el aire al rotar sobre su eje, iba al encuentro de su frente. La flecha se clavó justo ahí, traspasando su cerebro y asomando por el polo opuesto, pulverizándole la mitad del cráneo. El forajido pereció mientras se derrumbaba como un tronco podrido, con sus facciones laceradas expresando aún su sorpresa. La tierra recibió la mole de su cuerpo con un ruido grave que conmovió las raíces de los árboles y a los animales en sus madrigueras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho se permitió recuperar el aliento. Luego se levantó despacio, aún sosteniendo su arco, y permaneció un momento junto al cadáver del mercenario, proyectando su sombra sobre él. El arco se deslizó de su mano; la cuerda, inexplicablemente, se rompió por sí sola antes de que el arma tocara el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de eso, Kaylon recorrió con la mirada el escenario de la pelea. Eles estaba bien plantado sobre sus garras, desaliñado pero sin heridas de consideración. El resplandor dorado de su plumaje se había desvanecido. Un poco por detrás del ave, Nube yacía sobre uno de los mercenarios, ambos sin vida. Más allá se encontraba Tyanna, arrodillada cerca del último forajido. La espada de la muchacha sobresalía del pecho de éste, cuyas piernas se sacudían espasmódicamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven parecía agotada. El pelo suelto tapaba su rostro, pero su cansancio era evidente por la forma en que sus hombros y espalda se curvaban hacia adelante, más lo brusco de su respiración. El muchacho caminó hacia ella, tambaleándose un poco, y se sentó a su lado. Reinaba ahora una perfecta tranquilidad; ni un solo ruido la perturbaba, y el aire estaba inmóvil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se terminó —dijo Kaylon sin mucho ánimo—. Los vencimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna giró la cabeza hacia él y le sonrió débilmente. Se veía muy pálida, excepto por unas profundas ojeras violáceas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oye, ¿te encuentras bien? —preguntó el muchacho. Tyanna apoyó su diestra sobre la del chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, Kay, estoy bien —musitó ella—. Por fin estoy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había dejado de sonreír, pero su rostro palideció aún más y el sudor brilló en su piel como rocío sobre porcelana. El cuerpo de la muchacha se relajó, desfalleciente; Kaylon la ayudó a recostarse... y fue entonces cuando se percató de que la otra mano de Tyanna presionaba su vientre, del que escurría sangre a borbotones por entre los finos dedos. Kaylon se sobresaltó. Mirando a su alrededor descubrió que, a dos pasos de ellos, el forajido traspasado por la espada aferraba, incluso después de muerto, un puñal manchado de rojo. Comprendió de inmediato lo que eso significaba pero se rehusó a creerlo, se rehusó con toda el alma. No podía aceptar semejante realidad. Cerró los párpados, rogando porque se tratara de una pesadilla, pero todo seguía igual cuando los abrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Kay... —susurró la joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espera, no hables —dijo el chico, mientras se quitaba el chaleco y lo plegaba rápidamente, colocándolo a modo de compresa sobre la herida—. Aprieta con fuerza, hay que parar la...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha lo hizo mirarla a la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Déjalo, Kay. Sólo prolongarás lo inevitable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tyanna...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Déjalo —ordenó ella, impaciente. El chico se quedó quieto pero sin ocultar su ansiedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha se humedeció los azulados labios. En su rostro apareció una expresión de paz, y contempló a Kaylon con una ternura que él nunca le había visto dirigir a otro ser humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sabía que esto podría ocurrir —murmuró la joven—. No deseaba reconocerlo ni quería que sucediera, pero... la verdad es que ya no me importa. No es tan malo como había temido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a sonreír, con cierta ironía esta vez. A Kaylon se le formó un nudo en la garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sufras por mí —continuó ella—. Mi... mi vida es mi sacrificio, el precio por mi segunda oportunidad. Tu vida es... es mi recompensa. Sólo lamento... que tengas que seguir adelante sin compañía. No tendrás con quien charlar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico parpadeó varias veces porque las lágrimas ya no le permitían ver bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y cómo se supone que voy a seguir sin ti, eh? —preguntó Kaylon—. No puedes dejarme, no...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz del muchacho se quebró en un gemido. Tyanna frunció el ceño y le acarició la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuídate, Kay. Te quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna cerró los ojos mientras su existencia se apagaba con cada latido. Kaylon envolvió la mano de la muchacha en las suyas. Su pulso era rápido y débil; el fin se aproximaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo también te quiero, Tyanna —balbuceó el chico. No se le ocurrió otra cosa, aunque estaba seguro de que en realidad no necesitaba decir nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha abrió los ojos y le sonrió por última vez, una sonrisa tan hermosa que al chico se le partió el corazón; pero luego el rostro de Tyanna adoptó una expresión extraña, urgente, y poniendo todo su empeño, se sujetó de Kaylon para levantarse y comunicarle algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi... mi sueño... Soñé... soñé que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A continuación dijo algo tan carente de sentido que el chico no lo asimiló sino hasta mucho después, porque Tyanna se estaba muriendo, se iba, y en ese instante él sólo podía pensar que estaba perdiendo a la persona que más amaba en el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha resistió unos segundos más y finalmente dejó de respirar. Su cabeza se ladeó un poco, el pecho se le hundió y su brazo libre resbaló a un costado, posándose en la hierba. Y eso fue todo. Había fallecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon trató de gritar, de llamar a Tyanna para que volviera, pero los sonidos se atascaron en su garganta. Ni siquiera pudo sollozar; la pena era demasiado intensa, demasiado terrible. Todo su organismo estaba bloqueado. La muchacha, sin embargo, parecía dormida. Kaylon alisó su cabello sin soltar la blanca mano que aún sostenía. Luego se inclinó sobre ella para besarla, y al contacto con su boca blanda y helada, la irrevocabilidad de su muerte lo golpeó con un dolor tan grande que no se imaginó a sí mismo viviendo después de eso. Entonces sí comenzó a llorar, y sepultando su rostro en el pecho inerte de Tyanna, lloró hasta quedar inconsciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-6083176338427453542?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/6083176338427453542/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-36.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/6083176338427453542'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/6083176338427453542'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-36.html' title='La canción del águila (36)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-3056485042929968569</id><published>2012-02-18T00:31:00.000-02:00</published><updated>2012-02-19T00:32:44.381-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (35)</title><content type='html'>No fue Tyanna quien lo obligó a parar. Nube frenó por sí solo, acostumbrado desde hacía un tiempo a la presencia constante de Nela. Fue entonces cuando la muchacha se dio cuenta de lo que su corcel había notado antes que ella: estaban solos. Nada de langostas, nada de mercenarios... nada de Kaylon y su yegua, o de Eles. Ni siquiera se escuchaba el golpeteo de los cascos de Nela; sólo un completo y acusador silencio. Nube piafó y pataleó, relinchando como si le preguntara a su dueña qué debía hacer a continuación: ¿seguir adelante o volver? ¿Buscar un lugar seguro o regresar por aquellos que habían dejado atrás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha tiró de las riendas y el caballo se quedó quieto, pero sacudiendo la cabeza a modo de protesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la respiración acelerada y el corazón latiendo a trompicones en su pecho, Tyanna miró en la dirección por la que había llegado. Solamente las huellas de Nube eran visibles y el silencio persistía, cada vez más aplastante, cada vez más desolador... pero muy pronto podría llenarse de gritos, gritos que aumentarían en intensidad y después se detendrían. Para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una voz habló dentro de ella, mas no la propia; lo que oyó en su cabeza fueron las palabras de Amalaide pronunciadas allá en el campamento, en los confines de su nebuloso carromato, una noche que ahora parecía muy lejana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;¿Realmente quieres una segunda oportunidad?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego una frase totalmente nueva, como si Amalaide estuviera allí de verdad, contemplándola desde las sombras. Su tono era severo y reprobatorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Lo volviste a hacer. Abandonaste al chico.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No... —balbuceó Tyanna—. Yo... yo pensé que él venía detrás de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Pero no es así. ¿Y qué estás esperando?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No puedo regresar —musitó la joven—. Ellos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Ellos te aterran...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;... pero lo matarán si no intervienes.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una exclamación de angustia brotó de los labios de la muchacha. Nube empezó a moverse sobre su sitio; el animal había decidido que no se marcharía sin Nela y aguardaba a que su dueña se mostrara de acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Debes hacerlo, Tyanna. Tienes que ir a rescatarlo. De lo contrario, mejor hubiera sido para ti compartir la suerte de tu hermano, porque si ese chico es asesinado mientras tú te quedas aquí, escudándote en tu miedo, dará lo mismo que conserves la vida, porque por dentro estarás tan muerta como ellos dos. Tú eliges.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos de la muchacha se llenaron de lágrimas. La brisa sopló sobre su rostro y entre los árboles, cálida e indiferente, poniendo a su alcance tan sólo el aroma de los pinos y la tierra húmeda. No había gritos en la brisa todavía; no era demasiado tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven errante espoleó a su caballo, quien resopló como si no entendiera por qué se había demorado tanto, y lo dirigió hacia el lugar donde sabía que alguien la necesitaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-3056485042929968569?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/3056485042929968569/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-35.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/3056485042929968569'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/3056485042929968569'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-35.html' title='La canción del águila (35)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-7978092152834632497</id><published>2012-02-17T00:24:00.000-02:00</published><updated>2012-02-19T00:27:46.410-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (34)</title><content type='html'>De pie al costado de un sendero delimitado por matorrales, allí donde algún árbol al caer había dejado un hueco para que entrara la luz del sol, Kaylon le tendió a su amiga el último segmento de cuerda que les quedaba. La muchacha lo contempló unos segundos antes de tomarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es todo —dijo el chico, respondiendo la pregunta no formulada de Tyanna—. Tendremos que dejar de poner trampas, supongo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, aún conozco un par de trucos. Pero tienes razón: no podemos demorarnos más con esto. Hay que acelerar el paso y cruzar los dedos; de hecho, ya sería mucho pedir que los mercenarios cayeran en &lt;i&gt;una&lt;/i&gt; de las trampas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha usó la cuerda para crear un mecanismo disparador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya está —anunció, frotándose las manos—. ¿En qué piensas? —preguntó luego, al ver la expresión meditabunda del chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿De dónde crees que vengan ellos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna suspiró mientras se secaba la frente con un pañuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No tengo idea —contestó—. Me parece que Amalaide tampoco lo sabía, porque cuando le planteé la cuestión, me dio tan sólo una de sus crípticas respuestas. Dijo que quizás vinieran de un lugar más allá de todo lo conocido, o que podrían haber sido hombres normales en otro tiempo, hombres que se dejaron corromper por la maldad. Tú no los viste, pero sí sentiste su presencia. Dime, ¿qué impresión te dieron?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues... que no eran humanos. O no del todo humanos. No podría describirlo mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo hiciste bastante bien aquella noche, en el campamento. Supe que hablabas de ellos a pesar de que los cambiaste por ladrones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya. Por eso escapaste como si se te hubiera aparecido un fantasma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí... —dijo Tyanna, apartando la mirada del chico. Sus mejillas se colorearon un momento, durante el cual se aseguró de que la trampa estuviera camuflada. Luego se incorporó y rehizo su coleta, peinando hacia atrás algunos mechones rebeldes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y ahora qué? —preguntó Kaylon a la vez que se ponía el arnés con Eles adentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora iremos por los caballos y nos marcharemos de aquí a toda velocidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo —dijo el chico, y empezó a caminar hacia donde habían dejado pastando a Nela y Nube. Tyanna lo siguió a pocos pasos de distancia... por lo que chocó contra él cuando el muchacho se detuvo sin previo aviso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué pasa, Kay?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico extendió un brazo ante ella en ademán protector y señaló con el otro hacia adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el suelo y la vegetación había miles y miles de langostas, ocupando todas las superficies disponibles. Estaban inmóviles; en lugar de comer tenían los ojos puestos en los dos muchachos. Su aspecto era escalofriante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna sujetó a Kaylon por el chaleco y tiró de él, haciéndolo retroceder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Están aquí —murmuró la joven con voz temblorosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las langostas despegaron en dirección al cielo y entonces cinco figuras, una de ellas más pequeña, avanzaron hacia los muchachos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Buenas tardes —dijo Luak, sonriente. En la diestra llevaba una gruesa espada con símbolos grabados y en la mano izquierda sostenía una maza. Gorgat tensó las patas, preparándose para saltar; su amo le pegó en el hocico con el talón a fin de contenerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente cara a cara, el chico entendió por qué los mercenarios habían llamado la atención de Silay pero sin despertarle sospechas y por qué Tyanna no podía recordar su apariencia exacta: en realidad no diferían mucho de las personas comunes y corrientes. Facciones regulares, barba y cabellos recortados, vestimenta acorde a su profesión; éstas eran sus características principales. No obstante, a Kaylon le habría resultado imposible confundirlos con personas comunes y corrientes, sin importar cuándo y dónde los conociera. En primer lugar, su altura era extraordinaria; él apenas les llegaba al estómago. Y sus ojos... sus ojos, dos pozos oscuros rodeados de sombras, delataban lo que se escondía tras ellos: una infinita y sedienta perversidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bestia de los mercenarios rugió haciendo que Kaylon se percatara de su existencia; era grande y purpúrea, con cuerpo y patas robustas, cola corta y cuatro filas de espinas similares a cuernos de cabra en el lomo. Su cabeza era una mezcla de rasgos lobunos y de oso pero con pupilas verticales igual que los felinos. Se veía impaciente por atacar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna y el chico retrocedieron aún más, él sin darse cuenta de que era la muchacha quien lo arrastraba. Eles articuló un chillido de derrota que reflejó a la perfección lo que Kaylon sentía en ese instante. Luak levantó su espada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, no. Ni un paso más —dijo el mercenario. Dos langostas aterrizaron sobre él y se metieron en uno de sus bolsillos. La muchacha dejó de tironear de Kaylon; los forajidos se separaron, abriéndose en semicírculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién los envía esta vez? —inquirió Tyanna, procurando disimular su terror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Enviarnos? —contestó Luak—. Nadie, joven errante, absolutamente nadie. En ocasiones actuamos por cuenta propia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y no es que nos moleste hacerlo bajo contrato —dijo otro mercenario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya sea que lo cumplamos o no —añadió un tercero—. Todo depende del beneficio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Como cuando atacamos tu campamento por esos hermosos ópalos —continuó Luak—. Ah, sí, me acuerdo muy bien de ti, muchacha. Y de tu pequeño hermano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna gimió y soltó el chaleco de Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tú te me escurriste aquel día —prosiguió el mercenario, agitando su maza cual simple juguete—, pero con tu hermano pude entretenerme un buen rato. Lo descuarticé parte por parte con mis propios dientes. Su carne era dulce, como la de un corderito, pero él era fuerte y aguantó mucho dolor antes de fallecer. ¿Quieres saber lo que hice con su cabeza, eh? Pues la arranqué de su tallo, retorciéndola, y luego...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos muchachos contuvieron el aliento, paralizados a causa de la espantosa revelación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero ¿para qué voy a contártelo? —preguntó Luak en tono burlón—. Puedo &lt;i&gt;mostrártelo&lt;/i&gt;. Usaré como monigote a tu amigo aquí presente... después de que me entregue al águila, por supuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se vio de pronto desplazado por la muchacha, quien se puso delante de él dominada por una rabia tardía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tú... &lt;i&gt;tú&lt;/i&gt; mataste a Oly. ¡Maldito monstruo! ¡Tú lo hiciste! —gritó la joven, escupiendo casi las palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lejos de amilanarse, Luak se aproximó a ella, abrumándola con su gigantesca estatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué? —dijo con desprecio—. Hace un par de días una de tus trampas acabó con &lt;i&gt;mi&lt;/i&gt; hermano, y no me ves haciendo un berrinche por ello. Sin embargo —agregó, trocando su sarcasmo por una actitud peligrosamente seria—, tengo por norma no dejar que nadie me &lt;i&gt;insulte&lt;/i&gt;. Eso quiere decir que muy pronto sufrirás un castigo por tu impertinencia... pero antes le arrebataré el águila al chico y te haré presenciar cómo lo torturamos. Así que quítate de en medio, salvo que quieras empeorar aún más las cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mercenario se movió hacia Kaylon, esquivando a la muchacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No! —exclamó ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un arrebato de desesperación, Tyanna se echó hacia atrás, agarró al chico por el brazo y se arrojó al piso llevándolo consigo; después alargó la mano para activar la trampa que se encontraba justo frente a ella. La reacción en cadena liberó dos docenas de saetas muy afiladas que pasaron sobre los muchachos y se dirigieron con mortífera precisión hacia los forajidos, y aunque muchas se rompieron sobre sus armaduras, una de ellas se clavó en el rostro de uno y otra en el brazo de quien estaba a la derecha de su jefe. Esto fue distracción suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Corre! —gritó Tyanna, y tanto ella como el chico se escabulleron por un costado, llamando a sus respectivos caballos. Nela y Nube acudieron al galope; los muchachos treparon a ellos y escaparon de los mercenarios, no sin antes escuchar a Luak proferir un terrible alarido de furia y ordenar a sus compañeros que se dieran prisa. Gorgat se lanzó en pos de los fugitivos con los colmillos expuestos y babeando, pero no era rival para los equinos y éstos pronto lo aventajaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su frenética carrera, Kaylon y Tyanna no se fijaron por dónde iban. Sólo tenían conciencia de que corrían juntos y de que sus caballos estaban tan asustados como ellos. La arboleda no era muy densa, permitiéndoles circular sin tropiezos, pero lo que era una ventaja para los jóvenes también suponía una ventaja para sus agresores, de modo que espolearon al máximo sus cabalgaduras. El paisaje se convirtió en franjas borrosas deslizándose a los lados como un río. Hacia adelante el camino parecía despejado, mas de repente una nube pardusca se interpuso entre ellos y el horizonte, golpeándolos en la cara y los brazos con la fuerza de los duros cuerpecillos que volaban a su encuentro. Las langostas les hicieron perder todo sentido de la orientación; los muchachos manotearon en vano para sacárselas de encima, gritando, mientras los caballos se encabritaban a consecuencia de aquellos bichos que les picaban los ojos. Tyanna consiguió mantenerse a lomos de Nube y atravesar el enjambre; el chico, por el contrario, resbaló y se desplomó sobre el suelo. Eles se salió del arnés, agitando las alas inútilmente. Nela huyó despavorida sin percatarse, al igual que Tyanna, de la caída del chico. Parte del enjambre cambió la dirección de su vuelo para seguir a la muchacha y parte permaneció rondando a Kaylon, aturdiéndolo con su enloquecedor zumbido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Eles! —llamó el muchacho, tanteando el piso en busca del águila. Enceguecido por los insectos, se golpeó la cabeza contra un tronco, pero logró reunirse con el ave. Eles se aferró a él; Kaylon lo sujetó con un brazo y empezó a correr, con las langostas acosándolo igual que mosquitos de pantano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ruido de las langostas dejó paso a las risas de los forajidos. Al dispersarse los insectos, el chico giró sobre sí mismo y descubrió que no tenía por dónde salir: los cuatro mercenarios, a caballo, trotaban a su alrededor, así como su bestia púrpura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se acabó, niño —dijo Luak—. El emplumado y tú son &lt;i&gt;nuestros&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-7978092152834632497?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/7978092152834632497/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-34.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7978092152834632497'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7978092152834632497'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-34.html' title='La canción del águila (34)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-1295206212690984942</id><published>2012-02-16T02:28:00.000-02:00</published><updated>2012-02-17T02:29:01.301-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (33)</title><content type='html'>El paisaje había ido cambiando a medida que progresaban hacia el este. Lejos de la civilización, de las carreteras y los campos cultivados, la naturaleza exponía ante ellos su faz imponente y orgullosa. Había mucha belleza en la vegetación salvaje y los numerosos accidentes geográficos, pero las plantas tenían espinas y no existían puentes o escalinatas que suavizaran las irregularidades del terreno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los mercenarios, no obstante, todo esto les traía sin cuidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por segunda vez en lo que iba de la mañana, la bestia llamada Gorgat se inclinó para olisquear la tierra. Varias langostas dejaron de masticar el pasto y saltaron fuera de su alcance, aunque el animal no estaba interesado en ellas sino en el débil rastro que procuraba. Su olfato no era mejor que el de un perro, ni siquiera tan bueno como el de un gato, pero el olor de los muchachos seguía ahí y pudo detectarlo con claridad. Emitió un ronquido para atraer a sus amos, indicándoles el lugar preciso con una pata, y luego se hizo a un lado sin esperar recompensa alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luak observó las marcas dejadas en el suelo por los caballos de los chicos: tenían por lo menos día y medio de antigüedad. El mercenario frunció el entrecejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y bien? —preguntó uno de sus compañeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Parece que están tratando de perdernos... pero no van tan rápido como podrían, y eso no me agrada. Algo traman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro de los mercenarios chasqueó la lengua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Son sólo unos niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cierto —concedió su líder—. Sin embargo, no olvides que ella es una errante. Y los errantes son pacíficos pero saben defenderse; recuerda con qué fuerza se nos opusieron la última vez. Siendo ella una errante, además, me asombra que hallamos encontrado estas huellas. Los de su tribu son hábiles para escabullirse sin dejar pistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aun así daremos con ellos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Siempre y cuando no encuentren al guardián y pasen al otro mundo —lo interrumpió Luak—. Todavía estamos lejos, pero ya sabes que el portal puede aparecer en cualquier sitio. Vamos; tenemos que acercarnos a ellos lo más posible... y no descuidarnos ni por un segundo. Hasta un mísero ratón puede darse vuelta para morder, si se siente acorralado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y cuándo nos apoderaremos del águila? —preguntó el que había hablado primero. Luak le dirigió una mirada de exasperación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuando yo lo crea conveniente. El ave nos es más útil viva que muerta, y más aún si es a otro al que guía a su morada. ¿Qué tanto piensas que colaboraría con nosotros si la capturásemos ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aludido no se atrevió a contestar. Luak continuó mirándolo sin pestañear, desafiante, y recién cuando estuvo seguro de haber puesto fin a las dudas sobre su capacidad de decisión, montó su caballo e hizo un gesto de que lo siguieran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho después, cabalgando al trote, llegaron a una zona donde se elevaban unas masas de roca entre las cuales crecían unos árboles muy tupidos. Había pocas sendas lo suficientemente amplias como para transitar a caballo, de modo que los mercenarios eligieron el mismo camino por el que más temprano habían pasado Kaylon y Tyanna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Avancen con cuidado —advirtió Luak, quien iba a la cabeza un poco por detrás de Gorgat—. Pueden habernos tendido alguna trampa, o quizás pretendan emboscarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me gustaría que lo intentaran —murmuró Tzaro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ambos lados de aquel sendero, miles de langostas hacían estragos en las ramas más jóvenes, podando los brotes tiernos. Los forajidos admiraron la labor de las voraces criaturas como si se sintieran identificados con ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gorgat se detuvo, gruñendo; Luak bajó de su caballo e inspeccionó los alrededores. El jefe de los mercenarios se metió entre unas rocas y apareció más adelante, tras rodear un conjunto de árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Retrocedan —dijo a sus secuaces, quienes obedecieron de inmediato. Acto seguido, Luak arrojó sobre el sendero una piedra enorme, que se hundió en el suelo produciendo un chasquido. Entonces todo comenzó a moverse, y desde lo alto, agitando las frondosas copas, se abalanzó sobre Luak un tronco colgado en forma horizontal. El forajido dio un paso hacia atrás y las ramas laterales del tronco, cuyas puntas habían sido cortadas y afiladas, llegaron a menos de un palmo de su pecho antes de que el columpio invirtiera la dirección de su balanceo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la trampa quedó totalmente inmóvil, los forajidos la desarmaron para poder continuar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Impresionante —dijo uno de ellos—. Pero no volverán a repetir la hazaña: deben haberse quedado sin materiales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No por ello dejarán de intentar sorprendernos —opinó Luak—. Conviene que prestemos mucha atención si es que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La frase quedó sin terminar por lo que sucedió a continuación. Uno de los mercenarios, que se había desplazado más allá de la piedra hundida, apartó una rama que bloqueaba su visión. A consecuencia de esta maniobra, algo se sacudió en la espesura y unas formas alargadas surcaron el aire con sendos silbidos. Los forajidos se echaron al piso por puro instinto; sus monturas no tuvieron tanta suerte y resultaron heridas cuando las puntiagudas estacas rozaron sus cuerpos. Los caballos relincharon y huyeron, manchando la hierba con su sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Rayos y centellas! —gritó Luak, incorporándose—. ¡Eso no lo vi venir! ¿Están todos bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres de los mercenarios se levantaron haciendo ademanes de asentimiento; el cuarto, quien había activado la segunda trampa, permaneció donde estaba, boca abajo. Luak se agachó junto a él y lo volteó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estaca le había atravesado el cuello. Aún vivía, pero no por mucho: de su garganta salía una espuma roja acompañada de débiles gorgoteos. Los ojos de aquel sujeto, desorbitados, se posaron en Luak con una expresión de desconcierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo lamento —le dijo su líder—. Debiste ser más precavido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El forajido murió con los ojos abiertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Maldición —musitó Luak. Por un instante se reflejó en su rostro una emoción que podría haberse interpretado como pena, mas fue de corta duración. De todas maneras, la pena simplemente no combinaba con aquella cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mercenario soltó el cadáver y se dirigió a los sobrevivientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué esperan, idiotas? ¡Vayan a buscar a los caballos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luak se enderezó, restregándose el polvo de las rodillas mientras sus camaradas corrían tras los equinos espantados. Gorgat, ileso, se aproximó al difunto para lamer la sangre que lo cubría. De pronto le molestó a su amo que la bestia no hubiera sufrido ni un rasguño, y tras desatar su látigo del cinturón, le propinó unos cuantos azotes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los gemidos del animal reverberaron en las sólidas rocas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-1295206212690984942?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/1295206212690984942/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-33.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1295206212690984942'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1295206212690984942'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-33.html' title='La canción del águila (33)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-8350742060147209509</id><published>2012-02-15T02:26:00.000-02:00</published><updated>2012-02-17T02:27:14.902-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (32)</title><content type='html'>Las estrellas aún parpadeaban en la bóveda celeste, frías y distantes como peces fosforescentes en los abismos del océano. A Kaylon lo hacían sentirse un poco insignificante, pero también le infundían una paz blanca y etérea. Por unos minutos se fijó sólo en ellas, permitiéndose fingir que el resto del mundo no existía más que en sueños; después se volvió hacia donde Tyanna dormía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba de acuerdo con ella en que alguien (más de uno, tal vez) los seguía. Durante los últimos días se habían movilizado con la mayor precaución a fin de no dejar señales de su pasaje. Ahora creían estar solos... por el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como errante, Tyanna era una experta en maniobras evasivas y le había enseñado al chico muchas de ellas. Sin embargo, desde su breve charla bajo la lluvia había surgido una desagradable tensión entre ambos: frases cortantes, miradas de reojo, falta de camaradería... Kaylon aborrecía que se llevaran así, pero entendía que &lt;i&gt;él&lt;/i&gt; se había apartado de la muchacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se incorporó sin hacer ruido y de la misma forma despertó a Eles y Nela. Al acomodar la silla de montar se abrió una de las alforjas; el chico la cerró de inmediato, pues no quería vislumbrar cierta flecha de plumas azules que ahí guardaba... sobre todo porque le hacía preguntarse si no sería su propietario uno de los perseguidores. Montó con cuidado y cabalgó, primero a paso lento y luego al trote, hasta que estuvo seguro de que Tyanna no lo encontraría. Era una forma horrible de terminar las cosas (y por tercera vez, además), pero ¿qué otra opción tenía? La muchacha iría con él hasta el fin del mundo si las circunstancias así lo requerían, y desde la velada del chaparrón Kaylon tenía varios motivos adicionales para no desear que esto ocurriera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recién a la tarde se detuvo para que Nela descansara. Le dolía el pecho por la dura resolución que había tomado, quizá la más dura de toda su vida, y pensó que nunca volvería a sentirse bien hasta que escuchó la voz de quien había pretendido despistar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Insistes en hacerme madrugar, ¿eh? No eres muy cortés que digamos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico cerró los ojos un instante, experimentando una contradictoria mezcla de enojo y alivio, y luego replicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pensé que entenderías la indirecta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues debiste pensar que no te desharías de mí con tanta facilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna bajó del lomo de Nube. Se había vestido apresuradamente: el cabello suelto, sin peinar, le caía sobre los hombros y la cara en desordenados mechones. Había una curiosa expresión en su semblante, como si acabara de sufrir un episodio de pánico; en su rostro temblaba la frágil alegría de una loba que se recupera tras haber hallado a su cachorro perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué te fuiste así, Kay? No lo vuelvas a hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento. Me pareció que sería lo mejor. Tú lo dijiste: quienes nos persiguen quieren a Eles. Y Eles no es asunto tuyo, sino mío. Sólo mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna se echó el pelo hacia atrás. Tenía profundas ojeras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es cierto. Eles no me concierne. Pero &lt;i&gt;tú&lt;/i&gt; sí, y a donde vayas iré yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon no dijo nada. La muchacha dio un paso vacilante hacia él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya no confías en mí, ¿verdad? ¿De eso se trata?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico se mantuvo en silencio, pero le dirigió a Tyanna una mirada inflexible. La joven retrocedió. Era &lt;i&gt;su&lt;/i&gt; turno de sentirse avergonzada. Si se ponía a llorar, él lo lamentaría; sin embargo, no podía negar la afirmación de Tyanna. Así era: desconfiaba de ella por lo que había dicho acerca del ave. Le había prometido a Eles que lo cuidaría, y si la muchacha se interponía entre él y su promesa, entonces sería lo más conveniente para ambos que se separaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna caminó nuevamente hacia él y lo tomó de las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Moriría antes que traicionarte, Kay —murmuró la joven—. Sé que Eles es muy importante para ti. No haré nada que se oponga a tus planes; sólo quiero protegerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon asintió. La muchacha sostuvo sus manos un poco más y luego lo soltó para restregarse la humedad de los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bien... Creo que podríamos comer algo antes de proseguir. A menos que no tengas hambre, claro está.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya es mediodía —declaró el chico encogiéndose de hombros—. Hora del almuerzo, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí. Busquemos un lugar a la sombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminaron por instalarse junto a un riachuelo, bajo un sauce, y aunque al principio no hablaron mucho, poco a poco superaron el bache en el que había tropezado su amistad. Después de la comida debatieron acerca de si debían averiguar quiénes los asediaban o tratar de perderlos de una buena vez, pero como no llegaron a una decisión concreta, continuaron avanzando por la campiña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya hacía bastante calor como para no encender una fogata por la noche a menos que necesitaran cocinar, y como para la cena sólo tenían carne seca y unas raíces, sólo el resplandor de la luna los iluminó durante su reposo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Kaylon se despertó para el último cambio de guardia, encontró a la muchacha sentada sobre un árbol torcido, contemplando unos pimpollos que empezaban a abrirse para recibir en plena gloria al nuevo día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Relevo —anunció el chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna se incorporó sacudiéndose las partículas de musgo que se le habían adherido al pantalón. Kaylon no pudo dejar de notar lo exhausta que se veía; su huida de esa mañana debía haberla afectado mucho. Para demostrarle que agradecía su preocupación, él sonrió y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hoy me siento benevolente. Te dejaré dormir hasta tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven se rió con un timbre encantadoramente infantil. De pronto se le ocurrió a Kaylon que Tyanna no era mucho mayor que él, sólo cinco o seis años; su desgracia era haber asumido una responsabilidad demasiado grande para su edad: el peso de una culpa de adulto por algo que había ocurrido en su niñez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha fue a acostarse, pero a medio camino se dio vuelta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A propósito —dijo—, anoche soñé contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ah, sí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ajá. Fue algo extraño. Soñé que tú...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lugar de responder, la joven abrió mucho los ojos y palideció. Congelada en su sitio, miraba algo por encima del hombro de Kaylon. El muchacho giró sobre sus pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había una docena de langostas aniquilando sin piedad las flores recién nacidas. Sus grotescas mandíbulas cortaban a toda velocidad los pétalos, haciéndolos desaparecer en cuestión de segundos. El rumor de su macabra tarea perturbaba la tranquilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, no eran más que langostas... aunque Kaylon dudó de su normalidad cuando observó que sus alas despedían destellos escarlata y que dos de ellas, a diferencia de sus compañeras, lo escudriñaban como si supieran quién era él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las langostas se marcharon sin previo aviso por donde habían llegado. Sólo entonces la muchacha pudo recobrar el habla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tenemos... tenemos que irnos de aquí. &lt;i&gt;Ahora mismo&lt;/i&gt;, ¡vamos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna no le dio tiempo al chico de reaccionar ni de hacer preguntas. Se dirigió a toda prisa al campamento, guardó en medio minuto las pertenencias de ambos y subió a Nube de un salto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué esperas? —le gritó la muchacha—. ¡Apresúrate!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y arrancó sin más preámbulos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon no trató de comprender la causa del inusitado comportamiento de Tyanna, porque la muchacha ya había desaparecido de vista y más le valía a él ponerse en movimiento. Perplejo hasta la médula, recogió a Eles, montó a Nela y enfiló en la misma dirección que su amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico tuvo que recorrer un buen trecho antes de localizar a Tyanna, y Nela debió esforzarse mucho para colocarse a la par de Nube, pese a que en general la yegua solía ser más rápida que el pesado corcel albino. El caballo chorreaba un sudor espumoso; encima del animal, su dueña parecía fuera de sí, con la mirada fija en el camino y las manos apretando las riendas. Al muchacho le dio la impresión de que la joven continuaría así hasta caer rendida o hasta que los pulmones de Nube se colapsaran por la falta de aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon espoleó a su yegua un poco más y, alargando el brazo, consiguió cerrar sus dedos sobre las riendas del caballo de Tyanna. Luego hizo que Nela disminuyera su velocidad, logrando así que el otro equino frenara en parte su enloquecido galope.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha intentó recuperar el control de su caballo, golpeando la mano de Kaylon y articulando con voz chillona:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué haces? ¡Suelta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico tiró aún más de las riendas, dando así por terminada la carrera. Tyanna, no obstante, siguió luchando para separarse de Kaylon. Él la agarró por las muñecas. La muchacha se zafó de un empujón que casi lo tiró de la silla de montar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ya basta, Tyanna! ¿Se puede saber qué rayos te pasa? ¿Acaso te has vuelto loca?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Loca? —gritó la joven, poniendo a Nube tan nervioso que el animal empezó a andar en círculos alrededor de Kaylon, agitando las crines—. ¿Loca? ¡Tú me &lt;i&gt;mentiste&lt;/i&gt;! ¡Dijiste que era sólo una historia! ¡Me hiciste creer que no los conocías!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿De qué estás hablando? —preguntó Kaylon, un tanto mareado por los giros que daba la yegua al seguir la órbita de Nube.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No finjas que no lo sabes! —insistió la joven, furiosa; su caballo iba cada vez más rápido, como si quisiera escapar de ella—. ¡Le dije a Dorcai que podía contártelo cuando se lo preguntaras!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué cosa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué no me dijiste que se trataba de &lt;i&gt;ellos&lt;/i&gt;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuáles ellos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ellos! ¡Los mercenarios! &lt;i&gt;¡Los que mataron a mi hermano!&lt;/i&gt; ¡Son ellos quienes nos buscan!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho se quedó de piedra al escuchar eso. Tyanna se cubrió la cara con las manos; Nube hizo un alto, piafando y resoplando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero... pero... —musitó el chico, incapaz de completar la frase—. ¡Pero yo no lo sabía! —dijo al fin—. Lo único que sé... es un pálpito, más bien... lo único que sé es que nos persiguen los mismos que le dispararon a Eles. ¿Y cómo puedes estar tan convencida de que son los que atacaron a tu tribu? ¿Te lo contaron las langostas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No te burles! —lo reprendió ella, descubriendo su rostro. Durante la discusión se había puesto casi morada; entonces volvió a palidecer y estuvo a punto de desmayarse. Kaylon la sujetó de los brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estás muy mal —observó el muchacho—. Vamos a sentarnos, así me explicarás todo en detalle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven asintió con dificultad. El chico la ayudó a bajar de la silla, dejó a la rapaz sobre Nela y luego condujo a Tyanna hasta las raíces de un árbol grande, donde ambos se acomodaron lado a lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Las langostas... —dijo la muchacha—. Las langostas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué hay con ellas? —le preguntó Kaylon, despejando la frente de Tyanna para ver mejor su expresión. Ella mantuvo la cabeza baja y la mirada en su regazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Las langostas fueron el primer indicio. Me refiero al día del ataque. Comenzaron a llegar en grupos de tres o cuatro, por la mañana; hacia la tarde no había rincón del campamento que no estuviera plagado de insectos. Hicimos todo lo posible por ahuyentarlos, en parte para que no se comieran nuestras reservas de grano y en parte por simple diversión. Las langostas nos distrajeron del verdadero peligro...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha aspiró hondo, con los ojos cerrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Adelante —pidió el chico. Tyanna continuó su narración en un tono apagado y sin inflexiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Soltaron a los caballos. Oly y yo estábamos en el borde del campamento, no muy lejos de los corrales. Pensamos que eran truenos, pero el cielo estaba despejado; entonces vimos que se trataba de una estampida, y corrimos a refugiarnos bajo uno de los carromatos. Los caballos arrasaron el campamento, pisoteando todo a su paso: animales, personas, objetos... no reparaban en nada a causa del miedo. Las langostas se echaron a volar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rostro de Tyanna se contrajo en una mueca de angustia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y luego aparecieron ellos, ¿no? —aventuró el muchacho. Su amiga hizo un gesto afirmativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Venían detrás de los caballos, pegándoles con sus látigos. Eran muchos, y llevaban antorchas encendidas que lanzaron sobre los fardos de heno. Las llamas se extendieron con rapidez. Mi hermano y yo salimos de nuestro refugio, gritando para advertir a los demás de la llegada de saqueadores. Pero la confusión dentro del campamento era demasiado grande, y nadie nos escuchó. Poco después los mercenarios estaban entre nosotros, blandiendo sus armas. Imagínate lo que siguió: caballos aterrorizados moviéndose de un lado a otro sin saber por dónde salir, enjambres de langostas crepitando al pasar sobre las llamas, el ruido del metal al atravesar los cuerpos de aquellos que conocíamos, los gritos, la &lt;i&gt;sangre&lt;/i&gt;... Había regueros de sangre en la tierra y salpicaduras en las paredes de los carromatos. Oly y yo nos habíamos colocado entre dos de ellos para evitar ser arrollados. Nuestro padre pasó frente a nosotros en pleno combate con uno de los mercenarios. Oly disparó varias flechas que se clavaron en la armadura de aquel sujeto sin hacerle daño; yo le arrojé una piedra, dándole justo en la cara. Un caballo separó a mi padre del mercenario... y él decidió, así de repente, que mi hermano y yo le interesábamos más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz de Tyanna se consumió en un graznido. Kaylon esperó a que juntara fuerzas para reanudar su historia, mientras le ponía una mano sobre la espalda a fin de animarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nunca olvidaré sus ojos —musitó la joven—. Sin embargo, no recuerdo cómo era él. No recuerdo cómo era exactamente el rostro de aquel asesino. Sólo su expresión. ¿Sabes lo que es ver tu muerte en los ojos de alguien más?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna se volvió hacia Kaylon en busca de una respuesta; el chico, recordando su último encuentro con Fael, asintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero no fue el miedo a la muerte lo que me impresionó tanto —dijo ella, todavía de frente a Kaylon—. Fue más bien adivinar lo que podría ocurrirme antes de morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha desvió la mirada, ahogando un sollozo. Dos lágrimas se deslizaron por sus mejillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Así que huimos. Nos escabullimos a través de la masacre y el desorden. El mercenario nos persiguió, matando a cualquiera que se le pusiera delante, con las langostas posándose sobre él como mascotas; hasta el día de hoy no sé por qué decidió arrojarse sobre nosotros habiendo tantos otros sobre quienes descargar su espada. Como sea, en nuestra huida pasamos por detrás de un carro. En ese instante algo grande, tal vez un caballo, lo golpeó por el otro lado, haciendo que su contenido se desplomara sobre nosotros. Yo salí fácilmente, pero Oly quedó atrapado bajo un montón de cajones. "¡Ayúdame!", gritó él. Por encima de los cajones caídos, y por encima de la base del carro, pude ver al mercenario que se acercaba a nosotros, todavía apartando a otros de su camino. Oly volvió a pedirme ayuda. Yo sólo tenía que ir junto a él, quitarle un par de cajones de encima y tenderle una mano... pero en lugar de eso me di vuelta y corrí. Corrí hasta perder el conocimiento en alguna parte del bosque próximo al campamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna se sentó sobre el piso con las piernas contra su cuerpo y los brazos alrededor de ellas. Ya no miraba al chico, pero tampoco era el paisaje lo que veía; su mente estaba perdida en aquel lugar interior donde acechaba su pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pude haberlo salvado —susurró—. Tiempo no me faltaba. El mercenario estaba bastante ocupado abriéndose camino para llegar hasta nosotros, y no nos hubiera seguido más allá de los límites del campamento. Pero algo se quebró dentro de mí. Lo más raro de todo es que si Oly me hubiera gritado que corriera, yo habría retrocedido para auxiliarlo, ignorando mi propia cobardía. Pero él me pidió que lo ayudara, y eso me superó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se apartó de la muchacha. No fue mucho, sólo un centímetro... pero se apartó. Jamás la hubiera creído capaz de algo así. De semejante traición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna no se dio cuenta de la reacción del chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mis padres me encontraron al día siguiente. Volvimos al campamento... es decir, a lo poco que quedaba... a buscar sobrevivientes. Éramos más de doscientas personas en la tribu; sólo quedamos setenta y cinco, aunque doce murieron más tarde a causa de las heridas. Pero lo peor... lo peor de todo fue... fue encontrar las cabezas de los nuestros clavadas en lanzas por encima de los restos y las cenizas. Y los cadáveres tirados tenían... huellas de mordidas... y &lt;i&gt;no&lt;/i&gt; eran de animales. Los cuerpos no estaban completos. Quizás se llevaron algunas partes para... para comérselas. Yo traté de no mirar, sobre todo las cabezas. No quería descubrir entre ellas la de... la de mi...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna ocultó la cara entre los brazos y prorrumpió en sollozos. Se veía muy pequeña en esa postura, como la niña que había sido durante aquella trágica época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rechazo que sentía Kaylon se disolvió en compasión. Sin decir palabra, se agachó junto a Tyanna y la atrajo hacia él, dejando que la muchacha apoyara la cabeza en el hueco de su hombro. Estuvieron así por largo rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el llanto al fin cedió, Tyanna se enjugó las lágrimas con la manga de su camisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora lo entenderé si me pides que me vaya —dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se sobresaltó al escuchar en boca de Tyanna sus propios pensamientos, pero luego de meditarlo replicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y yo lo entenderé si no quieres venir conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha lo contempló con el ceño fruncido, insegura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿De verdad me estás pidiendo que te acompañe? ¿Podrás confiar en mí después de lo que acabo de contarte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico eligió sus palabras antes de responder:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me parece que el asunto de la confianza ya lo aclaramos ayer. Sí, confío en ti. Siempre confiaré en ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven exhaló y relajó los músculos tensos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Amalaide me dijo que esto sucedería —murmuró—. Hablé varias veces con ella acerca de la muerte de mi hermano, y le expresé mi deseo de volver atrás en el tiempo para subsanar mi error, o de tener al menos una segunda oportunidad. "¿Realmente quieres una segunda oportunidad?", me preguntó. "Por supuesto", le respondí. Entonces ella me advirtió que tuviera cuidado con lo que deseaba. Cuánta razón tenía, ¿no crees?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el rostro de Tyanna se dibujó una sonrisa irónica y triste, pero luego se irguió y dijo con voz resuelta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si &lt;i&gt;ésta&lt;/i&gt; es mi segunda oportunidad, he de tomarla, pase lo que pase. Porque eres mi amigo, y te debo mi lealtad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico demostró su conformidad moviendo la cabeza de arriba a abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues si lo que acabas de contar es cierto —declaró—, si quienes andan tras Eles son esos mercenarios, entonces estamos en graves problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, así es. Tenemos que dejarlos atrás... o enfrentarlos, en cuyo caso serán ellos o nosotros. Sabes a qué me refiero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico reflexionó un instante y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pongamos tierra de por medio. Mientras tanto, maquinaremos algún plan para deshacernos de esos tipos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los muchachos cabalgaron juntos de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás de ellos, unas cien langostas revolotearon sobre las pisadas que habían dejado entre las raíces del árbol; horas después, cinco individuos muy altos descubrieron esas mismas pisadas y se sonrieron unos a otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-8350742060147209509?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/8350742060147209509/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-32.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8350742060147209509'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8350742060147209509'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-32.html' title='La canción del águila (32)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-837574238837560924</id><published>2012-02-14T14:10:00.000-02:00</published><updated>2012-02-15T14:10:42.910-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (31)</title><content type='html'>El instinto de la joven errante no le había fallado: cinco individuos los perseguían, junto a ellos o un poco por delante dependiendo de quién llevara la ventaja en determinado momento. Daba lo mismo; los forajidos conocían, al menos en parte, el sendero que habrían de recorrer: hacia el este, siempre hacia el este, hasta que estuvieran a punto de ser detenidos por el primer guardián, el eterno centinela cuya aprobación era necesaria para continuar avanzando. Entonces capturarían al águila, pues la rapaz era la llave que les permitiría ingresar a su mundo. En cuanto a los muchachos... bueno, una vez que tuvieran al ave podrían deshacerse de ellos, aunque en esta ocasión se tomarían su tiempo para disfrutarlo. Habían liquidado rápidamente al ladrón de caballos en un arrebato inusual de compasión, pero la compasión no era parte del carácter de aquellos sujetos y muy pronto se habían arrepentido de su muestra de flaqueza. No volverían a cometer la misma estupidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El líder de los forajidos rió para sí y se dedicó a pulir y afilar sus numerosos accesorios de combate. Junto a él, su mascota despedazaba un animal cuya forma original era a estas alturas imposible de discernir. Por una cuestión de hábito, Luak le arrojó una piedra al hocico, apartando a la bestia de su presa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vete, Gorgat. Estoy harto de oírte mascar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La criatura gruñó y se inclinó para recoger los restos, pero una segunda pedrada lo convenció de desistir. Rechinando los dientes por lo bajo, se retiró de mala gana; su amo, por otro lado, arrancó una pata del cadáver y comenzó a devorarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de sus cómplices se aproximó desde otra dirección. Parecía enfadado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Luak, tenemos un problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aludido enarcó las cejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Algo que justifique interrumpirme? —preguntó, agitando la mano en la que sostenía el hueso medio pelado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Puede ser. Será mejor que juzgues por ti mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luak acompañó a su subordinado hasta el lugar donde los muchachos habían acampado la noche anterior. Aún seguían allí, aparentemente... pero cuando puso un pie dentro del claro, el forajido se percató del engaño. Unas mantas descartadas cubrían un par de bultos hechos con ramas y pasto; habían dejado el fuego encendido a propósito, y colocado a su alrededor algunos útiles de cocina para hacerles creer que realmente había dos personas durmiendo ahí, prestas a avivar la fogata y prepararse el desayuno apenas despertaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Saben de nosotros —dijo Luak sin inmutarse, como si ya hubiera previsto esa situación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Así es. ¿Y ahora qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El líder puso una mano sobre el hombro de su interlocutor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tranquilo, Tzaro. Esto no cambia nada. Aunque sospecharan quiénes somos, lo cual es factible, siguen siendo dos chicos. No arruinarán nuestros planes. Ve a buscar a los demás; tendremos que cubrir una larga distancia antes del crepúsculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tzaro se retiró a cumplir la orden de su jefe; éste permaneció junto a los falsos durmientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un movimiento veloz, un relampagueo de acero templado entrevisto al final de su brazo, Luak clavó su espada en uno de los bultos, que se convulsionó de igual manera que un cuerpo humano. No estaba furioso, sin embargo; esto añadía un toque de emoción a la caza. Más aún: empezaba a admirar a esos chicos. Tal vez representaran un desafío interesante después de todo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luak fue a reunirse con los suyos. Era una pena que fueran sólo cinco; en épocas remotas, su cuadrilla había estado compuesta por más de veinte integrantes, todo un ejército. Sin embargo, habían subestimado a los hombres del norte: los duros habitantes de las sierras, con sus cabras y sus perros, dispuestos a pagar un alto precio en vidas por el privilegio de frustrar a sus atacantes. Luak no albergaba ninguna clase de odio contra aquellos valientes hombres. Una derrota era una derrota... y en última instancia, menos secuaces significaba más botín para cada uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puestos en ello, el odio no solía ser una de sus motivaciones. Podía utilizarlo (funcionaba con tontos ladrones de caballos, por ejemplo), pero ni siquiera lo entendía muy bien. El odio era para los débiles, pensaba, pues podía enceguecerlo a uno; los seres superiores, como él, debían regirse más bien por una cruel indiferencia y el reconfortante placer de convertir el orden en caos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La codicia, en cambio... ah, eso sí le apasionaba. La codicia gobernaba sus actos en primer lugar: el deseo de obtener... cualquier cosa que le viniera en gana. Poder, satisfacción, riqueza...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;... y el águila le proporcionaría todo eso y mucho más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus compañeros caminaron a su encuentro tironeando de los caballos, quienes, aunque no tenían más remedio que obedecer, rehuían en lo posible el contacto con los forajidos. Mientras tanto, Luak rebuscó en un bolsillo de su abrigo. Tras encontrar lo que buscaba, extendió hacia el oriente el puño cerrado y abrió los dedos: en su palma enguantada dos pequeñas langostas agitaron sus alas, preparándose para despegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No los pierdan de vista —murmuró a los insectos el forajido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las langostas emprendieron el vuelo rumbo al horizonte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-837574238837560924?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/837574238837560924/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-31.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/837574238837560924'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/837574238837560924'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-31.html' title='La canción del águila (31)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-1854316419757603912</id><published>2012-02-13T19:08:00.000-02:00</published><updated>2012-02-13T19:08:12.766-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (30)</title><content type='html'>Cinco días más tarde, cuando el sol empezó a asomar, Kaylon ensilló ambos caballos y fue a despertar a Tyanna, quien continuaba durmiendo (y roncando) como un tronco. El chico la sacudió por el hombro. Tyanna farfulló algo y se tapó la cabeza con su manta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Arriba, perezosa. Ya es de mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha se sentó restregándose los ojos; su revuelto cabello enmarcaba una expresión hostil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esta manía tuya de hacerme levantar al amanecer... —protestó la joven—. Madrugar es para los pájaros, ¿sabes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué? ¿Acaso eres un lirón? Aunque con el pelo así enmarañado en verdad lo pareces...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ja, ja, ja —replicó la muchacha a la vez que tomaba su peine—. Te equivocaste de trabajo: debiste convertirte en bufón e irte a recorrer los poblados con cierto pelirrojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se rió pero optó por callarse. Tyanna solía mostrarse irritable a esa hora; después del desayuno estaría de un humor más accesible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el cielo unos cúmulos esponjosos desfilaban en hileras. Si el cachivache de Orantos no mentía, el chaparrón del que había hablado Tyanna se produciría hacia el final de esa misma tarde. Tendrían tiempo de sobra, no obstante, para cazar algo y ponerse bajo techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ingirieron parte de sus reservas y se pusieron en camino. A pesar de la inminente lluvia, la región que transitaban ahora lucía verde y espléndida, con los árboles en flor y las corrientes de agua clara producto del deshielo. La vida surgía de todas partes y eso alegraba al chico y sus acompañantes. Cada tanto Eles miraba hacia arriba y agitaba las alas; un par de veces dejó escuchar su grito, y aunque nadie acudió al llamado de la rapaz, a Kaylon le dio la impresión de que éste sí había llegado a oídos de alguien que comprendía su mensaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos muchachos cabalgaron hasta llegar a una densa arboleda donde Tyanna sugirió hacer un alto. Habían visto huellas de ciervos enanos impresas en la vera de un arroyo; atrapar alguno los abastecería de carne y cuero. Ocultaron a los caballos, pues, y con ballesta y flechas en mano inspeccionaron el entorno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esperemos aquí un rato —dijo Tyanna al borde de una zona con pasto. Ahí la vegetación se veía masticada en varios puntos por dientes de herbívoro. Debido a esto, y dado que tenían el viento a su favor, no se sorprendieron mucho cuando vieron aparecer una joven cierva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El animal no era mayor que un ternero; tenía un pelaje suave y de color homogéneo, dos cuernos incipientes recubiertos de pelusa dorada y una cola blanca y plumosa. Se puso a desfoliar un arbusto sin percatarse de que dos humanos la observaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon ya la tenía en la mira, pero la cierva era tan hermosa que sus dedos se rehusaban a disparar la ballesta. La muchacha también parecía renuente a matarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se escucharon pasos ligeros más adelante. Kaylon apuntó al piso y con su mano apartó el arma de Tyanna; justo entonces aparecieron dos cervatillos, diminutos y delicados, que se reunieron con su madre agitando las orejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos muchachos sonrieron y se miraron. La escena era demasiado encantadora como para interrumpirla; de mutuo acuerdo se alejaron con cautela de la cierva y sus crías, pensando que ya encontrarían otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, la suerte los favoreció más tarde, permitiéndoles abatir una liebre y una perdiz. Luego de eso resolvieron que harían bien en ponerse a cubierto, porque las nubes se estaban aglomerando en un firmamento cada vez más opaco. Sin embargo, al chico le llamó la atención la actitud del águila, quien no dejaba de sacudirse en el arnés; el animal estaba inquieto y apuntaba con el pico en dirección a una zanja poblada de maleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué pasa, amigo? —le preguntó Kaylon. La rapaz emitió un chillido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna enarcó las cejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Trata de decirme algo —explicó el muchacho—. Señala hacia allá... Ven, vamos a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A simple vista, en la zanja no había nada extraño... pero de pronto llegó hasta ellos un espantoso olor a putrefacción que les hizo arrugar la nariz. No venía de muy lejos; esgrimiendo las ballestas, por si acaso, fueron a investigar su origen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cubierto en parte por la maleza, con la cara medio sepultada en la tierra, había un cadáver humano. Un hombre degollado, para ser exactos, aunque algún animal grande le había arrancado la mitad del muslo derecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de las alteraciones, más la expresión de miedo y dolor estampada en su cara y el hecho de que la mejilla marcada no era visible, el chico reconoció enseguida al ladrón de caballos. Asqueado, se volvió hacia Tyanna. La muchacha hizo una mueca de repugnancia; en voz baja, sugirió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vámonos de aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se debatió entre examinar el cuerpo para averiguar el motivo del asesinato, seguir a Tyanna y decirle que sabía de quién se trataba, o no compartir dicha información. Decidió callar a menos que fuera absolutamente necesario revelar la identidad del cadáver. Quizás se tratara de un hallazgo casual; ¿para qué complicar las cosas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se alejaron lo más posible de la zanja, y a falta de una mejor alternativa, ataron las ramas de unos árboles muy tupidos y fabricaron una suerte de toldo con unas pieles de aulonte. Dicho toldo no los mantendría muy abrigados durante el chaparrón pero sí relativamente secos; en compensación, hicieron una fogata más grande de lo habitual y se acomodaron junto a ella. Nela y Nube, por otro lado, tendrían que soportar la lluvia con equino estoicismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna no había dicho casi nada desde que encontraran el cadáver del ladrón de caballos. Pensando que su silencio se debía al infortunado incidente, el chico trató de calmarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tal vez fueran salteadores. O lo mataron sus propios cómplices; es decir, tenía aspecto de criminal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha levantó la vista del fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, es probable —murmuró, y luego volvió a escrutar el fuego con aire de preocupación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Puedes decirme qué te ocurre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna frunció el ceño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tengo la sensación de que alguien nos está persiguiendo. O de que alguien va en la misma dirección que nosotros, paralelamente, vigilando nuestros pasos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y eso desde hace cuándo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Unos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon no supo qué contestar. Entonces miró a Eles: en lugar de dormir, el águila estaba de pie girando la cabeza de un lado a otro. El agua caía a plomo sobre el toldo; la visibilidad, más allá del cálido influjo de las llamas, era nula. No había manera de detectar una amenaza bajo tales condiciones. Sin embargo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué crees que deberíamos hacer? —preguntó Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No estoy segura. Si al menos pudiera confirmar mi sospecha...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó un rato, y entonces Tyanna dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De todos modos, si alguien nos sigue es a causa de tu águila. Nos habría atacado ya si fuera ésa su intención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon vio algo en los ojos de la muchacha que no le gustó. Un brillo ominoso, inquietante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espero que no estés insinuando que debo abandonar a Eles. Porque no lo haré ni aunque mi vida dependiera de ello. Ya he llegado demasiado lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No estaba insinuando nada —replicó Tyanna... pero sin mirarlo a la cara—. Voy a dormir unas horas. Despiértame cuando te dé sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acto seguido se recostó de espaldas a él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon también se tendió sobre sus mantas, observando a Tyanna, a Eles, la lluvia y la densa oscuridad. Y aunque estaba muy cansado, pasó toda la noche en vela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-1854316419757603912?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/1854316419757603912/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-30.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1854316419757603912'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1854316419757603912'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-30.html' title='La canción del águila (30)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-22160421161457389</id><published>2012-02-12T03:11:00.000-02:00</published><updated>2012-02-13T03:12:47.228-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (29)</title><content type='html'>Del otro lado, pero desde una distancia considerable, alguien más escudriñaba el perfil de Tyanna: un hombre de unos cuarenta años, con ropas sucias y raídas, que oculto en las sombras de la noche se relamió igual que un gato al acecho. Un fugaz rayo de luna destacó por un momento la cicatriz horizontal de su mejilla; después el hombre volvió a sumergirse en la oscuridad y continuó observando a los dos jóvenes peregrinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bulto dormido era el chico, ese maldito chico que nuevamente lo había metido en un lío. Sólo dos cosas impedían que se abalanzara sobre él y le aplastara la cabeza con una roca: una era la muchacha, quien, apetitosa o no, parecía en buena forma y muy alerta; la otra era el conocimiento de lo que podría pasarle si desobedecía las órdenes que le habían dado. Atacar al niño lo pondría en un aprieto mucho, pero mucho más serio que aquel en que ya se encontraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ladrón de caballos, por lo tanto, se escabulló tratando de no hacer ruido. Unas horas antes, la joven errante casi lo había descubierto; tenía un oído prodigioso, y al distinguir el crujido de uno de sus pasos había sacado de su funda una reluciente espada. Afortunadamente para él, unas ardillas que se pusieron a pelear en ese instante cubrieron su retirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta ocasión retrocedió con el mayor sigilo posible y logró marcharse sin que nadie lo notara; considerando, no obstante, lo que tenía que hacer ahora, no le hubiera importado quedarse un poco más espiando a la muchacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero había cumplido su parte del trato, y ya sólo le restaba informar a sus captores de ello. Le habían prometido liberarlo cuando encontrara al chico y su águila, y pese a que no estaba muy convencido de que fueran a cumplir su promesa, no se atrevía a escapar. Oh no, escapar era lo &lt;i&gt;último&lt;/i&gt; que debía pasarle por la mente si sabía lo que le convenía. Eso se lo habían dado a entender desde el principio, a punta de puñal sobre el borde de la carretera, junto al carro recién volcado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo estaban trasladando aquel día, junto con sus secuaces, para su juicio y muy probable ejecución en la ciudad. Había pasado las lluvias en la pestilente cárcel de la posada, rumiando sobre lo que le haría al chico si por casualidad volvía a tenerlo en su poder; ya en el carro, no obstante, sus pensamientos se inclinaron hacia la imagen de la horca: la horca, que se cerraría en torno a su cuello después del juicio como esas serpientes que estrangulan a su víctima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces el vehículo fue derribado y afuera se escucharon unos gritos horripilantes. Todo había sucedido muy rápido, en realidad, y apenas empezaba a preguntarse qué rayos estaba sucediendo cuando la puerta salió disparada de sus goznes. Sus compañeros de celda, igualmente inmovilizados por cadenas, se apilaron en el extremo opuesto cual hatajo de corderos asustados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El que había desencajado la puerta de hierro como quien rompe un huevo era un gigante con atavíos de guerrero. Sangre fresca, de alguien más, le chorreaba de la armadura. Su labios estaban torcidos en una media sonrisa de desprecio. Los ojos de aquel hombre, si así podía llamársele, examinaron el interior del carro... y se detuvieron en él, dejándolo más paralizado que una estatua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro sujeto, muy parecido al primero, se colocó junto a éste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El de la cicatriz —le indicó el que había arrancado la puerta, y el segundo gigante lo agarró de la camisa para arrastrarlo hacia afuera con brusca facilidad. Su compañero entró al carro y otra vez se escucharon unos gritos espantosos. Aquello había durado diez minutos enteros, durante los cuales el jefe de los cuatreros pudo admirar lo que les habían hecho a los pobres infelices encargados de su custodia. El bandido de la cicatriz vomitó entre sus zapatos. Para aumentar la diversión, aparecieron tres tipos más llevando de una correa una bestia extrañísima que parecía hecha de dientes, espinas y garras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer sujeto salió del carro con la expresión de quien acaba de pasárselo en grande. Ahora también le chorreaba sangre de la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ladrón de caballos no era cobarde, pero ante la vista de un puñal se puso a chillar y a pedir clemencia. El matón que lo sujetaba lo hizo ponerse de rodillas, le tiró del cabello para que expusiera la garganta y se rió como si todo aquello le resultara muy entretenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La punta del arma se posó sobre la nuez del cuatrero. Éste se dio por muerto, pero entonces el gigante ensangrentado le hizo una pregunta totalmente fuera de lugar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué sabes del chico?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Chi-chico? ¿Cuál... c-cuál chico? —balbuceó el ladrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La punta metálica atravesó la primera capa de piel. Su interrogador casi pegó la cara contra la suya, arrojando sobre él su aliento de fiera salvaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El chico que te agujereó la pierna, imbécil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía confundido, el ladrón respondió tartamudeando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vi-vive en una gran-gran-ja de c-caballos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El puñal giró sobre la nuez del hombre como una barrena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No sé nada más, lo juro! —consiguió gritar el cuatrero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gigante hizo una mueca de desdén y bajó su arma. Luego dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eres patético. Casi no vales la pena. Te liquidaría ahora mismo si no fuera porque esta criatura incompetente —aquí se interrumpió para darle una buena patada en las costillas al animal de los dientes, espinas y garras—, esta inutilidad sin olfato perdió el rastro del águila debido al puente roto y la lluvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuadrúpedo gimió al ser golpeado, pero luego mostró los colmillos y arañó la tierra con sus patas delanteras. Su torturador pareció satisfecho y prosiguió con el interrogatorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Dime, ¿qué tanto odias a ese niño?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ladrón tragó saliva, indeciso, pero entonces el recuerdo de su humillación lo hizo enrojecer y olvidar el miedo por unos segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo odio más de lo que jamás he odiado a nadie —respondió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Aaah...! Eso es &lt;i&gt;excelente&lt;/i&gt;. Tu odio nos servirá de brújula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El matón que sujetaba al cuatrero rompió sus cadenas. Las rompió &lt;i&gt;con sus propias manos&lt;/i&gt;, y fue ahí cuando el ladrón se preguntó por primera vez si no le habría convenido más morir ahorcado. El líder de los gigantes, sin embargo, lo levantó por las orejas y lo miró como a un perro tonto al que se le tiene cierto cariño fruto de la lástima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Haz tu trabajo y te soltaremos sin un rasguño. Traiciónanos y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No necesitó completar la frase. Los cuerpos tirados en la carretera hablaban por sí solos. El ladrón asintió con los párpados, ya que no podía mover la cabeza y se había quedado mudo de terror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me alegra no tener que perder el tiempo con fastidiosas explicaciones —dijo el gigante exhibiendo una sonrisa de tiburón. Luego masajeó las orejas adoloridas del cuatrero y le acomodó la ropa. El ladrón, viéndose rodeado, puso cara de sumisión y preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quiénes... son ustedes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso no es de tu incumbencia —fue la amable respuesta del líder—. Pero mi nombre es Luak. Tú puedes llamarme “señor”... o “amo”, que suena aún mejor. Yo estoy al mando de esta humilde pandilla... ¿no es así, compadres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los otros cuatro rieron por lo bajo. Al cuatrero se le erizaron los pelos de la nuca, y no se orinó encima porque ya había vaciado la vejiga más temprano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que aquellos cinco sujetos pretendían de él, concretamente, era que hallara al muchacho y su águila mutilada. El bandido creyó al principio que esto resultaría imposible, pero luego de unas semanas de convivir con sus captores descubrió algo muy interesante: cuanto más se dedicaba a pensar en lo mucho que detestaba al chico, más tenía la certeza de que sabía dónde se encontraba. A veces su percepción no era muy clara, así como los ojos no pueden ver bien si no hay una fuente apropiada de luz, pero en general tenía una idea bastante aproximada del camino que debían seguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final del invierno llegaron casi hasta el campamento de los errantes. Se vieron detenidos por la nieve, y como en la primavera Kaylon se separó de la tribu, así se desviaron el ladrón y quienes él guiaba. Ni uno entre los errantes (salvo Amalaide, quizás) se enteró de lo que había estado a punto de caerles encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y allí estaba ahora el bandido, concluida por fin su labor, buscando al gran jefe para ponerlo al tanto de su éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminó hasta el amanecer sin detenerse para descansar, y al final del trayecto se desplomó, jadeante y sudoroso, a los pies de Luak. Su espantoso animalejo, como de costumbre, le enseñó los dientes. El ladrón se hizo una pelota en el suelo; más de una vez había recibido un doloroso mordisco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Diste con él, ¿no es cierto? —le preguntó Luak sin esperar a que el cuatrero hablara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí... sí señor. El águila estaba con él, y también una muchacha de la tribu de los errantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Una errante! Mmmm... ¿Será que...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luak reflexionó unos instantes y luego palmeó la espalda del ladrón, instándolo a ponerse de pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Buen chico... buen chico —dijo el gigante en tono conciliador—. Anda, ve a nuestro refugio; te guardamos algo de comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuatrero emitió un largo suspiro de alivio (hasta ese momento había creído que Luak lo mataría, pero tal vez sí fuera fiel a su palabra), esquivó a la bestia y se arrastró en busca de su alimento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo al mando del grupo se reunió con su líder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué haremos con él?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luak se rascó la barba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sé... Ha demostrado ser útil. ¿Quieres quedártelo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro hizo un gesto sarcástico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, gracias. Sería una mascota muy estúpida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las risas antinaturales de aquellos dos seres espantaron a toda una bandada de pájaros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-22160421161457389?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/22160421161457389/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-29.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/22160421161457389'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/22160421161457389'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-29.html' title='La canción del águila (29)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-1463708851320105092</id><published>2012-02-11T14:54:00.003-02:00</published><updated>2012-02-11T14:55:42.032-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (28)</title><content type='html'>&lt;div style="color: #7f6000; text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;TERCERA PARTE:&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #7f6000; text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;LOS MERCENARIOS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Hacía ya dos semanas y media que viajaban juntos. Dicho así no parecía la gran cosa, pero para Kaylon nunca había significado tanto un período de tiempo. Era a causa de Tyanna, indudablemente, aunque el chico aún no comprendía bien qué tanto abarcaba su relación con ella. De algo sí estaba seguro: le encantaba tenerla para él solo. Ella era la primera persona que veía al despertar, la única con quien hablaba a lo largo del día y quizás también la única persona cuyo afecto podría dar siempre por sentado, pasara lo que pasase. A veces lo trataba como una madre sobreprotectora, pero al muchacho no le molestaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico recogió las presas que acababa de capturar, se acomodó el arnés en que llevaba al águila y partió en dirección al sitio donde Tyanna y él habían acordado reunirse antes del anochecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles estaba mucho mejor, casi tan bien como cuando habían llegado al campamento de los errantes. A veces Kaylon sentía algo de rencor hacia la rapaz. ¿Qué había necesitado Eles para recuperarse? Casi nada: que el chico abandonara un lugar en el que por fin la gente lo quería y respetaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el muchacho tenía que admitir que a él mismo no le estaba sentando mal la aventura, y comenzaba a pensar que el funesto augurio de Amalaide era tan sólo una exageración. ¿Por qué no habría de tener su emprendimiento un final feliz? Algo así como dejar a Eles a salvo en... donde fuera, regresar con Tyanna a la caravana de los errantes y vivir el resto de su existencia en compañía de sus amigos. No era mucho pedir, ¿o sí? Él creía que no; al fin y al cabo, nunca había podido darse el lujo de exigir demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí estaba Tyanna, esperándolo. La joven se volvió hacia él mucho antes de que el chico llegara a su lado; no era nada fácil pillarla desprevenida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espero que hayas tenido más suerte que yo —dijo ella cuando Kaylon estuvo al alcance de su voz—. Solamente encontré algo de fruta y unas pocas hierbas aromáticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico le mostró lo que había obtenido: tres pescados de buen tamaño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Un poco espinosos —aclaró—, pero frescos. Así descansaremos de la carne seca por un día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna asintió, complacida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Con eso bastará por hoy. Sígueme; dejé a los caballos cerca de aquí, en un sitio estupendo para pasar la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Genial —opinó Kaylon—. Pero eso no te librará de cocinar la cena. Por si lo has olvidado, es tu turno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven se rió y le alborotó el pelo igual que a un niño pequeño... cosa que al muchacho no le incomodó en absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tardaron en llegar a una zona descubierta rodeada de árboles muy viejos, cuyas copas se cerraban en lo alto formando una cúpula. Nela y Nube estaban echados sobre la tierra; de cuando en cuando uno rozaba al otro con el hocico o apoyaba la cabeza sobre el lomo de su compañero. Tyanna despejó un círculo en el suelo, el cual delineó con piedras, y comenzó a juntar ramas secas para encender una fogata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Otro día soleado que se va —comentó Kaylon mientras veía al cielo apagarse sobre las ramas entrelazadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hemos tenido una buena racha —dijo Tyanna a la vez que golpeaba el pedernal—. Pero tarde o temprano nos caerá encima algún chaparrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me da igual. El agua no me asusta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico se quitó el arnés, dejó a Eles sobre el piso y se sentó a mirar cómo Tyanna cortaba el pescado. La joven le echó una mirada furtiva a la rapaz e inquirió en tono confidencial, señalando al ave con la barbilla:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Adónde crees que nos esté conduciendo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No lo sé. Amalaide tampoco lo sabía; dijo que no podía ver más allá de la puerta que da a su mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Una respuesta típica de ella —resopló la joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No obstante, de momento yo me estoy divirtiendo, ¿y tú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Desde luego —contestó la muchacha, pero al igual que Kaylon sonó como si se estuviera mintiendo a sí misma. Sin agregar una palabra más, puso el pescado en el fuego y se limpió las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, después de la cena, fue el chico quien abordó la triste verdad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Extraño a toda la tribu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo sé —dijo Tyanna con un suspiro—. A mí me pasa lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y extraño a los muchachos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna sonrió con aire travieso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿También a Dorcai?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por supuesto —replicó Kaylon, pero entendía bien a qué se refería la joven—. Quién hubiera pensado que íbamos a hacernos tan buenos amigos, ¿eh?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Supongo que ahora debo reconocer que yo tuve algo que ver en eso... —anunció la muchacha haciéndose la distraída.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué quieres decir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quiero decir que el día que lo superaste en la prueba de tiro al blanco, yo lo busqué y le dije que se ablandara un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah —murmuró Kaylon, desconcertado por la noticia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos permanecieron en silencio un rato, contemplando el fuego, hasta que el chico no pudo soportarlo más y dijo aquello que venía carcomiéndole el cerebro desde el pasado invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Dorcai está enamorado de ti, ¿sabes? Me confesó que un día te pedirá que te cases con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna se frotó la boca, pensativa. Luego se enfrentó al chico con una expresión de cansada paciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, lo sé. Pero tú sabías que yo lo sé, así que ése no es el punto. ¿Qué te preocupa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon aspiró hondo antes de preguntar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué no te quedaste con él, entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna avivó la fogata con un palo, haciendo que las llamas bailaran y echaran chispas anaranjadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Dorcai es demasiado bueno —dijo la muchacha poco después—. Merece a alguien mejor que yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y debo suponer que ésa es otra razón por la que dejaste la tribu para venir conmigo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Kaylon se le hizo un nudo en la garganta mientras decía estas palabras. La joven soltó el palo y concentró su atención en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No —respondió—. Vine contigo porque salvaste mi vida, y también porque no podía permitir que acometieras sin ayuda esta... tarea, o lo que sea. Tú te fuiste de la tribu por Eles; yo me fui de la tribu por ti. Así de simple. Es lo que hacen los amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico dejó escapar el aire que había estado reteniendo. Ya no tenía motivos para sentirse culpable: era sólo a causa de él que Tyanna se encontraba ahí, y lo había seguido con plena conciencia de lo que podía perder; no huía de nada y no se arrepentiría ni le haría reproches en caso de que algo saliera mal. Haciendo un esfuerzo adicional, a fin de aclarar por completo la situación, explicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Amalaide me dijo algo parecido. Dijo que... que lo que yo decidiera tendría consecuencias... un sacrificio de alguna clase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Desde luego. Siempre hay que sacrificar algo, en especial por aquellos que uno ama. En ocasiones, incluso, el sacrificio puede ser tan grande que pone a prueba el mismo amor que nos lleva a realizar dicho sacrificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al muchacho se le congeló la respiración. Por unos segundos creyó ver a Amalaide en los ojos de Tyanna, y escuchar sus duras palabras salir de los labios de la joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Pero eso es tan sólo lo más evidente: el destino tira de los hilos en más de una forma, y el precio por tus actos puede ser muy elevado.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un hilo de voz, Kaylon musitó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora &lt;i&gt;sí&lt;/i&gt; suenas como ella. ¿Tienes idea de lo que significa todo eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna se levantó y caminó hacia su caballo, a quien regaló una de las frutas que había conseguido. Ignorando por completo la pregunta del chico, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es tarde. ¿Por qué no duermes? Yo haré la primera guardia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Todavía insistes con eso? No hemos visto a nadie desde hace &lt;i&gt;días&lt;/i&gt;. ¿Quién crees que podría atacarnos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna le echó una mirada tan sombría que Kaylon se echó hacia atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nunca se sabe, Kay. No hay que bajar la guardia &lt;i&gt;jamás&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon renunció a continuar la conversación y se recostó junto a la fogata, envuelto en mantas. Lo último que vio antes de dormirse fue el perfil vigilante de Tyanna, recortado por la cruda luz de las llamas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-1463708851320105092?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/1463708851320105092/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-28.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1463708851320105092'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1463708851320105092'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-28.html' title='La canción del águila (28)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-3167485302197129400</id><published>2012-02-10T13:36:00.002-02:00</published><updated>2012-02-10T13:36:44.532-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (27)</title><content type='html'>El primer día bueno de primavera, antes del amanecer, Kaylon empacó sus posesiones y se fugó del campamento, ocultando bajo su almohada una nota en la que pedía que no salieran a buscarlo puesto que regresaría lo antes posible. No sabía si en verdad volvería alguna vez con los errantes, pero no quería involucrar a nadie más en lo que consideraba su empresa personal, su deber... y su sacrificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio caminó junto a Nela, quien transportaba a Eles sobre la silla de montar. Cuando se sintió lo bastante cansado puso al águila en el arnés y calzó un pie en el estribo, pero no llegó a subir a lomos de la yegua porque alguien lo alcanzó y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hubiera preferido que escaparas por la noche. &lt;i&gt;Detesto&lt;/i&gt; levantarme temprano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era Tyanna, que venía cabalgando en su corcel albino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué haces aquí? —preguntó Kaylon, alarmado al ver que la muchacha iba equipada para viajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Seguirte, tonto, ¿qué más?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues no puedes venir conmigo —replicó el chico con voz dura mientras montaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí que puedo —dijo Tyanna, avanzando hasta el muchacho—. No sé bien adónde vas, pero no te dejaré ir solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tyanna... maldición, no necesito que me cuides. Por si no te has enterado, yo no soy tu hermano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por supuesto que no eres mi hermano —le espetó ella—. ¿Crees que te considero un sustituto? Y también entiendo que puedes valerte por ti mismo, pero aun así tendrás que aguantar mi presencia. Ya te lo dije el día de la cacería: te debo una.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No seas idiota, no me debes nada. Adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon hizo a Nela alejarse al trote de la muchacha. Tyanna espoleó a su caballo, obligándolo a plantarse frente a la yegua; Nela frenó de golpe con un relincho de protesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te debo la vida —dijo Tyanna muy resuelta, recalcando cada palabra—. No me apartarás de mi deuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon estuvo a punto de gritar de desesperación. ¿Por qué &lt;i&gt;ella&lt;/i&gt;, entre todos sus conocidos? Como si no fuera doloroso abandonar la tribu, encima tenía que poner en riesgo a la joven a causa de su misión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trató de inventar un argumento lo suficientemente creíble o razonable para disuadirla, cualquier cosa, pero le falló la inspiración. De todas formas, la expresión en el rostro de la muchacha le daba a entender que nada de lo que él dijera la haría dar marcha atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un agotado suspiro de resignación, el chico le indicó a Tyanna que se pusiera a su lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Démonos prisa —dijo—. Quiero estar lejos del campamento para cuando Dorcai encuentre mi nota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos muchachos emprendieron así el camino puesto ante ellos por las fuerzas inescrutables de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-3167485302197129400?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/3167485302197129400/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-27.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/3167485302197129400'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/3167485302197129400'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-27.html' title='La canción del águila (27)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-4912298741858728654</id><published>2012-02-09T13:14:00.000-02:00</published><updated>2012-02-09T13:14:21.003-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (26)</title><content type='html'>Quince días más tarde, un anciano de la tribu falleció mientras dormía. Dado que los errantes eran nómadas, no tenían cementerios ni acostumbraban sepultar a sus muertos, prefiriendo la cremación como forma de disponer de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rito se llevó a cabo por la tarde. La tribu entera contempló cómo ardía la pira funeraria, y cuando las cenizas se enfriaron, Romus y Leila las trasladaron hacia una loma donde las esparcieron en la brisa. Kaylon, situado en primera fila, los oyó recitar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Libre de los lazos de la tierra. Te dejamos marchar; que el viento te lleve a tu destino final más allá de los confines de este mundo. Parte de nuestro corazón se va contigo, para que te acompañe en tu viaje. Que así sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los errantes volvieron al campamento y se dispersaron sin efectuar comentario alguno. Aquel hombre había sido muy querido por los suyos y todos sentían su muerte en mayor o menor grado. Kaylon entró a su carromato y se sentó en la cama con la intención de dormir un poco para estar en forma durante la guardia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles, en su percha, semejaba un animal disecado. No se movía, y sus ojos, clavados en algún punto del vacío, eran como óvalos de vidrio ambarino. A primera vista había tan poca vida en él que al chico se le revolvió el estómago, y se aproximó al animal para acariciarlo. Eles cambió de posición bajo su contacto, pero nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon apartó su mano del ave como si se hubiera quemado, aunque en realidad las plumas estaban a la misma temperatura que el carromato... lo cual era anormal, porque no se trataba de un objeto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El animal cerró los ojos y apretó las alas, dando la impresión de disminuir su tamaño. Su respiración era casi imperceptible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho no pudo soportarlo más. Tomó su capa, volvió a ponérsela y salió a dar un paseo. Sus pies lo llevaron fuera del campamento, a la vez que sus pensamientos lo torturaban con el conocimiento que durante semanas había ignorado a propósito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque él lo sabía, &lt;i&gt;lo había sabido desde el comienzo&lt;/i&gt;. Eles estaba enfermo porque ya no se dirigían hacia el este, y el día que la caravana siguiera adelante, alejándose todavía más, el águila dejaría de existir. Probablemente la encontraría en el suelo una mañana, de la misma manera que aquel anciano había aparecido muerto en su lecho. Ya no podía seguir negándolo: tan feliz se hallaba entre los errantes que había descuidado a la rapaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, ¿qué podía hacer él? ¿Dejarlo todo y volver a encaminarse hacia el este, hacia la nada? Eso no tenía sentido. Eles no era un animal cualquiera, cierto, pero sin duda pretendía un absurdo. Además, le faltaba la mitad de un ala; si lo llevaba al este, tendría que quedarse con él hasta que pereciera o abandonarlo a su suerte. ¿Y qué más le daba si moría aquí o allá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se sentó sobre la nieve, abrazándose las rodillas. Había salvado a Eles aquel día en la ciénaga y ahora era responsable de él... pero también había rescatado a Tyanna. ¿Cómo conciliar ambas cosas? ¿A quién debía su lealtad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espesas nubes grises se congregaron en el cielo y comenzaron a soltar delicados copos sobre los árboles. El chico regresó al campamento, todavía indeciso. Se detuvo un instante para sacudirse la nieve del cabello antes de subirse la capucha y prosiguió sin mirar adónde iba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una voz femenina llegó hasta él, aunque Kaylon tardó en percatarse de que era real y no un producto de su imaginación. Se dio media vuelta hacia Tyanna, quien caminaba a su encuentro sin apresurarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te saludé varias veces y no me respondiste —dijo la muchacha—. ¿Ocurre algo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon reflexionó antes de contestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es Eles. Tiene un problema y no sé cómo resolverlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Está enfermo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No... Sí... En fin, es difícil de explicar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna jugueteó unos segundos con su bufanda. Finalmente sugirió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué no lo llevas con Amalaide? Quizás pueda aconsejarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Dijiste que me cuidara de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica frunció el entrecejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es verdad. Pero a veces no hay más remedio que consultarla. Es probable, incluso, que no te guste lo que ella diga; sin embargo, si algo malo te está dificultando el avance, Amalaide te ayudará a sortearlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué será que no me estás haciendo sentir mejor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna le puso una mano en el hombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque así es la vida. Las cosas no salen como uno quisiera. Ve a hablar con Amalaide. Esta noche, cuando las antorchas de su carromato estén encendidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Alguna otra recomendación?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sólo una: no llames a su puerta, ella te recibirá cuando sea el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon estuvo a punto de decir algo, tal vez que sería mejor posponer la visita, pero Tyanna no se lo permitió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Debo irme ahora —anunció la muchacha—. Me toca el primer turno de guardia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se perdió en la nevada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico se quedó allí de pie, con las manos en los bolsillos y una mirada de desolación. ¿Por que tenía que ser todo tan complicado? Maldiciendo para sí, volvió al carromato. Eles seguía tal como lo había dejado; Kaylon trató de no fijarse en él, pero igualmente lo invadió una oleada de compasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, tenía que hacer lo posible para reanimarlo. De lo contrario, más le habría valido sacrificarlo cuando Orantos se lo propuso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las tres de la madrugada, antes de su guardia, el muchacho cargó con el ave y se dirigió al carromato de Amalaide. Su corazón latía con fuerza y le sudaban las manos dentro de los guantes. Eles, habiendo recobrado por el momento su anterior vitalidad, estaba tenso y apretaba sus garras sobre los brazos de Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tranquilo, amigo —susurró el chico, aunque a él mismo le costaba mantenerse en pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las antorchas del carromato ardían débilmente, pero a medida que Kaylon se aproximaba las llamas fueron creciendo más y más, hasta convertirse en salvajes columnas rojas que amenazaban con escapar de su soporte hacia las estrellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo las ruedas había hierba y flores blancas. Algunos zarcillos trepaban por los gruesos radios como serpientes; el rocío que impregnaba sus hojas aterciopeladas multiplicaba por mil el brillo del fuego. Mientras el muchacho contemplaba el fenómeno, dos pimpollos desplegaron sus pétalos al gélido aire nocturno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto Kaylon se sintió muy asustado, porque dentro de ese carromato se hallaba una criatura a todas luces sobrenatural. Aún podía engañarse a sí mismo y dudar de las cualidades del águila, pero en este otro caso era demasiado obvio. Y aunque el poder de dicha criatura no fuera de carácter maligno, igualmente le infundía una especie de miedo atávico a lo desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al chico lo embargó la certidumbre de que allí dentro lo esperaba una revelación que todavía no estaba preparado para afrontar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se paró a medio metro de la puerta. Todo su ser lo exhortaba a huir, por más que se sintiera atraído hacia la enigmática fuerza que contenía aquella simple estructura de madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Kaylon no estaba ahí por interés propio, sino a causa de Eles. Era el águila quien importaba, y por el águila tendría que superar su miedo. El muchacho respiró hondo y entonces la puerta se abrió. Kaylon subió los dos escalones y traspasó el umbral con la sensación de que sus pies no tocaban el suelo. Al tiempo que sus pupilas se adaptaban a la penumbra, la puerta se cerró sin que nadie la tocara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A primera vista el interior del carromato parecía cualquier otro lugar, puesto que una densa bruma lo llenaba. Un pequeño insecto pasó volando frente al muchacho, una polilla, quizás, o una luciérnaga, que se internó en la bruma seguido de un tintineo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Adelante, siéntate —dijo una voz de mujer, con un timbre tan peculiar que hizo pensar al muchacho en el eco del viento que sopla en una caverna, por pasajes laberínticos como los que él había transitado con el inventor. Kaylon obedeció y se tendió sobre el piso alfombrado. Luego depositó a Eles sobre una de sus piernas, dejando una mano sobre su lomo para reconfortarlo o que la rapaz lo reconfortara a él. Desde luego, el animal no era el más nervioso de los dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amalaide apareció ante ellos como una vaharada de perfume, un revoloteo de gasas y un rumor de pies descalzos sobre la alfombra. Tal como en la ceremonia de la cacería, llevaba una máscara, en esta ocasión cubierta de plumón celeste y polvo de oro. Este objeto sí tenía aberturas para los ojos, pero a través de ellas se veían sendos puntos de luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer se sentó delante del chico, depositando entre ambos un recipiente de cristal lleno de agua hasta el borde. Una de sus delgadas manos flotó sobre el líquido igual que una paloma; casi al instante empezó a surgir del agua un vapor blanquecino que se sumó a la bruma existente, y a través del cual el resplandor de los ojos de Amalaide se encendía y apagaba y daba vueltas en remolino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quise conocerte el día que llegaste a nosotros —dijo la mujer—. Te llamé y me escuchaste, pero mi niña huérfana no te dejó venir. No la culpo, pero ahora pienso que es una lástima que hayamos perdido esa oportunidad para hablar. Habría cambiado muchas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon abrió la boca pero no pudo articular ninguna frase coherente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te preocupes —dijo ella—, sé por qué has venido: tu ave se está muriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las pequeñas plumas de la máscara se movieron derramando chispas doradas, o tal vez fuera un efecto de la bruma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hasta hace un tiempo tenías muy claro cuál era tu camino, pero ahora ya no estás tan seguro, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No —musitó el chico. Amalaide tocó con un dedo la superficie del agua y una miniatura del sol ascendió por el vapor hasta colocarse a la altura de la mirada del muchacho. Por delante de la esfera ígnea se cruzaron unas sombras: siluetas de rapaces planeando en lo alto del cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tú no lo sabías —continuó la mujer—, pero estabas llevando a Eles hacia el este, hacia el mundo donde las águilas cantan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Las águilas no cantan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No todas las cosas son idénticas en todos los mundos. Te lo explicaría con mayor detalle si mis conocimientos no se detuvieran en el portal que conduce al otro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles observaba hipnotizado las figuras que describían espirales frente a él, queriendo sin duda unírseles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hasta que llegaste aquí todo iba bien, pero entonces te atrapó el círculo de los errantes. Ahora estás dividido entre dos opciones: continuar en el círculo o salirte de él y volver al sendero que el destino había señalado en primer lugar para ti. Por desgracia, estas alternativas son excluyentes. Es una o la otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué debo hacer? —dijo Kaylon. Tenía un nudo en la garganta. Amalaide agitó el vapor con sus manos; sol y sombras se esfumaron para dar sitio a las palabras de Orantos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;—No lo sé, Kay, y no puedo aconsejarte. Es tu camino, tu decisión.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho dio un respingo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tu amigo tenía razón, pese a que no necesitas el artefacto que él te dio; en tus ojos se vislumbran los caprichos del firmamento, en los astros el correr del día y en tu corazón la respuesta a tu pregunta: la dirección de tus pasos. Ya sabes cuál es, ¿cierto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, lo sé —suspiró el chico, dejando caer sus hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Debo advertirte, sin embargo, que tu elección tiene consecuencias. Si te quedas, sacrificarás al águila; si te marchas, sacrificarás lo que has logrado aquí. Pero eso es tan sólo lo más evidente: el destino tira de los hilos en más de una forma, y el precio por tus actos puede ser muy elevado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y no hay una recompensa? ¿O sólo he de perder?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz del chico sonó estrangulada. Con razón Tyanna le había dicho que se cuidara de Amalaide...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La recompensa vendrá si te mantienes fiel a ti mismo y a los que dependen de ti. Nunca olvides el motivo de tu decisión; mantén la vista en la meta y no flaquees. Solamente así llegarás al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon bajó la mirada. Estaba mareado y la cabeza le daba vueltas con un sinfín de interrogantes para las que no creía que hubiera solución. Así pues, optó por no formularlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiéndose acabado el agua, dejó de fluir vapor. Las manos de la mujer colocaron junto al recipiente la máscara emplumada; llevado por la curiosidad, el muchacho contempló la faz de Amalaide.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su rostro era bello, joven y viejo al mismo tiempo, de tez clara. Lo rodeaba una aureola de cabello plateado, fino como hebras de telaraña. Pero sus ojos carecían de iris. Eran totalmente blancos, ciegos como la luna. El chico sintió un escalofrío, pese a que la expresión de la mujer era bondadosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tus amigos te esperan —dijo ella—. No desperdicies su compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon asintió y salió del carromato, tosiendo un poco. Tenía un gran vacío en el pecho y le palpitaban las sienes; apenas notó lo frío del ambiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardó unos minutos en comenzar a andar. Con el aire de un condenado, se dirigió al puesto de guardia tras dejar a Eles en su percha. Trató de disimular su pesadumbre antes de llegar a la plataforma; sin embargo, a Dorcai le llamó la atención que estuviera tan silencioso y alicaído. El chico no le dio explicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocupado con sus propios pensamientos, no vio cuando Tyanna salió de detrás del carromato de Amalaide después de que él lo dejara. La muchacha, húmedas sus mejillas a causa de las lágrimas, también había tomado una decisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-4912298741858728654?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/4912298741858728654/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-26.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/4912298741858728654'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/4912298741858728654'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-26.html' title='La canción del águila (26)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-5614788548152895445</id><published>2012-02-08T15:18:00.000-02:00</published><updated>2012-02-08T15:18:09.141-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (25)</title><content type='html'>Las nevadas comenzaron en la cuarta semana del invierno. La tribu se había instalado cerca de una pequeña ciudad, y aunque en la misma la vida era bastante agitada, bajo las blancas y heladas coníferas que la delimitaban reinaba una calma en extremo agradable. Los días cortos hacían que las tareas diarias consumieran menos tiempo, y en las horas de oscuridad los errantes se dedicaban a charlar en los caldeados carromatos o a la elaboración de ropa y artesanías. Hacía frío pero no era muy intenso; raras veces había tormentas y la capa de nieve nunca superaba el tobillo. En suma, el tiempo era excelente considerando la estación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon iba de un lado a otro, contento con sus quehaceres. Puesto que las jornadas de cacería no tenían mucho sentido con los animales ausentes o hibernando, había vuelto a ocuparse de los caballos; de vez en cuando, no obstante, montaba guardia con Dorcai por las noches, encaramado a una plataforma de madera sobre la copa de un árbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las guardias eran una novedad para él: se hacían en turnos de tres horas, supuestamente para proteger el campamento de los lobos o los saqueadores. Hasta el momento no había ocurrido nada, pero el muchacho concordaba con los errantes en que más valía prevenir que lamentar. Como fuera, le gustaba estar despierto cuando el resto del campamento dormía, conversando con sus compañeros en voz baja acerca de cualquier cosa, bien envuelto en su capa de piel de aulonte y con una bebida caliente en las manos. A veces llevaba a Eles, a veces no. En ocasiones era Dorcai quien cuidaba del águila la mayor parte del día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me parece que Eles no está bien —le dijo el hombre a Kaylon una madrugada, al principio de su vigilia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿A qué te refieres? Yo no le veo nada raro —replicó el muchacho, quien por alguna razón no quería hablar de ese asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No estoy seguro de qué es lo que tiene —siguió Dorcai, pensativo—. Come con apetito, su plumaje está sano... pero aun así me da la sensación de que se está desvaneciendo como la luna menguante. Mi madre diría que tiene una enfermedad del espíritu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai se arrebujó en su abrigo antes de continuar. Solía ser un poco lento cuando se trataba de expresar conceptos profundos; había que darle unos minutos para escoger las palabras adecuadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Dime, Kay, ¿alguna vez has visto a alguien dejarse morir? ¿Alguien que ha perdido a un ser amado, o que simplemente ya no tiene motivos para aferrarse a la vida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico asintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, pues eso es lo que me viene a la cabeza en presencia de tu águila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon hizo un gesto de desdén con la mano, pero evitó mirar a su amigo cuando dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eles está triste por el invierno. O más bien letárgico. Los animales no se deprimen como las personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai suspiró y permaneció callado, ya fuera porque se había dejado convencer o porque entendía que el chico no deseaba creerle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hola, muchachos —dijo Tyanna al asomar en la plataforma. Ambos varones se sobresaltaron, pues no la habían escuchado subir por la escalera—. Caray, qué caras tan sombrías. Espero que esto les levante el ánimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué es eso? —preguntó Dorcai, señalando el paquete que la joven acababa de depositar sobre las tablas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tu madre preparó unos bocadillos. Buen provecho —les deseó la joven antes de iniciar el descenso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi madre te aprecia mucho —dijo Dorcai, pero la muchacha ya había saltado de la escalera y no se dio por enterada. El errante suspiró nuevamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La quieres, ¿no es cierto? —preguntó Kaylon de pronto, sintiendo un chispazo de algo que podían ser celos o envidia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai se mesó el cortísimo cabello, que se había dejado crecer para que no le picara su gorra de lana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, la quiero. La he querido desde el día en que la vi. Tarde o temprano le pediré que se case conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico resolvió cambiar de tema, pero Dorcai lo sorprendió al decir, aunque más para sí mismo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sin embargo, no creo que acepte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y eso por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque... porque ella no permite que nadie se le acerque desde que murió su familia. O desde que murió su hermano, para ser exactos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué sucedió con todos ellos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre moreno escrutó a Kaylon antes de proseguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te lo ha contado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, te diré lo que sé, pero promete que no lo divulgarás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo prometo —dijo Kaylon. La oscuridad y el silencio se arrimaron a ellos para escuchar el secreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De lo principal me enteré por boca de otros. Hace siete años, la tribu de Tyanna fue atacada por una banda de mercenarios. En alguna parte del camino la caravana había encontrado un yacimiento de ópalos. Ya sabes qué poco nos importan esas cosas, pero sirven para intercambiarlas con los estáticos, así que la tribu se llevó las gemas. Pues bien, cuando la noticia de su existencia se esparció, alguien contrató a los mercenarios y éstos atacaron la caravana. Se llevaron &lt;i&gt;todos&lt;/i&gt; los objetos de valor, no sólo las piedras preciosas, y no conformes con eso, quemaron el resto. Mataron a más de la mitad de la tribu sólo por el placer de causar daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El errante hizo una pausa en su relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Los padres de Tyanna sobrevivieron, pero no su hermano. Aquellos que pudieron escapar se unieron a esta tribu. Es por eso que, desde ese día, el centro de nuestra ruta es el lugar donde ardieron sus carromatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aún no comprendo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo sé. Déjame terminar. Los padres de Tyanna fueron víctimas de la gripe al año siguiente. Recién entonces ella empezó a hablar de nuevo. Yo era sólo un muchacho, pero me pareció que les había estado ocultando algo a ellos. Mucho después conseguí sonsacarle parte de la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez el errante se demoró tanto que Kaylon temió que hubiera decidido no compartir la información. Pero Dorcai siguió hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El día del ataque, un mercenario los persiguió a ella y a su hermano. Él se quedó atrás; ella no regresó para ayudarlo y lo mataron. Tyanna jamás pudo superar eso. Yo creo... creo que tiene miedo de fallarle a alguien más. Por eso le cuesta tanto amar a las personas que se preocupan por su bienestar. Y supongo que por lo mismo te eligió a ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué quieres decir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quiero decir que su corazón ha estado contigo desde que te encontramos en el bosque. Quién sabe, tal vez ustedes dos terminen juntos. Cuando ella se dé cuenta de que no eres su hermano y a ti te crezca la barba, por supuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estás loco —replicó Kaylon. La afirmación de Dorcai se le antojaba ridícula, aunque después de escuchar su historia, entendía mejor por qué Tyanna era como era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ojalá estuviera chiflado —musitó su interlocutor con aire melancólico—. Así podría albergar alguna esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oye... eh... Creo que lo que preparó tu madre huele bien. ¿Qué tal si lo probamos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai intentó sonreír y casi lo logró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, buena idea —dijo, y los dos comieron los bocadillos en su puesto sobre la plataforma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue sino hasta mediados del invierno que Kaylon volvió a pensar en el mal que aquejaba a Eles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-5614788548152895445?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/5614788548152895445/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-25.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/5614788548152895445'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/5614788548152895445'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-25.html' title='La canción del águila (25)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-7655800360790564315</id><published>2012-02-07T15:30:00.002-02:00</published><updated>2012-02-07T15:30:33.309-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (24)</title><content type='html'>Media hora más tarde, el territorio que dominaba la cantera se había convertido en una zona de faena. Desde todas partes llegaban personas para colaborar en la sucia tarea de desollar y carnear a los aulontes, tal que el paisaje mostraba ahora un aspecto definitivamente macabro. Sin embargo, la gente se veía feliz. Nadie había muerto, el botín era abundante y los aulontes tardarían unos años en volver a ser una plaga para los cultivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Kaylon lo habían hecho sentarse a descansar. Estaba ensangrentado de pies a cabeza (casi todos lo estaban), y lo que más le apetecía era darse un buen baño caliente. Dado que ello no era posible, se conformó con quitarse la armadura, desde las placas de las piernas hasta su casco de cuero acolchado. A pesar de los golpes y magulladuras, reconocía que había tenido mucha suerte. Lo mismo le dijo Dorcai mientras le servía algo de beber.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un rato empezó a fijarse en los demás, y descubrió que aquellos que lo habían visto matar al aulonte lo observaban de lejos en forma extraña. Al chico le hizo gracia; era como si esperaran que se prendiera fuego o algo así de inverosímil. De hecho, a él mismo no le entraba aún en la cabeza la magnitud de su acción. Tenía que haber sido obra de alguien más, no suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna se sentó a su lado. Traía en sus manos un recipiente lleno de agua que entregó al muchacho; éste, agradecido, se lavó la cara y los brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo que hiciste fue muy audaz —empezó la joven—. Y muy estúpido, también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo, no se repetirá —bromeó Kaylon—. Dorcai ya me echó una reprimenda; a ver qué dice Romus cuando se entere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha resopló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hablo en serio —dijo—. Salvaste mi vida, ¿lo sabías?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon bajó la cabeza, sin contestar. No se le ocurría ninguna respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero si te hubiera pasado algo, jamás me lo habría perdonado —continuó ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué iba a hacer? —replicó el chico, enfrentando la mirada de la joven—. ¿Quedarme en mi lugar mientras el aulonte te aplastaba?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No quise decir eso. Lo que quise decir es... que yo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué? —preguntó Kaylon. Estaba exhausto y esa conversación no era de mucha ayuda. Entonces Tyanna se inclinó sobre él y le dio un beso en la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias. Te debo una —dijo la muchacha, y se retiró antes de que Kaylon pudiera recuperar el habla; de repente el beso de Tyanna se había convertido en el acontecimiento más inusitado del día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Caramba! —exclamó Satis al tiempo que ocupaba el lugar de la joven—. Como diría mi primo, eso sí que fue &lt;i&gt;intenso&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo que tú digas —murmuró Kaylon, ausente, mientras se frotaba la mejilla con el dorso de los dedos. Satis chasqueó los suyos frente a la cara del chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Despierta, soñador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué pasa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tu hazaña de hoy fue espectacular, de veras. Más tarde te pondremos en un pedestal o algo así. Entre tanto, si te sientes en condiciones, ¿podrías darnos una mano con los caballos? Hay algunos heridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon tardó un minuto más en espabilarse. A falta de una mejor alternativa, y como en realidad necesitaba ocupar su mente en algo, accedió a la petición del joven rubio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el camino se cruzaron con dos errantes que llevaban a otro en una camilla: era Mic.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Déjenme bajar! —gritaba éste—. ¡Ya les dije que mi brazo no está roto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como para afirmar lo contrario, el pelirrojo lanzó un gemido cuando uno de los portadores tropezó, provocando una sacudida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ten más cuidado, imbécil! —gritó Mic—. ¿No ves que tengo un brazo roto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te preocupes por él —le dijo Satis a Kaylon—. Amalaide lo dejará como nuevo. Vamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atender a los caballos y regresar al campamento les llevó el resto de la tarde. También requirió toda la tarde despejar el escenario de la cacería, aunque la sangre tardaría un poco más en desaparecer. Kaylon se despidió para ir a darse su tan ansiado baño y ponerse ropa limpia. Al terminar sintió ganas de dormir, pero después de alimentar a Eles, a quien la carne de aulonte le pareció un manjar, se acordó de que lo esperaban en la fiesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La celebración estaba en su apogeo cuando el chico hizo acto de presencia. Mic fue el primero en divisarlo, y pasándole por los hombros el brazo que no estaba envuelto en vendas, lo arrastró hacia la mesa de los cazadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Miren, muchachos, acaba de llegar el hombre del momento! Siéntate, Kay, estábamos a punto de brindar por ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los errantes levantaron al cielo sus jarras de cerveza y las entrechocaron. Kaylon, ruborizado hasta las orejas, sonrió a pesar de su reticencia. Más aún: aunque poco antes había dicho que no quería saber nada de comer aulonte, ahora que las piezas estaban en el asador el chico tuvo que admitir que despedían un aroma delicioso. Su estómago comenzó a gruñir, así que aceptó gustoso su propia jarra de cerveza. Ya estaba un poco achispado cuando Dorcai, Mic y Satis lo rodearon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Feliz cumpleaños, Kay —dijo el errante moreno, tomando la mano de Kaylon y depositando algo en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, feliz cumpleaños —corearon ambos primos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico abrió la mano. En ella relucía un colgante de metal: el símbolo de la tribu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora eres uno de los nuestros —anunció Dorcai, en un tono que hizo que Kaylon casi se echara a llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oigan... esto... es maravilloso... gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tu elocuencia me deslumbra, amigo mío —dijo Mic. Él también parecía a punto de llorar, aunque más bien a causa de la cerveza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, ya basta, ustedes dos —gruñó Dorcai—. Como se pongan sentimentales voy a vomitar hasta las tripas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cuatro jóvenes rieron, momento en que empezó la música. Los miembros de la tribu se reunieron en torno a la hoguera, cantando y zapateando. Kaylon y sus amigos hicieron lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio del baile, Tyanna agarró al chico por el brazo y lo alejó de la multitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Veo que ya te dieron tu regalo —observó la joven, señalando el colgante metálico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí... y me alegra ser parte de la tribu —confesó el muchacho—. Hace tiempo que lo deseaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te lo mereces. Sin embargo, tengo algo más para ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon parpadeó. Tyanna le entregó un segundo colgante: éste era de hueso, con forma de aulonte. La cinta consistía en un mechón de pelo tejido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está hecho con la barba y huesos del animal que derribaste —informó la muchacha—. Lo mandé tallar para que nadie olvide lo valiente que eres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho recorrió con los dedos el objeto, sorprendido por la fuerza que le transmitía. Era como si la vida del animal permaneciera en aquellos elementos que habían formado parte de su organismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ordené además que te confeccionen una capa con la piel del aulonte —agregó Tyanna—. Para el invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te lo agradezco mucho —dijo el chico, volviendo a ruborizarse—. Esto... bueno... yo también tengo algo para ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez fue Tyanna la sorprendida. Kaylon le dio lo que había preparado para ella: un adorno fabricado con pequeñas cuentas de madera y plumas de Eles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se me ocurrió... en fin, que... que haría juego con tu cabello —tartamudeó el muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna, halagada, tomó su regalo y lo ató en la punta de una de sus trenzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Vaya, sí que eres galante! Anda, no nos quedemos aquí plantados. Esto es una fiesta, ¿o no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon asintió y juntos se unieron a la diversión. Para el chico resultó el cierre perfecto de un día estupendo: después de su victoria sobre el aulonte, el brindis y su ingreso definitivo a la tribu de errantes, ver por encima del fuego el rostro de Tyanna que lo contemplaba sonriendo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-7655800360790564315?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/7655800360790564315/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-24.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7655800360790564315'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7655800360790564315'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-24.html' title='La canción del águila (24)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-9038353758599987164</id><published>2012-02-06T17:45:00.000-02:00</published><updated>2012-02-06T17:45:09.295-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (23B)</title><content type='html'>Frente a la cantera se desarrollaba una verdadera batalla. Los cazadores, de a tres o cuatro, se enfrentaban a los aulontes, demostrando su habilidad con las armas y la osadía propia y de sus monturas. Los aulontes, por otro lado, no se amilanaban ante las lanzas, pero mientras atacaban a un jinete, otros hombres aprovechaban la ocasión para matarlos. El riesgo, no obstante, era igual para ambas partes, y de no haber sido porque los caballos eran rápidos y estaban cubiertos por armaduras similares a las de sus dueños, muchos de ellos habrían resultado gravemente heridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre la confusión general, el chico buscó a sus conocidos. Localizó a varios, y no pudo menos que sentirse orgulloso de su coraje y destreza. Las originales maniobras de Mic y Satis, sobre todo, llamaron su atención: ambos se movían como si cada uno captara los pensamientos del otro, y dos aulontes muy voluminosos perdieron la vida bajo sus lanzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alerta por si alguien llegaba a necesitarlo, el muchacho continuó observando la escena. De pronto vio a Tyanna, que con la ayuda de dos campesinos trataba de confundir a un aulonte especialmente malhumorado, pero lo distrajo algo todavía más interesante: el líder de la manada se había alejado de sus atacantes, dando la impresión de que iba a llamar a su ejército a una prudente retirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los habitantes locales, de quien Kaylon opinaba que tenía un ego muy inflado, se separó de su equipo y atacó por su cuenta al aulonte antes de que éste pudiera congregar a los suyos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mala idea. Mala idea —murmuró el muchacho, recogiendo su ballesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El campesino, en pleno galope, dirigió su lanza al cuello del aulonte manchado. De haber logrado lo que pretendía, lo habría liquidado, pero el animal adivinó sus intenciones y se plantó frente al cazador. Luego de eso, increíblemente, se desplazó hacia un lado, atrapó la lanza con los dientes y la partió en dos. El hombre salió despedido y se estrelló contra el pasto revuelto; su caballo, viéndose libre, puso pies en polvorosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el otro extremo del campo visual de Kaylon, Tyanna golpeó de frente a su aulonte, clavándole la punta de su lanza en la cabeza. Dicha lanza también se partió, pero la muchacha ya se había quitado de en medio cuando el aulonte trastabilló, cayó sobre su costado y rodó por el suelo dejando un surco en la tierra reblandecida. Tyanna bajó de su caballo para rematar al aulonte, presa en ese instante de violentas convulsiones, a la vez que sus colegas se interponían entre ella y un segundo aulonte que había visto desplomarse a su congénere y se acercaba para vengarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al campesino, mientras tanto, no le iba nada bien. El aulonte líder lo había perseguido hasta un árbol, al que el hombre había trepado igual que un simio. Uno de los cuernos del aulonte casi le arrebató el pie, pero sólo le rompió la bota. De todas maneras, el sujeto gritó pidiendo ayuda. Kaylon sintió pena por él; el aulonte, en cambio, se ensañó con el árbol, haciendo saltar la corteza con sus cuernos, quebrando las ramas bajas y desprendiendo sus raíces. El pobre infeliz encaramado en la copa se sujetaba como si su vida dependiera de ello (lo cual era verdad), y chillaba y lloriqueaba en forma patética. Por fortuna, tres errantes estaban acudiendo a su llamado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El árbol no tardaría en caer. El chico consideró las opciones y resolvió darle una mano al campesino; bastaría con dispararle al aulonte para que lo siguiera hasta los cazadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hizo que Nela bajara del promontorio, pero entonces ocurrió algo inesperado: cuando Tyanna degolló a su aulonte, éste profirió un terrible mugido que llegó a oídos de su líder. El animal manchado decidió que el hombre del árbol ya no importaba; no importaba nada, salvo aquella desgraciada criatura que yacía en el piso y la hembra humana que le había causado dolor. La gran bestia dio media vuelta y se lanzó a la carga sobre la muchacha, con la cabeza baja y los ollares dilatados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon apenas tuvo tiempo de ponderar la nueva situación. Tyanna estaba de espaldas y no vería al aulonte hasta que fuera demasiado tarde. Los cazadores se hallaban más cerca del árbol que de ella. Él era el único que podía intervenir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico espoleó a Nela varias veces, exigiéndole que corriera como nunca antes había corrido. El aire, que tenía un horrible sabor metálico, le despejó la frente y le hizo entrecerrar los ojos. Nela y el aulonte se precipitaron hacia el mismo punto como atraídos por una fuerza magnética, aunque la bestia gris no había visto aún al muchacho y su yegua, por estar pendiente de Tyanna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nela estaba a punto de cruzarse en el camino del aulonte. Kaylon sabía que si fallaba, Tyanna moriría, así que se concentró en el tiro que habría de efectuar. Usando ambas manos, levantó la ballesta y apuntó. La yegua dio un largo salto, pasando por delante del líder de los aulontes. Kaylon disparó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La flecha recorrió apenas unos metros en lo que dura el aleteo de un pájaro, pero al chico le pareció un lapso inacabable. Le bastó para soltar la ballesta, volver a aferrar las riendas y afianzarse sobre la silla para no caer cuando Nela terminara su salto; en ningún momento dejó de mirar sobre su hombro, hacia el aulonte y la saeta que había disparado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La punta de la flecha rozó la protuberancia en la nariz del aulonte, rasgando la piel, y fue a insertarse en su ojo derecho. El aulonte, bramando, se desvió hacia el lado herido, pasando a menos de un palmo de Tyanna, quien ya se estaba arrojando en la dirección contraria. El animal perdió el equilibrio y derrapó sobre el charco de sangre que había fluido del animal degollado... pero se levantó de inmediato, y aunque sólo le quedaba un ojo, su mirada alcanzó al muchacho y lo marcó como su nuevo objetivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon dirigió a Nela hacia los cazadores, pero una cría extraviada se interpuso y alteró sus planes. De pronto era un árbol lo que tenía enfrente, el mismo árbol del que pendía el atolondrado campesino. Al trazar la yegua una curva, había permitido al aulonte acortar distancias, tal que sus cuernos rozaban las patas traseras del equino. El chico comprendió que Nela no podría con todo: su peso y el de ambas armaduras, el terreno desparejo y el cansancio por el esfuerzo que la había obligado a realizar. Tenía que dejarla ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho se paró con las piernas flexionadas sobre la silla de montar. Nuevamente tuvo sólo unas décimas de segundo para actuar: al llegar a la sombra del árbol, se impulsó hacia arriba y cerró sus dedos sobre la rama más próxima, permitiéndole a Nela seguir adelante con su carga aligerada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un seco "¡crac!", la rama se partió. El chico se balanceó en el aire, desesperado, pensando que si llegaba al piso lo siguiente que sentiría serían las patas del aulonte sobre su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero se equivocaba. Lo recibió un lecho de lana apelmazada. Se agarró a ella por puro instinto, y si aún no se había dado cuenta de que se encontraba sobre el cuello del aulonte, un bramido del animal bastó para ponerlo al tanto de su posición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olvidada la yegua, el aulonte pasó bajo el árbol y se puso a corcovear, tratando de librarse del muchacho que apenas podía mantenerse en su sitio. Uno de los mechones de lana se desprendió dejando al chico colgando de una mano. Otro salto del aulonte hizo que casi saliera volando; Kaylon, no obstante, tenía bien agarrado el otro mechón, y al contactar de nuevo con la mole del aulonte, se asió por segunda vez con la mano libre y pasó una de sus piernas por los cuernos del animal. Su rostro estaba medio hundido en la lana de la criatura, de modo que podía percibir su olor: una mezcla de polvo, grasa y almizcle. Doblando la rodilla para anclarse mejor, Kaylon buscó con su diestra el cuchillo que pendía de su cinturón. El aulonte, mientras tanto, continuaba dando unos brincos enloquecidos; si llegaba a caer de costado o de espaldas, aplastaría al muchacho bajo sus carnes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mano de Kaylon llegó hasta el cuchillo y lo sacó de su funda. Si lo perdía ahora, podía darse por muerto. Utilizando la última reserva de energía que le quedaba, el muchacho se dejó resbalar por el cuello del animal; ahora sólo sus tobillos cruzados evitaban que se soltara de los cuernos del aulonte, aunque su otra mano seguía aferrada a la gruesa lana de la bestia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico clavó el arma casi a ciegas. Tirando hacia él, abrió un largo y profundo tajo que seccionó la yugular y la carótida del animal, cuya sangre brotó en un chorro de más de un metro. El aulonte rugió, saltó y se sacudió, todo al mismo tiempo. Los tobillos de Kaylon se zafaron; su cuerpo se deslizó por el costado del animal hasta que sus pies apuntaron al pasto. Sin pensar en lo que hacía, desprendió el cuchillo y volvió a clavarlo en el aulonte, usándolo para sostenerse. El cuchillo cortó cuero y músculo y terminó por atorarse en algún hueso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no podía sujetarse, se había quedado sin fuerzas. Aprovechando uno de los corcoveos del animal, Kaylon apoyó los pies contra él y se propulsó con las piernas, soltando lana y cuchillo a la vez que cerraba los ojos, deseando aterrizar en cualquier parte con tal de que fuera bien lejos del aulonte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tocó tierra en una zona bastante limpia. El chico se dejó llevar por la inercia, pegando los brazos contra su cabeza para protegerse, y luego trató de frenar lo más suavemente posible. Recién cuando dejó de moverse levantó la cabeza y se atrevió a mirar en derredor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El suelo tembló bajo él con un sonido de trueno. El aulonte, desangrado, se había desplomado al fin. Tambaleándose al principio, el muchacho se levantó y caminó hacia el animal para asegurarse de que ya no era una amenaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Echado sobre uno de sus lados, el aulonte exhaló su postrero aliento. Su ojo remanente, grande y negro, permaneció abierto, pero la brillante córnea se secó rápidamente. El chico cubrió con los párpados grises el órgano que había dejado de funcionar para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon apoyó las manos sobre sus rodillas, jadeando. Aún no podía creer que hubiera sobrevivido, ni se había dado cuenta de que la cacería había terminado. No tenía forma de saber que durante los últimos dos minutos todos los presentes habían estado contemplando su lucha contra el aulonte, muchos de ellos buscando en vano la forma de auxiliarlo. Sólo sabía dos cosas: el animal estaba muerto y él seguía con vida. Con eso tenía suficiente, al menos por el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien se colocó junto a él mirando al aulonte con una expresión de asombro en la cara. Entonces la voz de Dorcai dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No puedo creerlo. Sencillamente no puedo creerlo. Hiciste todo lo que te dije que &lt;i&gt;no&lt;/i&gt; hicieras. ¡Y mira el resultado! Kay, amigo, no vuelvas a hacerme caso jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Eso... es una crítica... o un cumplido? —balbuceó el muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No necesitó que el errante le contestara, porque otros habían llegado hasta ellos y vitoreaban con ganas. El muchacho recordó entonces por qué se había metido con el aulonte en primer lugar y buscó a Tyanna entre los cazadores. Sí, ahí estaba ella, aplaudiendo con los demás y sonriendo ampliamente. A cierta distancia también se hallaba Nela, ilesa y mascando hierba con fastidiosa parsimonia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon suspiró de alivio, y cuando Dorcai y otros dos hombres lo alzaron en vilo, se le ocurrió que nunca en su vida se había sentido tan bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-9038353758599987164?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/9038353758599987164/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-23b.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/9038353758599987164'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/9038353758599987164'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-23b.html' title='La canción del águila (23B)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-1370903735353361644</id><published>2012-02-06T17:43:00.000-02:00</published><updated>2012-02-06T17:43:11.542-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (23A)</title><content type='html'>El campamento revivió antes de la salida del sol. Había mucho que hacer: equiparse para la ocasión, alistar los caballos, recoger las armas y cabalgar hacia la manada de aulontes. La tribu entera desbordaba excitación, y los errantes se saludaban con sonrisas nerviosas y palabras de ánimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon despertó con la sensación de que su cuerpo se hallaba en un perfecto estado de funcionamiento, como si todas sus partes se hubieran regenerado por la noche. Una corriente de energía transitaba a lo largo de sus miembros y emanaba por los poros de su piel en forma de calor. Dorcai, quien estaba ya a medio vestir, le hizo un gesto amistoso al tiempo que se ponía las botas. Se veía tal como Kaylon se sentía por dentro: capaz de agarrar a un aulonte por la cola y arrojarlo por los aires con la ayuda de un buen revoloteo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una por una el chico se colocó las prendas que le habían entregado para la cacería; constituían una buena armadura, con varias piezas de metal y cuero grueso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es la mayor protección que podemos darte —le había dicho Dorcai mientras le explicaba qué era cada cosa—. Sin embargo, lo principal corre por tu cuenta, o sea: no te caigas del caballo, no te interpongas entre un cazador y su objetivo, y lo más importante, &lt;i&gt;manténte a distancia de los aulontes&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon no necesitó que le repitieran esto último. Estaba muy consciente de que, con armadura o sin ella, quedaría reducido a una masa de huesos triturados si alguno de los animales le pasaba por encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un desayuno ligero, el chico siguió a Dorcai fuera del carromato, pero lo detuvo en la puerta un chillido. Kaylon volvió sobre sus pasos y acarició el pecho del águila. La expresión del ave era conmovedora, como la de un perrito abandonado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No puedo llevarte, Eles —dijo el muchacho—. Es demasiado peligroso. Yo estaré bien, no te preocupes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rapaz le picoteó los dedos a través del guante. Kaylon retiró la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento, pero tienes que quedarte. Volveré pronto. Lo prometo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un ramalazo de culpa aguijoneándole el corazón, el muchacho cerró la puerta del carromato y corrió para alcanzar a Dorcai, quien ya se estaba impacientando. Los dos se reunieron con el resto del equipo, más o menos unos cincuenta errantes, y partieron a buena velocidad. Por el camino se les unieron cazadores provenientes de los alrededores, con lo cual el número de la compañía se duplicó. De allí en más siguieron a uno de los pueblerinos hasta la localización actual de la manada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los aulontes se habían instalado casi en el mejor lugar posible. Se suponía que había que llevarlos hasta una cantera donde las bestias no tendrían forma de escapar excepto por un estrecho corredor. Conociendo el comportamiento de los aulontes, las hembras con sus retoños serían los primeros en fugarse, mientras que los machos más grandes se quedarían en la retaguardia, defendiendo el acceso a la salida. Lo cual era, justamente, lo que convenía a los cazadores, pues eran los machos adultos quienes habrían de caer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, la manada estaba a orillas de una laguna, a menos de cinco minutos de la cantera. Esto facilitaba muchísimo las cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los humanos se dividieron en siete grupos: cuatro de cazadores y otros tres, menos numerosos, que actuarían como señuelo. Kaylon formaba parte de uno de estos tres grupos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciñéndose al plan acordado, los cazadores se dirigieron hacia la cantera. Los demás se aproximaron lo más posible a la laguna y aguardaron en silencio, evitando ser detectados prematuramente. Tanto los caballos como sus jinetes temblaban por la expectativa; a más de uno le costaba controlar su respiración acelerada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viéndolos beber en perfecta calma, resultaba difícil creer que esas bestias tuvieran espíritu de combate en sus venas. Parecían más bien vacas sobrealimentadas, pero Kaylon no dudaba de los relatos de sus amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te sorprenderá lo repentino de su cambio de conducta —habían sido las palabras de Satis—. En un momento están ahí, tumbados sobre el pasto en actitud indolente, y al momento siguiente los tienes sobre ti, echando vapor por la nariz y chispas por los ojos, y con sus cuatro cuernos apuntando a tu pecho. Creo que ésa es otra de las funciones de la cacería: recordarles a los aulontes cuál es su verdadera esencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde su refugio, el chico podía vislumbrar la mayor parte de la laguna. Los animales se turnaban para saciar su sed o bañarse, mientras que a pocos metros las hembras acicalaban a sus hijos. Éstos eran casi bonitos, con sus cabezas sin cuernos cubiertas de rizos, pero hasta el más pequeño de ellos no era menor que un ciervo maduro. Algunas de las crías retozaban juntas, y los topetazos que se daban no eran precisamente gentiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí y allá los machos vigilaban. En ellos sí se percibía cierta tensión, y la forma en que doblaban sus nervudos cuellos revelaba su predisposición a atacar al menor indicio de peligro. El muchacho recordó a los perros de la granja: así se veían cuando había ladrones de caballos en las proximidades. Pero no era lo que cabría esperar de un herbívoro, lo cual llevó a Kaylon a preguntarse qué tan listos serían los aulontes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El líder de la manada, el de las manchas en las ancas, apareció por la izquierda: le chorreaba agua del vientre y la barba y de su boca sobresalían unas algas de apariencia viscosa. No podía afirmarse que los aulontes fueran bellos, pero de éste en particular emanaba un poder que lo hacía sobresalir entre los suyos, como una brasa entre pedazos de carbón apagado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aulonte bramó una sola vez, un sonido fuerte y conciso; los animales que estaban echados se pusieron de pie, las crías regresaron con sus madres y la manada completa se preparó para la marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya fuera o no que los cazadores hubieran llegado a sus puestos, la espera había terminado: era ahora o nunca. Los guías de los tres grupos dieron la señal para salir al descubierto. Kaylon, ballesta en mano, espoleó a su yegua, a lo cual ella respondió brincando fuera de su escondite igual que un resorte bien aceitado. De la misma manera los demás se expusieron a la mirada de los aulontes, quienes se alborotaron al instante y prorrumpieron en agudos berridos. En pocos segundos los machos rodearon a las hembras, crías y juveniles, dispuestos a defenderlos hasta la muerte; sus cuerpos formaban una barrera infranqueable. Los humanos lanzaron sus flechas a partes no vitales de los aulontes, instándolos a pelear. Kaylon hizo correr a Nela alrededor de la manada, armando la ballesta y disparando sin perder una sola oportunidad, habituado como estaba al galope firme y regular de la yegua. No eran tiros fáciles porque las armadas cabezas de los aulontes bloqueaban los objetivos, pero el chico logró darles a varios en las patas, orejas y pectorales. Decenas de flechas rebotaron en los cuernos de las bestias; algunas atravesaron el perímetro y fueron a parar a sus lomos lanudos, donde se enredaron sin causar daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como había vaticinado Satis, la situación se dio vuelta en un parpadeo. Los aulontes cambiaron su estrategia a una defensa activa, rompiendo la formación y abalanzándose sobre los jinetes rugiendo de furia. Kaylon reaccionó justo a tiempo: un poco más y un aulonte los habría derribado a él y su yegua. El muchacho guardó su ballesta, tomó las riendas con ambas manos y ordenó a Nela que corriera a toda velocidad en dirección a la cantera, pendiente ahora de los resoplidos de los aulontes y el temblor que provocaban sus patas al golpear el suelo. Nada más lejos de la mente de Kaylon que comparar eso con la carrera de caballos; en cambio, se sintió como si escapara de un desmoronamiento de rocas. &lt;i&gt;Enormes&lt;/i&gt; rocas rodantes, en camino de arrollarlo y acabar con su existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos errantes se colocaron a la par del muchacho, gritando. Lo curioso era que no gritaban de miedo sino de alegría, y entonces Kaylon se percató de que él también estaba eufórico. Algunos hombres continuaban disparando contra los aulontes para que no dejaran de perseguirlos, aunque parecía poco probable que los animales cambiaran de opinión tras haberse desatado su enojo. Todavía bramaban, sonido que sus protuberancias nasales amplificaban al doble, y los machos se mantenían en la periferia de la manada. El líder manchado estaba por ahí, en alguna parte. Su voz tenía un tono característico, y cada tanto se dejaba oír por encima de la batahola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico se apretó contra Nela, cuyo temple le impedía entrar en pánico por más que los aulontes vinieran pisándole los talones. ¡Sí que eran ágiles, a pesar de su tamaño! El terreno por el que pasaban quedaba irreconocible: las pezuñas de los animales, durante su breve contacto, arrancaban círculos de pasto y tierra; los obstáculos no eran nada para ellos, y cada vez que alguno saltaba sobre un arbusto o piedra, su pesada caída retumbaba cual impacto de meteorito. Por todas partes las aves, reptiles y mamíferos huían despavoridos de la estampida, perdiendo muchos sus nidos o madrigueras a consecuencia de la misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaban llegando a la cantera. La roca pardusca, poblada de salientes, emergía de la tierra como un muro natural. Más valía que los cazadores estuvieran en sus posiciones, pensó el chico, porque ya les urgía a los miembros de los tres grupos carnada que otros se ocuparan de los aulontes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon torció a la derecha a poca distancia del corredor abierto en la cantera. Varios aulontes machos se desviaron en pos de él, dejando que las hembras y juveniles se internaran en la grieta. Cuando el muchacho levantó la vista divisó por fin a los primeros cazadores, que avanzaban a su encuentro con sus robustas lanzas en alto. Nela se escabulló entre los jinetes; el chico la condujo hasta un lugar seguro sobre un promontorio, escuchando detrás de él los primeros gemidos de los aulontes al ser abatidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-1370903735353361644?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/1370903735353361644/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-23a.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1370903735353361644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1370903735353361644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-23a.html' title='La canción del águila (23A)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-6898177625625381228</id><published>2012-02-05T15:36:00.003-02:00</published><updated>2012-02-05T15:36:36.477-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (22)</title><content type='html'>La ceremonia previa a la cacería se efectuó en un claro rodeado de árboles enrojecidos, tres días después del primer avistamiento de los aulontes. Un grupo de errantes ejecutó una bella melodía guerrera con instrumentos de viento y percusión, al son de la cual una docena de bailarines, hombres y mujeres con lanzas y máscaras, llevaron a cabo una danza ritual. Y no era que pensaran que la ceremonia podía traerles suerte (los errantes no confiaban sus asuntos importantes a un concepto tan caprichoso), sino que, tal como el Padre de la tribu le explicó a Kaylon, servía para que los cazadores se pusieran en paz consigo mismos y ante la idea de su posible extinción. Llegado este punto el chico preguntó, con cierta inquietud, si las bajas eran frecuentes durante la caza de aulontes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Suele haber unos cuantos heridos —contestó Romus—, pero las muertes son raras. Sí han ocurrido, no obstante; lo consideramos un mal inevitable. Los aulontes son seres nobles y valientes, y nosotros demostramos nuestro respeto poniéndonos a su altura. Cazarlos con trampas no estaría bien; debe ser una pelea justa. Cuando alguien fallece nos causa tristeza, pero asumimos que esa persona deja este mundo de una forma digna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se limitó a hacer un ademán de asentimiento y volcó de nuevo su atención en la danza, simple pero cautivadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del baile siguió una cena muy nutritiva. Los cazadores, que incluían a los cuatro primeros amigos del muchacho, se sentaron en una mesa aparte donde se sirvieron los mejores víveres, dado que podía tratarse de su última comida. Pese a esto reinaba una atmósfera alegre y deportiva, llena de risas y anécdotas de cacerías anteriores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerca del final de la cena se hizo de pronto un gran silencio y todas las cabezas giraron en la misma dirección. De la nada surgió una brisa, en la que flotaba un aroma delicado de hojas agonizantes y el mismo perfume que Kaylon había olido en su segunda noche en el campamento. El muchacho se volvió igualmente hacia lo que era el centro de las miradas: una esbelta figura envuelta en gasas de colores, cuyo rostro, así como los de los bailarines, estaba cubierto por una máscara de madera pintada de gris con mechones de pelo claro en los bordes. Las facciones del objeto combinaban rasgos humanos y de aulonte. Sin embargo, esta máscara en particular carecía de aberturas para los ojos; en su lugar había dos piedras negras, de forma redondeada, que reflejaban las llamas de las antorchas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La figura se movió sin titubear, como si pudiera ver a través de las piedras. Llevaba en sus manos enguantadas una vasija de la que salía vapor, y con ella se dirigió a la mesa de los cazadores, quienes bebieron un sorbo de su contenido. Tal vez fuera la imaginación de Kaylon, pero creyó notar que la figura se detenía más de la cuenta al pasar junto a Tyanna, y que la contemplaba fijamente a pesar de la máscara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego la mujer (pues aunque embozada tenía un aire femenino) caminó hacia la segunda mesa: la de Kaylon, donde estaban sentados aquellos que respaldarían a los cazadores. Éstos también bebieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la mujer llegó a la altura de Kaylon, el chico se quedó paralizado viendo cómo las gasas se agitaban frente a él en la brisa. Sentía las dos piedras negras clavadas en su persona, aguardando. La figura le tendió la vasija, dentro de la cual se arremolinaba una sustancia verdosa, pero el chico no se inclinó para beber hasta que alguien le susurró desde el otro lado del universo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Adelante. Este brebaje te ayudará a conciliar el sueño y a reunir fuerzas para lo que nos espera mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon tomó la vasija y se la llevó a los labios. El líquido estaba tibio; pasó por su garganta dejando tras de sí un bienestar jamás experimentado. No tenía sabor, o más bien no tenía un sabor que su lengua fuera capaz de interpretar, como si intentara percibir un color con los oídos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho cerró los párpados un momento. Cuando los abrió, la mujer se estaba retirando. Una larga cabellera plateada, en parte trenzada y en parte suelta, ondeaba sobre su espalda con vida propia. La brisa se detuvo en el instante que ella se perdió de vista detrás de unos árboles. Kaylon observó entonces que la mujer misteriosa había dejado huellas: parches de hierba recién nacida en los detritos secos, con la forma de sus sandalias. El chico se estremeció, pero no supo si sentir miedo, un asombro reverencial o ambas cosas a la vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las conversaciones se reanudaron, aunque la reunión acabó poco después de la aparición de la mujer enmascarada. Los errantes levantaron las mesas y caminaron de regreso al campamento. Kaylon, aún perplejo, iba como sonámbulo, mirando al piso. En las huellas de hierba habían aparecido unas florcillas blancas, diminutas como estrellas distantes. Su perfume era el de la mujer que las había puesto ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mano se posó en su hombro. Era Tyanna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tendrás que acostumbrarte a esta clase de cosas —dijo la muchacha—. Así es Amalaide: incomprensible y extraordinaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué es lo que hace ella en la tribu? —preguntó el chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna sacudió la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es difícil de decir —respondió ella—. Leila es la Madre de la tribu, Romus es el Padre, y Amalaide es... su Visión, quizás. Porque ésa es su función, más que nada. Ella &lt;i&gt;ve&lt;/i&gt;. Y sabe cosas. Cosas que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica frunció el ceño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué cosas? —insistió Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna se detuvo. El muchacho se asustó un poco ante la expresión de su rostro, pues delataba un miedo profundo. Finalmente la joven susurró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sabe cosas que un mortal no tendría forma de saber. Cuídate de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha adelantó a Kaylon y se alejó por el sendero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconcertado ahora por otros motivos, el chico levantó los brazos y los dejó caer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Detesto cuando hace eso —masculló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya somos dos —dijo la voz de Dorcai detrás de él. El errante abrió la boca para añadir algo, pero entonces se vieron rodeados por Mic, Satis y otros tres muchachos risueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Te gustó la ceremonia? —le preguntó a Kaylon el pelirrojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Claro que esto no es nada en comparación con la fiesta &lt;i&gt;después&lt;/i&gt; de la cacería —continuó el joven sin esperar respuesta—. &lt;i&gt;Eso&lt;/i&gt; es diversión. Claro que la cacería también tiene lo suyo, ¿no es así, Dorqui-loqui?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre moreno emitió su bufido de no-me-molestes y partió en busca de Tyanna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué será que este chico es incapaz de mostrar un poco de buen humor? —se quejó Mic, a lo que Satis contestó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Porque tú lo acaparas todo, querido primo. Si aprendieras a moderarte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esa palabrota no está en mi vocabulario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tendrán cuidado mañana, ¿verdad? —intervino Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Desde luego —dijeron ambos primos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tú también ten cuidado —agregó Satis—. Recuerda: no trates de acercarte a los aulontes; deja que los cazadores se hagan cargo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho hizo un gesto afirmativo. Planeaba seguir las cuidadosas instrucciones de Dorcai al pie de la letra; dado el tamaño de los aulontes, no le interesaba en lo más mínimo ponerse al alcance de sus cuernos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, habían llegado al campamento. Los jóvenes se despidieron, entre bostezos no disimulados, hasta el día siguiente, y luego se dirigieron a sus respectivos carromatos. Kaylon entró al suyo con la idea de interrogar a su compañero acerca de Tyanna, pero Dorcai ya estaba en su cama, durmiendo a pierna suelta. Demasiado fatigado él mismo como para pensar en lo que fuera, el chico se recostó. Eles, desde su percha, lo contempló unos segundos antes de volver a cerrar los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hasta mañana —murmuró Kaylon, y también se rindió al sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-6898177625625381228?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/6898177625625381228/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-22.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/6898177625625381228'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/6898177625625381228'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-22.html' title='La canción del águila (22)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-9041682048527131632</id><published>2012-02-04T03:00:00.002-02:00</published><updated>2012-02-08T17:12:00.557-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (21)</title><content type='html'>Los últimos dos días de la temporada de lluvias, las nubes se adelgazaron poco a poco como grandes bolsas de agua que hubieran agotado su contenido. Llegado el día trece, el sol asomó entre los jirones grises que todavía se paseaban por el firmamento; con esto y un brindis durante el almuerzo, los errantes se despidieron de las precipitaciones veraniegas una vez más. A la mañana siguiente, a primera hora, la tribu levantó el campamento. Y ya era tiempo, pensó Kaylon, porque los caballos se habían puesto insoportables por culpa del encierro, sobre todo los de tiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había empezado a tomar clases de esgrima con Tyanna, y aunque la cosa iba bien, dicha técnica de combate no acababa de agradarle y probablemente nunca lo haría. En todo caso, no le encontraba mucha aplicación: una espada no era muy práctica en la cacería, y si acaso se veía involucrado en una pelea, su idea era evitar la lucha cuerpo a cuerpo. No es que fuera cobarde; simplemente no se sentía capaz de clavar una espada en otro ser humano, ni siquiera en defensa propia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, quería mejorar su relación con la muchacha, y de momento sólo así podía acercarse a ella. Aún no tenía claro por qué le parecía tan importante trabar amistad con la chica, dado que ya había muchos errantes con quienes se llevaba de maravilla, pero algo en su interior le decía que así tenía que ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, estaba feliz con su nueva ocupación. Ir de caza y pesca era mucho más entretenido que cuidar caballos, y compartir una actividad había disipado los escollos remanentes entre él y Dorcai. A decir verdad, ahora pasaba la mayor parte de su tiempo con dicho errante; ambos tenían más en común de lo que habían creído al principio, y a su manera existía entre ellos la misma complicidad que unía a Mic con su primo. Para el chico era casi como tener un hermano mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La caravana continuó su avance hacia el sur y poco a poco las hojas de los árboles empezaron a cambiar de color. Había llegado el otoño. El chico le comunicó a Romus su intención de pasar el invierno con la tribu, a lo cual éste respondió que le parecía estupendo y que todos estaban muy conformes con su trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Has decidido ya qué harás cuando la nieve se derrita? —le preguntó el hombre a Kaylon al final de su entrevista. El muchacho se detuvo en el umbral de la puerta, lo pensó un momento y se encogió de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No estoy seguro —contestó, y una imagen de Eles acudió a su mente. Todos los días el animal miraba al este con nostalgia, tanto así que uno casi esperaba verlo suspirar. Pero ¿dónde iban a estar ellos mejor que ahí, con los errantes? Al este no había nada, &lt;i&gt;nada en absoluto&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues deberías considerar seriamente convertirte en un errante —dijo Romus, devolviéndolo a la realidad—. Creo yo que está en tu sangre, y ninguno de nosotros se opondría. Más bien al contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico asintió con la cabeza, pero sólo para dar a entender que había recibido el mensaje. Sin decir palabra, bajó del carromato del líder de la tribu; tardaría un poco en asimilar que por fin tenía a su alcance lo que hacía un tiempo venía deseando con toda el alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna lo esperaba afuera. Sostenía algo en sus manos, un objeto bastante grande envuelto en un paño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Feliz cumpleaños —dijo la muchacha con una sonrisa, y extendió el objeto hacia él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo lo supiste? —preguntó Kaylon a la vez que recibía su obsequio—. ¿Te lo dijo Dorcai?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Más o menos. Él, Mic y Satis están preparando algo para ti, pero te lo darán más adelante. Sin embargo, yo quería que tuvieras esto en la fecha correcta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho dejó de darle vueltas a su regalo y miró a Tyanna, confundido e intrigado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué sucede? —inquirió ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué quieres decir con eso de "la fecha correcta"? Yo jamás mencioné una fecha. A decir verdad —añadió en voz baja, desviando la mirada—, no sé en qué fecha nací, porque nadie me lo dijo. Sólo que fue en otoño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con cierto esfuerzo volvió a fijar la vista en la muchacha. Ella lo contempló con una expresión de piedad y luego le rozó la frente con la mano, apartándole el cabello de los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se lo pregunté a Amalaide —explicó la joven—. No hay nada que ella ignore. Así que alégrate, porque desde hoy festejarás tu aniversario cuando corresponde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico acabó por sonreír. Era imposible evitarlo: cuando Tyanna estaba de buen humor, el mundo entero parecía iluminarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero bueno, Kay, ¿vas a desenvolver el regalo o qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Riendo, el muchacho desató las cintas que mantenían el paño en su lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al terminar de descubrir su obsequio, profirió un largo silbido de admiración: se trataba de una flamante ballesta, tan buena como la de cualquier errante. Liviana, compacta, de largo alcance y con un mecanismo que permitía recargarla con mucha facilidad; el complemento perfecto para su equipo de cacería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vaya... es estupenda... gracias —balbuceó el muchacho. Estaba demasiado contento como para expresarse con mayor elocuencia, aunque por fortuna no era necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me alegra que te guste —dijo Tyanna—. Se me ocurrió que la preferirías a una espada. Por cierto, tal vez quieras estrenarla en una ocasión especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon interrumpió su examen de la ballesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuál ocasión especial?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te enterarás cuando lleguemos allá. Anda, ve a buscar a Nela y reúnete conmigo junto al arroyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dominado por la curiosidad, el muchacho se apresuró a alcanzar a Tyanna, a quien encontró a lomos de Nube, su caballo albino. La joven hizo una señal y ambos partieron al galope hacia el suroeste, por el camino polvoriento que la caravana recorrería muy pronto. Según Mic, a pocos días de marcha había varios pueblos y grandes extensiones de tierra de labranza. Por allí el suelo era negro y profundo, dando lugar a las mejores cosechas de la región. La idea era repostar en uno de los pueblos y cargar los carromatos antes de seguir rumbo al sur; a cambio de qué, el pelirrojo no se lo había aclarado, y ahora que pensaba en ello, a Kaylon se le antojó que la omisión había sido intencional. ¿Tendría que ver con lo que Tyanna quería mostrarle?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cabalgata duró más de dos horas, hasta que llegaron a un punto donde el camino se desdibujaba por completo: una senda amplia e irregular lo cruzaba perpendicularmente, convirtiendo el terreno más o menos apisonado en un caos de pozos y canales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo había pasado por ahí bajo la lluvia, y dada la magnitud del pisoteo debía tratarse de una manada de animales &lt;i&gt;muy&lt;/i&gt; grandes y pesados. Kaylon se detuvo a observar las huellas. Las depresiones eran nítidas, pero aun así no correspondían a ninguna criatura que él hubiera visto en persona. Entonces recordó un libro que Orantos le había mostrado y se dirigió a Tyanna, quien lo vigilaba expectante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Aulontes? —preguntó el chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Efectivamente. ¿Ya los conocías?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sólo por ilustraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna rió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No creo que una ilustración sea suficiente tratándose de los aulontes —afirmó la muchacha—. Sígueme y comprenderás por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se salieron del camino en pos de la manada, cuyo rastro era tan visible como el cauce de un río. El chico apenas podía imaginar lo que debía haber sido aquello en el momento del paso de los animales; prácticamente no quedaba una sola planta en pie, pues lo que no había sido devorado por las inmensas bestias lucía aplastado y cubierto por barro seco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un rato encontraron media docena de caballos atados a los árboles, descansando; Kaylon no necesitó más que una ojeada para reconocerlos. Él y Tyanna desmontaron y se dirigieron a pie hasta la cima de una colina, donde los dueños de los seis equinos, equipados con sendos catalejos, hablaban en voz baja y señalaban con el dedo hacia el otro lado. Mic y Dorcai eran dos de ellos; apenas estuvieron a su lado, la muchacha interpeló a este último.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Están ahí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vaya si lo están. Mira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai le pasó a Tyanna su catalejo. La joven se echó sobre la hierba, espió por encima de unas rocas y luego le indicó a Kaylon que hiciera lo mismo. El muchacho tomó el catalejo y miró a través de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la pradera que había más allá de la colina, unos doscientos o trescientos aulontes pastaban bajo el tibio sol del mediodía. Eran como los dibujos en el libro de Orantos, pero Tyanna había tenido razón al decir que eso no bastaba para describirlos. En primer lugar, su tamaño era fabuloso: los caballos de tiro de los errantes parecían perros en comparación. Las pieles grisáceas de las bestias, lanudas en el lomo y con pelo corto y oscuro en los costados y patas, dejaban entrever voluminosas masas musculares. Tenían colas cortas, con pelo en la punta, y sus pezuñas eran anchas y hendidas. Sin embargo, sus cabezas no mostraban semejanza alguna con las de cualquier otro rumiante debido a sus ollares de caballo, largas barbas pálidas, orejas redondas y pequeñas y dos pares de cuernos en forma de lira. Además, cada individuo lucía sobre la nariz una protuberancia conoide. El muchacho no recordó para qué servían estos órganos huecos hasta que uno de los aulontes bramó; el sonido, de una resonancia increíble, se difundió por la pradera, y los demás aulontes respondieron generando entre todos un alboroto considerable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y luego dices que &lt;i&gt;yo&lt;/i&gt; soy ruidoso —le reprochó Mic a Dorcai, tapándose los oídos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién es ruidoso? —preguntó Satis al reunirse con el grupo. Los aulontes habían dejado de bramar, poniendo en evidencia la falta de sigilo con la que se movía el muchacho rubio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ustedes. Ustedes son ruidosos —dijo Dorcai, exasperado—. Y tú, agáchate y quédate quieto o espantarás a los aulontes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tonterías —replicó Satis—. Podría pararme entre ellos y seguirían como si nada; les tiene sin cuidado cualquier cosa que no represente una amenaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aún no lo has captado, primito: a &lt;i&gt;ti&lt;/i&gt; no te hacen caso porque te confunden con uno de su especie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Insinúas que estoy gordo y que no hago más que comer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tú lo dijiste, primo, no yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, ya basta —exclamaron Tyanna y Dorcai a la vez, como de costumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, y agáchate para que no nos descubran —le ordenó Mic a su primo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Para qué, si según tú me confunden con uno de su especie? ¿Lo ves? Tu lógica apesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai agarró a Satis por el chaleco y lo obligó a ponerse en cuclillas. El muchacho perdió el equilibrio y cayó sobre sus rodillas con un quejido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, sí, maltraten al gordo —protestó Satis, frotándose las partes golpeadas—. Como si no hubiera sido yo quien... ¿se puede saber de qué te ríes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon, a quien iba dirigida la pregunta, contestó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento. Es que ustedes son tan chistosos... Y por cierto, ¿qué estamos haciendo aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Preparándonos para la caza de aulontes —respondió Tyanna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La caza de... —repitió el chico, pero se quedó sin habla un instante al volver su mirada hacia la pradera—. ¿Me estás tomando el pelo? ¡Esas cosas son gigantescas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, ahí está la gracia del asunto, ¿no crees? —intervino el pelirrojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Verás —explicó Satis—, los aulontes tienen el mal hábito de venir aquí todos los años a alimentarse de los cultivos. Causan unos destrozos horribles, pero como las cosechas son buenas, en general no hay de qué preocuparse. Tarde o temprano, sin embargo, la población de aulontes crece demasiado y los animales se vuelven cómodos y perezosos. Entonces no hay cultivo que baste para satisfacer su apetito...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y ahí es cuando nosotros entramos en acción —finalizó Dorcai.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y eso por qué? —inquirió el chico—. ¿No pueden los campesinos hacerse cargo del problema?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No se atreven —dijo Tyanna—. Así como los ves, en apariencia grandes y pacíficos, los aulontes son terribles cuando se enfurecen. La manada es muy unida: ataca a uno de ellos y los demás se echarán sobre ti, dispuestos a acabar contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Entiendo —musitó Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Así que cada tres o cuatro años nos ponemos de acuerdo con los campesinos y montamos una cacería fenomenal —dijo Mic—. Se ha convertido en una tradición emocionante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los aulontes, que al chico le pareció el más corpulento de todos, dio un largo bramido, y poco después la manada empezó a movilizarse con lentitud. El macho que había bramado debía ser el líder, por la forma en que los demás lo seguían. Tenía en las ancas unas manchas negras que lo hacían fácil de identificar; al notar que Kaylon lo observaba, Tyanna le informó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ese aulonte ha estado al mando por más de cinco años. Pronto algún macho más joven y fuerte lo derrotará, así que hemos decidido abatirlo ahora, mientras todavía está en su plenitud. Quien lo mate se llevará los mayores honores en la celebración después de la cacería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En opinión de Kaylon, el animal en cuestión todavía estaba lejos de su decadencia, pero entonces otro aulonte, casi de su misma alzada, lo golpeó en el costado con la cabeza como si estuviera midiendo la fortaleza del otro. El líder respondió con una cornada de advertencia que no hizo daño a su oponente... porque éste se apartó de inmediato. La afirmación de Tyanna, pues, era acertada: los días de jefatura del aulonte con manchas estaban contados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Para qué me trajiste aquí? —le preguntó Kaylon a la muchacha con una sonrisa suspicaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te traje porque tal vez quieras participar. No en la cacería propiamente dicha, ya que eres muy joven, pero podrías permanecer en la periferia y dispararle a cualquier animal que trate de escapar, o ayudarnos a acorralar la manada. ¿Qué dices?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho consideró la oferta. Sería como conducir caballos de un lado a otro... caballos agresivos, con cuatro cuernos puntiagudos y de tamaño considerablemente mayor que lo normal. Se arriesgaría a morir, sin duda, pero como había dicho Mic, sonaba &lt;i&gt;emocionante&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos del chico brillaron con anticipación. Él y Tyanna sonrieron al mismo tiempo; Kaylon asintió, la muchacha le palmeó el hombro, y los dos dirigieron su atención a la manada de aulontes que con andar pausado transcurrían por la pradera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-9041682048527131632?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/9041682048527131632/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-21.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/9041682048527131632'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/9041682048527131632'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-21.html' title='La canción del águila (21)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-3174612858039224797</id><published>2012-02-03T01:09:00.001-02:00</published><updated>2012-02-03T01:13:30.622-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (20B)</title><content type='html'>Kaylon enfrentó el blanco, que se le presentó con tanta nitidez como si la rapaz le hubiera prestado su visión. Su diestra voló hacia las flechas, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis veces, y sólo se detuvo porque ya no encontró nada que aferrar. Las flechas dibujaron en el aire sendas parábolas y se clavaron en la tela y en la paja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie dijo una palabra, y Kaylon fue el más sorprendido entre los espectadores. Había disparado, sin proponérselo, dos tiros más que Dorcai, y con una precisión que ni en sueños hubiera creído posible. Las seis flechas brotaban juntas de la diana como un ramillete coronado de plumas en lugar de flores; los sucesivos tiros habían hundido el centro del blanco en el apretado fardo amarillento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, rayos —dijo Mic de repente—. ¡Debí haber apostado dinero!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta observación sacó a los errantes de su parálisis estupefacta, haciéndolos prorrumpir en carcajadas. En algún lugar empezaron los aplausos, que se contagiaron a todo el grupo. El chico, un poco temeroso, miró a Dorcai.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En contra de lo esperado, éste pasó junto al muchacho como si no existiera y le arrojó a Mic su aljaba con tanta fuerza que casi lo tiró hacia atrás. Con voz gélida y los párpados entornados, le espetó al pelirrojo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La próxima vez pon un retrato tuyo, y ya verás cómo todos mis tiros van a parar justo a la punta de tu nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho esto se retiró a paso rápido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon volvió junto a Mic, no muy feliz. Antes de hablar prefirió acariciar a Eles, que tenía un aire orgulloso y complacido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Vaya! —exclamó Satis—. Amigo Kay, no sabía que tuvieras eso adentro. ¡Estás desperdiciando tu talento!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Menos mal que &lt;i&gt;yo&lt;/i&gt; sí lo noté —dijo Mic—, aunque la próxima vez aprovecharé para ganar unas monedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos primos estaban detrás de Kaylon, quien se volvió hacia el sitio por donde se había marchado el errante moreno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, ya, muchas gracias, pero ahora él y yo jamás seremos amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mic levantó una ceja pero luego sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Te refieres a Dorqui-loqui? ¡Al contrario, Kay! Para que Dorqui te aprecie, debes hacerle ver que eres mejor que él en &lt;i&gt;algo&lt;/i&gt;. ¿Cómo crees que me gané su amistad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon observó al pelirrojo, desconcertado. ¿Dorcai y Mic, &lt;i&gt;amigos&lt;/i&gt;? No obstante, pensándolo bien, los había visto trabajar juntos y conversar apaciblemente, demostrando que la afirmación de Mic era cierta... o &lt;i&gt;bastante&lt;/i&gt; cierta, en todo caso, porque nada cambiaría el hecho de que esos dos eran polos opuestos que vivían chocando entre sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico resopló, esbozando una mueca irónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y en &lt;i&gt;qué&lt;/i&gt; eres tú mejor que Dorcai, si puede saberse?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mic se echó hacia atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, la duda me ofende.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero él tiene razón —terció Satis—. ¿&lt;i&gt;Qué&lt;/i&gt; haces mejor que Dorqui, eh? ¿Eructar o contar chistes bobos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues para que se enteren, Dorqui se ha percatado de que yo soy más &lt;i&gt;inteligente&lt;/i&gt; que él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satis puso los ojos en blanco. Kaylon, por otro lado, reconoció la verdad de la sentencia, pero se rió del gesto burlón del muchacho rubio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese instante Tyanna pasó cerca de ellos, muda como una sombra. Kaylon dejó de reír y suspiró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora me gustaría saber qué le pasa &lt;i&gt;a ella&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satis contempló a la muchacha hasta que se perdió de vista. Luego dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te lo tomes como algo personal. Tyanna es así. Es buena con todo el mundo, pero parece incapaz de involucrarse a fondo con otros seres humanos. Es como si sólo estuviera de paso y no quisiera aumentar el dolor de la separación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extrañamente, al chico le dio un escalofrío. Mic debió sentir lo mismo, porque le propinó un codazo a su primo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oye, no seas tétrico. Kay, muchacho, no le hagas caso a este tonto. Espera un poco y verás cómo Tyanna se hace amiga tuya también. De lo contrario, puedes dejarla de lado cual caso perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Según tú, querido primo, ¿hay alguien que &lt;i&gt;no&lt;/i&gt; sea un caso perdido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mic recorrió el lugar con la mirada, rascándose la barbilla. Por último pasó el brazo por los hombros de Kaylon y anunció:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nuestro buen amigo Kay, él no es un caso perdido... todavía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los errantes comenzaron a dispersarse, pues ninguno se atrevía a continuar el juego después de la proeza del chico. Éste se quedó solo en el recinto. Pensando en lo que Satis y Mic acababan de decirle, murmuró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero &lt;i&gt;ya éramos&lt;/i&gt; amigos. Desde el principio. Sólo que algo lo estropeó. ¿Qué sería?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni la lluvia ni Eles contestaron su pregunta, y el muchacho volvió con Aetel y sus camaradas. Aunque a su llegada escuchó muestras de admiración (las novedades se esparcían rápido cuando no había otra cosa que hacer más que parlotear), el chico permaneció callado un buen rato, considerando sus opciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacia el final de la tarde resolvió averiguar cuál era el problema de Tyanna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras pasar media hora buscándola, encontró a la muchacha sola en un rincón apartado, casi en la periferia del campamento. Estaba afilando su espada, lo cual le pareció raro al chico; por lo que había visto de la vida de los errantes, no creía que se vieran obligados a emplear ese tipo de armas muy a menudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como fuera, carraspeó un poco para delatar su presencia. Aunque ya se había percatado de que alguien acababa de llegar, Tyanna levantó la cabeza y miró a Kaylon antes de volver a lo suyo. El muchacho vislumbró apenas un destello cristalino de sus ojos, como un par de esmeraldas asomando entre la arena, bajo las olas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento —dijo él, apegándose a la excusa que había inventado por el camino—. Estaba paseando a Eles y vine a parar aquí. Si te molesto, me iré enseguida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha volvió a mirarlo de soslayo, abrió la boca, la cerró, y la abrió de nuevo al cabo de dos minutos para decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No me molestas. Puedes quedarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se sentó en el suelo y dejó al águila frente a él. La rapaz se puso a contemplar la lluvia, que acariciaba la vegetación. No hacía frío, pero el calor del verano se había apagado mucho después de tantos días nublados. El chico ya casi no recordaba cómo se veía el sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que estaba a su lado, Kaylon no supo qué decir. Había pensado una forma directa de atacar el tema y otra que daba un largo rodeo, pero en presencia de Tyanna ninguna de las dos se le antojaba apropiada. Eles, por otra parte, no era de mucha ayuda: el ave esponjó las plumas y se echó a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A falta de una mejor idea, el muchacho decidió improvisar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Interesante espada —dijo, procurando sonar como si en verdad le importara. Tyanna no se dejó engañar pero le siguió la corriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Fue hecha según mis instrucciones. Sosténla y verás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico tomó la espada y la examinó. Era delgada, de aspecto casi frágil, y por ello su peso y fortaleza lo sorprendieron. La empuñadura era muy pequeña; a él le iba bien, pero un hombre adulto no habría podido esgrimirla con comodidad. Con un rápido vistazo comprobó que se ajustaba perfectamente a las manos de Tyanna. Era cierto, pues, que se la habían hecho a la medida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a todo, a Kaylon no le gustó. Nunca le habían gustado las espadas. Podía imaginar las flechas, los cuchillos y aun las lanzas como armas de caza y de defensa, pero las espadas lo hacían pensar más bien en... bueno, en objetos creados por los humanos para destruirse mutuamente. Llegado este punto se le ocurrió que no había visto muchas espadas entre los errantes. ¿Por qué sería esta joven una excepción?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon le devolvió el arma a su propietaria, quien lo sobresaltó un poco al decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tal vez deberías tener una tú también. Ya sabes, por si vuelves a encontrarte con esos ladrones de caballos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna había puesto el dedo en la llaga. El chico se apresuró a responder:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero todo eso no fue más que una &lt;i&gt;historia&lt;/i&gt;. Basada en hechos verídicos, quizás, pero las partes espeluznantes las agregué yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah —replicó Tyanna, aparentemente no muy convencida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos permanecieron en silencio un rato, y entonces ella volvió a sonar como la muchacha a la que Kaylon había tratado en su primer día en el campamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oye, lo hiciste muy bien en el campo de tiro. Tu puntería es soberbia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vaya, muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna dirigió la vista hacia la lluvia y sus ojos perdieron parte de su brillo. En un tono melancólico y soñador, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te pareces mucho a mi hermano. Él también tenía una gran puntería, y siempre cuidaba de los animales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ah, sí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Una vez él y yo estábamos solos en el bosque —prosiguió Tyanna, perdida en sus recuerdos—. Era invierno. Un invierno muy duro. Pronto llegaría la primavera, pero aún no había más que nieve por todos lados. De repente apareció un lobo muy flaco. Jamás había visto un animal que pareciera más hambriento. Retrocedimos sin darle la espalda al lobo, y como no podía ver dónde pisaba, mi pie se hundió en una madriguera. Oly y yo teníamos nueve años, pero yo era más pequeña. El lobo decidió atacarme a mí primero; casi estaba sobre mí cuando &lt;i&gt;¡zas!&lt;/i&gt;, Oly disparó una de sus flechas diminutas y le rebanó la oreja al animal, que gimió y se escabulló entre los árboles dejando un rastro de sangre en la nieve. Cuando logré sacar el pie de la madriguera... estaba llorando como una idiota, porque había creído que iba a morir... cuando saqué el pie le dije a mi hermano que su tiro había sido pésimo, y ¿sabes qué me contestó él?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon hizo un ademán negativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues me dijo: "Si se hubiera acercado más a ti, le habría dado entre los ojos. Pero con esto escarmentará, y en la primavera estará demasiado ocupado correteando ardillas y conejos como para molestarnos. Era sólo un pobre lobo famélico."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna sonrió y Kaylon sonrió con ella, pero una lágrima rodó por la mejilla de la muchacha y cayó sobre el gélido metal de la espada. La joven no se dio cuenta. Por desgracia, el chico cometió la imprudencia de preguntar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué le pasó a tu hermano?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rostro de la muchacha se puso rígido. Tyanna enfundó la espada y se despidió con un seco "nos vemos luego", pero antes de desaparecer y dejar a Kaylon maldiciéndose por su estupidez, se volvió hacia él y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si quieres te enseñaré a usar una espada. Aunque tu historia no fuera real, uno nunca sabe cuándo podría necesitar esa habilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon asintió pero no atinó a decir nada, y Tyanna se marchó corriendo bajo la lluvia hacia el siguiente refugio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espero no haber empeorado las cosas —musitó el chico más tarde, y miró a Eles en busca de su opinión. Mala suerte, el ave seguía durmiendo. El muchacho permaneció allí hasta que la oscuridad empezó a adueñarse del ambiente, y regresó con el águila al carromato que aún compartía con Dorcai. &lt;i&gt;Sabía&lt;/i&gt; que no sería bien recibido ahí, no después de lo sucedido esa misma tarde, pero había demasiada humedad como para dormir entre los caballos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se equivocó, sin embargo: Dorcai se mostró bastante más amable con él que en los días pasados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te conseguí una manta adicional, por si acaso —le dijo al chico después de la cena—. Últimamente las noches son algo frescas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El errante se oía casi jovial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno... muchas gracias... —replicó Kaylon, dubitativo, mientras tomaba la manta de los brazos del hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai se acostó en su cama y apagó las luces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hasta mañana —aventuró Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah, sí, hasta mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo una pausa y entonces Dorcai agregó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A propósito, dice Romus que cuando acaben las lluvias podrías formar parte de los grupos de cacería. Conmigo y los demás, si te parece. Satis y Mic no son malos, pero hacen mucho &lt;i&gt;ruido&lt;/i&gt;, no sé si me entiendes, y es evidente que dominas el tiro con arco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me parece estupendo —contestó el chico, sin pretender que el otro admitiera de una vez que lo había impresionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon cruzó los brazos por detrás de su cabeza, sonriente. Mic y Satis, ruidosos o no, habían tenido razón acerca de muchas cosas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-3174612858039224797?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/3174612858039224797/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-20b.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/3174612858039224797'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/3174612858039224797'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-20b.html' title='La canción del águila (20B)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-5987751001897271713</id><published>2012-02-02T01:06:00.000-02:00</published><updated>2012-02-03T01:10:56.918-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (20A)</title><content type='html'>Dos días después, los errantes levantaron su campamento. Para ese entonces Kaylon ya se había enterado de que pasaban las lluvias en un lugar específico, el cual ofrecía una buena protección contra los millones de litros de agua que caían del cielo todos los años por esas fechas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la marcha, Kaylon quedó asombrado ante la eficiencia con que la tribu se desplazaba; sus integrantes estaban al tanto de la labor que le correspondía a cada uno, tal que no necesitaban comunicarse entre ellos para actuar con perfecta coordinación. Incluso los caballos se comportaban de acuerdo al sistema: una vez enganchados a los carromatos ponían todo su empeño en tirar de ellos, arrastrando sin quejas sus pesadas cargas (probablemente se hacían los neuróticos sólo cuando estaban desocupados; el chico conocía gente así: Orantos, por ejemplo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La caravana avanzó sin tropiezos durante casi una semana, parando solamente al mediodía y a la noche. Por el camino los errantes se turnaban para cantar en grupos de veinte o más; sus voces eran agradables, y con sus tonadas acompañaban bien el ritmo de los equinos y los pasos de los humanos. Quienes no iban sobre los carromatos o a pie junto a la caravana montaban los caballos de silla. El chico se percató enseguida de que estos últimos ocupaban posiciones estratégicas de defensa y de que sus jinetes portaban armas listas para ser esgrimidas. Dorcai era uno de ellos, sobre un esbelto caballo zaino, y Tyanna era otra; la montura de la joven llamó la atención de Kaylon, porque era un ejemplar albino que parecía una estatua de mármol viviente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto Dorcai como Tyanna se habían mostrado distantes con el muchacho desde que contara su historia de terror. La joven lo evitaba en forma discreta pero invariable, mientras que Dorcai, ya fuera por alguna razón personal o porque se había puesto del lado de Tyanna, lo trataba con una frialdad rayana en la insolencia. Lo único que parecía evitar que le declarara la guerra abierta era Eles. El joven moreno había establecido cierta afinidad con el águila: de vez en cuando le acariciaba el pecho o la sostenía en sus fuertes brazos. La rapaz no se oponía a sus atenciones, más bien al contrario, y Kaylon fomentaba la relación dejándola en ocasiones al cuidado del errante, con la esperanza de cerrar por medio del ave la brecha que los separaba. Hasta el momento, sin embargo, dicha maniobra no había funcionado: cuanto mejor se llevaba Dorcai con Eles, peor era su trato hacia Kaylon, lo cual entristecía al chico porque el errante le simpatizaba. Él no era como Fael; aunque reservado y poco propenso a las demostraciones afectivas, concedía a los demás el respeto que merecían y profesaba una impecable lealtad hacia quienes consideraba sus amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con respecto a Tyanna, el chico ya no sabía qué pensar de ella. La joven se mantenía apartada de él, pero a veces lo miraba de lejos como si quisiera acercarse y algo se lo impidiera. ¿Acaso le tenía miedo? Y si así era, ¿por qué? Él no le había dado motivos para temerle... de los que él estuviera consciente, al menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente, Satis y Mic le hacían la vida más llevadera, éste por medio de su inquebrantable buen humor (aunque a menudo se pasaba de la raya y entonces no había quien lo aguantara), y aquél por medio de su carácter tranquilo y sociable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viaje culminó en la ladera de un volcán apagado, o más bien lo que restaba del mismo. Durante milenios los elementos habían ido gastando las paredes del cono, y sólo una medialuna de roca basáltica, tapizada de vegetación, era claramente reconocible. Dicha formación tenía una altura aproximada de cien metros y dos kilómetros de longitud; el terreno adyacente, al estar constituido por sedimentos, era tan fértil que sostenía una pequeña selva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio Kaylon sólo pudo apreciar la cara convexa de la medialuna, pero cuando llegaron al otro lado comprendió por qué habían acudido a ese lugar. En aquella ladera los errantes habían edificado unos refugios de piedra con capacidad suficiente para albergar a toda la caravana, caballos y carromatos incluidos. Semejaba una ciudad fantasma, aunque las construcciones no tenían apariencia de casas. Unos canales discurrían pendiente abajo a fin de proporcionar un buen drenaje; adicionalmente, la medialuna estaba orientada de tal manera que bloqueaba los vientos predominantes en la zona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los errantes se felicitaron por haber llegado a tiempo y acto seguido comenzaron a instalarse en los refugios. Éstos se hallaban limpios y repletos de heno y provisiones frescas. Mic le explicó al chico, mientras uno descargaba un carro y el otro desataba a los caballos, que la tribu tenía un arreglo con los habitantes de un pueblo cercano: ellos los abastecían y los errantes les pagaban con ciertos productos que obtenían en otras partes de su ruta. El pelirrojo le aseguró a Kaylon que esta clase de tratos eran comunes y que por lo general funcionaban bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A los errantes se nos recibe con los brazos abiertos —declaró Mic—; no tenemos conflictos con los estáticos... salvo en contadas ocasiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven agregó lo de las "contadas ocasiones" cuando Tyanna pasó junto a ellos, poniendo mucho cuidado en bajar la voz. Kaylon no pudo dejar de notar este hecho, pero entendió que debía tratarse de un tema delicado y postergó sus preguntas. Estaba seguro, sin embargo, de que tenía relación con la actitud reciente de la muchacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El atardecer de ese día fue el más desagradable de toda la semana debido al aire sofocante. A la mañana siguiente el cielo apareció completamente oscuro, cargado de nubes negras de tormenta, y unos truenos largos y profundos como rugidos provocaron deslizamientos de polvo en la medialuna de basalto. Poco después cayeron las primeras gotas, gruesas y frías; se estrellaron contra el suelo con la fuerza ancestral del agua que es capaz de alterar la superficie del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez abiertas las compuertas del firmamento, no hubo marcha atrás: la lluvia brotó sin pausa de las nubes por trece días completos, lavando las tierras altas y anegando las bajas. Mientras cepillaba a Nela y escuchaba el líquido tamborileo sobre el techo, Kaylon reflexionó sobre lo bueno que era poder anticipar el fenómeno; de lo contrario, más de un campesino se habría vuelto loco tratando de salvar sus cosechas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los caballos habían sido colocados en una serie de construcciones de mayor tamaño que las demás, que también servían como centros de entretenimiento para los errantes (es decir, aquellos capaces de soportar el olor a estiércol). Allí donde estaba Nela había un espacio donde en ese momento varios jóvenes practicaban el tiro al blanco contra unos fardos. Los objetivos del ejercicio eran unos cuadrados de tela, pintados en verde y blanco, y para no destrozarlos demasiado pronto se usaban flechas de punta ahusada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el sexto día de lluvia y Kaylon ya era presa del aburrimiento. Fue por esto que se sintió atraído de inmediato por las exclamaciones y vítores que procedían de aquel rincón de la estancia; el cepillo fue a parar inadvertidamente al suelo, y unos minutos después el chico cargó a Eles en su brazo y se dirigió hacia la fuente de la algarabía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unas dos docenas de errantes se apiñaban alrededor de los fardos de paja, a una prudente distancia de los competidores y sus blancos. Cada vez que uno daba en la diana los espectadores gritaban, y si el tirador fallaba le gritaban con distinta entonación. En conjunto, el juego parecía tremendamente divertido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai, Tyanna y Mic eran tres de los participantes; Satis formaba parte de la concurrencia, pues no podía disparar y comer al mismo tiempo. En ese instante, sin embargo, era el turno de Romus, cuyos tres tiros dieron justo en el centro del objetivo. Los errantes aplaudieron con entusiasmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mic divisó al muchacho y le hizo señas de que se aproximara. Kaylon se abrió paso entre los espectadores, depositó a Eles sobre un corral de troncos y se sentó junto al pelirrojo en una enorme piedra con parches musgosos (aunque &lt;i&gt;todo&lt;/i&gt; comenzaba a ponerse musgoso debido a la humedad).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se escuchó un fuerte "¡zing!" seguido por una ovación. Romus había dado por cuarta vez en el blanco, y después de alzar los brazos y poner cara de "¿soy bueno o qué?" (más en broma que en serio), se retiró para que otro tomara su lugar. Mic le hizo un guiño a Kaylon y desfiló hacia el sitio que acababa de dejar libre su tío. Una vez allí sacó seis flechas del montón, les alisó las plumas, contó los pasos hacia el objetivo, se echó el cabello hacia atrás, dejó el arco y las flechas en el suelo para ajustar las cintas de su bota, volvió a acomodarse el pelo (esta vez con un peine que sacó de su bolsillo), y aparentemente iba a calcular de nuevo la distancia cuando alguien le dio de lleno en la parte de atrás del cráneo con una pera a medio devorar. Los errantes estallaron en carcajadas; Mic se dio vuelta y miró acusadoramente a su primo, quien se hizo el distraído y escondió detrás de su espalda el resto de las frutas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Adelante, no tenemos todo el día! —gritó alguien con buen humor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mic disparó el primer tiro, que fue a dar justo en el borde del cuadrado de tela. Los errantes abuchearon. La segunda flecha también dio lejos del centro, lo cual provocó otra andanada de abucheos. El pelirrojo le hizo un nuevo guiño a Kaylon y lanzó una mirada de desdén a sus detractores antes de disparar por tercera vez. Esta flecha tampoco dio en el centro pero las burlas duraron poco, y tras los últimos tres disparos, seguidos al principio por un expectante silencio, la multitud explotó en una exclamación colectiva de júbilo: las seis flechas formaban un perfecto triángulo equilátero. Mic parodió el gesto de Romus, el cual se cruzó de brazos y soltó un bufido... aunque a Kaylon le dio la impresión de que disimulaba una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias, gracias —dijo el joven errante. Satis le tiró una segunda fruta, pero su primo la atajó y le dio un mordisco antes de volver a su lugar en la piedra musgosa. Kaylon lo felicitó. Segundos después, su mirada se desvió hacia el campo de juego cuando Dorcai arrancó las flechas de la paja y se afirmó para disparar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que ocurrió a continuación fue tan rápido que el chico casi se lo perdió en un parpadeo. Dorcai había puesto cuatro flechas en su aljaba y las disparó una tras otra sin detenerse a apuntar. Ninguna de ellas dio exactamente en el centro, pero sí muy cerca para tratarse de tiros tan veloces. Fue por ello que la ovación se demoró: todos necesitaron unos segundos para tomar conciencia de la hazaña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El errante moreno parecía satisfecho con su desempeño, pero un largo "¡buuu!" trastornó su semblante. Frunciendo el entrecejo, se volvió hacia Mic.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Acaso crees poder superar eso? —le preguntó Dorcai al pelirrojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No pensaba decir &lt;i&gt;eso&lt;/i&gt; —respondió Mic, y su interlocutor empezó a darse vuelta—, pero sí diré &lt;i&gt;esto&lt;/i&gt;: ¡caramba, Dorqui, qué &lt;i&gt;vergüenza&lt;/i&gt;! Podría meter un puño entre esas flechas. Incluso este chico lo haría mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto Dorcai como Kaylon lo miraron asombrados. Los presentes contuvieron la respiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Me estás tomando el pelo? —preguntó el errante moreno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Para nada, Dorqui; lo que digo lo mantengo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oye... —empezó a decir Kaylon, pero Mic le dio una palmada en la espalda que lo hizo caer de la piedra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Adelante, Kay, muéstrale lo bueno que eres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai dejó escapar un resoplido de incredulidad y le lanzó el arco al chico con un movimiento brusco. Kaylon lo atrapó al vuelo antes de poder rehusarse, pero sí le pasó por la mente que su chistoso amigo acababa de ganarse un puntapié en las posaderas por meterlo en semejante lío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dio cuenta entonces de que todos los presentes tenían sus ojos puestos en él. La expresión de Dorcai era desafiante y la de Mic reflejaba confianza; el resto lo miraba con curiosidad, pues sólo el pelirrojo lo había visto disparar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al tiempo que se colgaba las flechas a la espalda y se dirigía a la posición de tiro, comprendió que ese acto tenía más implicaciones que las de un simple juego. Había muchos errantes observando, y sobre todo el Padre de la tribu. Era la oportunidad de demostrar su potencial. Sin embargo... sin embargo, Dorcai y Tyanna también estaban allí, y Kaylon no tenía forma de saber cómo se lo tomarían ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se plantó frente al objetivo. Las saetas y el arco diferían un poco de los suyos, pero era un tiro fácil. Pan comido, en realidad. Tal vez no pudiera superar al errante moreno, pero no dudaba en poder igualarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró a su alrededor. Los presentes aguardaban. ¿Debía hacer su mejor esfuerzo o fallar un poco para que Dorcai no se ofendiera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su mirada llegó hasta Eles y los demás espectadores quedaron emborronados en una bruma plateada. La expresión del águila era tan clara como el agua que se derramaba sobre el techo de piedra, con un mensaje simple pero definitivo: "Sé tú mismo."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-5987751001897271713?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/5987751001897271713/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-20a.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/5987751001897271713'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/5987751001897271713'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-20a.html' title='La canción del águila (20A)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-616161521673740768</id><published>2012-02-01T17:07:00.000-02:00</published><updated>2012-02-01T19:43:26.203-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (19)</title><content type='html'>El chico se despertó poco antes de la salida del sol, como era su costumbre, y encontró a Dorcai ya levantado, desayunando. El errante no le preguntó a Kaylon si había dormido bien ni le dijo "buenos días", pero le hizo un lugar en la mesa y le informó que si necesitaba carne para el águila, podía reservarle algo de lo que cazaran esa mañana. El muchacho, a su vez, agradeció la invitación antes de declinarla y le dijo que no se molestara con respecto a Eles, pues ya le conseguiría él su alimento. Dorcai no se mostró ofendido ni contento; simplemente asintió con la cabeza y continuó su desayuno. Kaylon se despidió de él y enfiló hacia el lago, llevando a la rapaz consigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aetel y los demás encargados de los caballos lo recibieron con mayor cordialidad, ofreciéndole pan, leche, jamón curado y frutas. Satis estaba ahí (formaba parte del grupo tres o cuatro veces por semana), y fue el primero en sonsacarle al muchacho la historia de su vida. Como no había mucho que decir sobre ello, las preguntas se agotaron al mismo tiempo que la comida, momento en que todos se levantaron y dirigieron a sus puestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon trabajó sin descanso hasta las diez de la mañana. Satis lo ayudó en un par de ocasiones, demostrando ser muy ingenioso y paciente; conocía bien el carácter de los caballos, y a pesar de tener que sobornarlos a menudo con algún manjar los dominaba sin problemas, considerando que el peso de los equinos (casi una tonelada) hacía imposible moverlos por la fuerza. Tanto él como Kaylon no tardaron en advertir que podrían enseñarse mutuamente unos cuantos trucos nuevos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de los caballos de tiro, los errantes mantenían por separado una raza más liviana, similar a la que criaban en la granja de donde provenía el chico. Al contrario de sus parientes más grandes, tranquilos pero recalcitrantes, estos caballos eran briosos y juguetones. Aetel no le dio muchas explicaciones, pero el muchacho infirió que dichos ejemplares se usaban para llevar mensajes de una tribu a otra, dada su mayor agilidad y rapidez, y para la caza, debido a su inteligencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satis había puesto a Nela con estos últimos animales, y tras asegurarse de que la yegua se encontraba a sus anchas entre ellos, Kaylon fue a sentarse un rato a orillas del lago. Como le había dicho a Dorcai que haría, no dejó pasar la oportunidad de satisfacer el apetito de Eles: a la vista de una rata de campo, sacó su arco y la despachó de un único tiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras arrancaba la flecha del cuerpo del roedor para entregárselo al águila, alguien se acercó a él y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Oye, tienes una excelente puntería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico levantó la mirada. Era Mic.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ah, hola. ¿Todo está bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Aparte de que hasta ahora ha sido un día mortalmente tedioso, sí, diría que todo está bien. Pero venía a disculparme por lo de ayer. No sé cómo pude olvidarme de ti, soy un caso perdido. Deberías darme un puntapié en el trasero. Adelante –agregó con tono dramático–, patéame con todas tus fuerzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras finalizar la sentencia, Mic se dio vuelta para exponer la región anatómica mencionada... cubierta por una placa de metal que le colgaba del cinturón. Kaylon se rió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No te preocupes –le dijo a Mic–. Tyanna me llevó con Leila y ya tengo alojamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Tyanna se ocupó de ti? –exclamó el pelirrojo–. Interesante... ¿Y dónde vas a quedarte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Con Dorcai.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Con Dorcai! Caramba, qué maravilla... ¡y ambos acontecimientos en una misma velada! Menos mal que no soy supersticioso, de lo contrario pensaría que están por llover sapos o algo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico se encogió de hombros. Cambiando de tema, Mic dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Escucha: voy a seguir el ejemplo de Satis y a subsanar mi error con una segunda invitación a cenar. Bueno, &lt;i&gt;ya sé&lt;/i&gt; que ibas a cenar de todas maneras, para eso estás aquí, pero lo que quiero decir es que vengas a mi mesa de nuevo. Satis y yo preparamos unas historias de terror que harán que nuestros oyentes pierdan el apetito. Fue idea de mi primo, naturalmente: así habrá más postre para nosotros... y sobre todo para él. ¿Contamos contigo, pues?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Por supuesto –respondió Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Excelente! Nos vemos en la cena, entonces, y si tienes algún relato escalofriante que contar, no titubees. Puedes inventar lo que quieras, siempre y cuando suene &lt;i&gt;verídico&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon respondió que pensaría en algo y ambos jóvenes despidieron hasta la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de la visita del pelirrojo nada rompió la monotonía de la tarde, y cuando el sol empezó a bajar, Kaylon le pidió permiso a Aetel para marcharse. La puesta de sol transcurrió con una atmósfera húmeda y pesada y en el horizonte se apreciaba una franja de oscuridad, primer indicio de que las lluvias se aproximaban. Kaylon se preguntó cómo harían los errantes para protegerse de las tormentas. ¿Buscarían refugio en algún pueblo, o tendrían sus propios métodos? Era una buena interrogante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico localizó la mesa donde estaban Mic y su primo por los estallidos de risa. Los dos jóvenes errantes le dieron al muchacho una calurosa bienvenida, y Mic le preguntó en voz baja si había tenido éxito en la creación de una historia tenebrosa. Kaylon respondió que sí; el pelirrojo se dio por satisfecho y le alcanzó una fuente con pescado frito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sírvete y come; así ya habrás hecho la digestión para cuando Satis empiece su narración sobre los pollos destripados. Créeme: hasta a &lt;i&gt;mí&lt;/i&gt; me da un vuelco el estómago con ese relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez terminado el plato principal, y mientras se distribuía el postre, Mic y Satis dieron inicio a sus historias. El pelirrojo arrancó con un cuento sobre unos espectros con los que supuestamente se había enfrentado el año anterior; luego siguió Satis con lo de los pollos (Kaylon tuvo que dejar de lado su pedazo de tarta durante las escenas más asquerosas), y a continuación su primo contó dos relatos muy sangrientos que involucraban a Beorb y su parentela. Fue entonces el turno de Kaylon. A estas alturas se había reunido una multitud alrededor de la mesa, y aunque el chico comenzó tímidamente su historia, tomó confianza al notar que la misma tenía buena acogida entre los errantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho incluyó en su narración la pelea con los ladrones de caballos, lo que había visto Silay el día de su borrachera y sus propias impresiones sobre los forasteros en la ciénaga, atribuyéndolas al bandido de la cicatriz y sus secuaces. El público respondió con las emociones adecuadas en cada momento: exclamaciones de horror, respingos y falta de aliento en las partes de mayor suspenso; pero cuando Kaylon describió lo que había sentido al ser perseguido por los sujetos que buscaban a Eles, Tyanna se puso muy pálida y abandonó su lugar junto a la mesa. Dorcai la siguió. Sin comprender qué acababa de pasar, el chico se quedó sin habla hasta que Mic le pellizcó el brazo, instándolo a proseguir. Kaylon finalizó su relato y luego corrió a buscar a la muchacha, deseoso de disculparse por lo que fuera que la había perturbado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvo un rato dando vueltas por el campamento sin encontrarla, y al final sólo vio a Dorcai... esperando afuera del carromato de Amalaide. Kaylon se escondió detrás de un árbol, obedeciendo a su instinto; unos minutos más tarde, la joven salió del carromato. A través de la puerta, que estuvo abierta apenas un instante, el chico pudo contemplar un resplandor azulado y algunas volutas de humo. Un sonido cristalino e hipnotizador llegó a sus oídos, y percibió un aroma que jamás había olido antes, una fragancia sutil que lo hizo sentir vértigo. El fenómeno pasó cuando la puerta giró sobre sus goznes, aparentemente por sí sola, y se cerró sin hacer ruido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna aún estaba pálida, y temblaba. Dorcai se acercó a ella pero la joven lo rechazó y se alejó caminando, ya no con la gracia de una cierva sino como un animal herido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se demoró lo más posible y volvió al carromato de Dorcai cuando todo el campamento estaba en silencio. El errante le había conseguido una cama y una percha muy adecuada para Eles, pero al aparecer el muchacho lo miró de tal manera que Kaylon no se atrevió a decir nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué había hecho él para provocar semejante reacción? No tenía forma de saberlo, pero al poner al águila sobre una de las ramas de su percha, observó en sus ojos ambarinos la misma expresión que en el rostro de Tyanna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora, ¿qué podía significar eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon meditó sobre este nuevo misterio durante largas horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-616161521673740768?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/616161521673740768/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-19.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/616161521673740768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/616161521673740768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/02/la-cancion-del-aguila-19.html' title='La canción del águila (19)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-1120719740283305603</id><published>2012-01-31T04:16:00.000-02:00</published><updated>2012-01-31T04:16:04.553-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (18B)</title><content type='html'>Los errantes habían encendido una enorme hoguera en el centro del campamento, cuya luz intensa y oscilante opacaba por completo las estrellas y las lámparas de los carromatos. El calor del fuego resultaba acogedor aunque la noche no era fría, y proporcionaba el ambiente ideal para una comida a la intemperie. Se habían instalado mesas en el espacio delimitado por los carromatos, y como Mic estuviera en una de ellas, masticando con energía una pierna de pollo, Kaylon se dirigió hacia él y lo saludó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah, Kay, veo que sobreviviste —dijo Mic—. Siéntate y come. ¿A tu amigo con plumas le gusta el pollo asado? ¿O no tiene tendencias caníbales?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico agradeció la invitación y se sirvió pollo y ensalada, que compartió con Eles. Había más gente en la mesa, y aunque no le preguntaron más que el nombre, Kaylon observó cuán a menudo lo miraban fijamente. Era una situación un tanto inusual para él, habituado desde pequeño a pasar desapercibido, pero estaba demasiado cansado como para que ello lo perturbara. Satis apareció poco después, y entre él y su primo se encargaron de aligerar la tensión; debían haberse puesto de acuerdo más temprano, porque empezaron a contar una versión todavía más fantástica de la trifulca con el oso, en la que ambos eran los héroes y todos los demás terminaban hasta el cuello en arenas movedizas. Algunos comensales desistieron de acabar su cena, pues llegó el punto en que por las risas se arriesgaban a morir atragantados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al estar toda la tribu presente, el chico verificó sus cálculos: el número de errantes rondaba, efectivamente, los quinientos, aunque una cuarta parte de ellos eran niños menores de diez años. Por segunda vez advirtió lo bien que parecían llevarse todos, lo estrecho de sus lazos afectivos, y se sintió excluido. No porque él lo deseara, o los errantes; pero la forma de vida de aquellas personas era tan ajena a lo que Kaylon había conocido desde su infancia que le resultaba imposible integrarse a ella así de repente. Sin embargo, hasta ese entonces habían sido amables con él. Quizá con el tiempo podría llegar a ser parte de la tribu, si le daban la oportunidad. En tal caso sólo tendría que preguntarse a sí mismo si era eso lo que anhelaba... y tras un rato de serena meditación, concluyó que bien podía ser así. Había estado siempre tan solo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cena no duró más de dos horas. Cuando finalizó, el muchacho ayudó a los errantes a retirar los platos y guardar las mesas. De pronto se vio rodeado por un montón de desconocidos que ya no estaban pendientes de él, y la multitud comenzó a dispersarse dejando a Kaylon en medio del campamento sin saber adónde ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por unos segundos estuvo a punto de cambiar de idea sobre permanecer allí. Tenía a la vista el carromato de Romus; bastaría con decirle que agradecía sus atenciones pero que lo mejor para él sería continuar su camino. Lo detuvo, no obstante, una voz procedente de algún sitio a su derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Empezaba a preguntarme cuándo Mic se olvidaría de ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se volvió hacia el origen de la voz y vio a Tyanna de pie contra unos fardos de paja, con los brazos cruzados y expresión risueña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No tomes a mal su descuido —prosiguió la muchacha—. Mic es un buen tipo, pero su propia personalidad le ocupa la mayor parte del día, así como Satis vive pendiente de su estómago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon no supo qué contestar. Tyanna sonrió. Era una sonrisa maternal, protectora, que lo hizo sentir como un niñito perdido en el bosque que acabara de ser encontrado por un adulto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mic no te llevó con Leila, ¿verdad? —preguntó la joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No —respondió Kaylon, todavía desconcertado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ven conmigo, entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna echó a andar con paso tranquilo y elegante, igual que una cierva. El chico fue detrás de ella cargando a Eles en un brazo. La muchacha continuó hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Romus no te lo dijo, pero Leila es la Madre de la tribu. Ella conoce a todo el mundo y resuelve los asuntos de tipo familiar. Romus se encarga más bien de la administración: quién se va, quién viene, las tareas que debe cumplir cada uno, hacia dónde iremos mañana y por cuál camino. ¿Está claro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bien. Así sabrás a quién debes dirigirte la próxima vez que tengas una duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habían llegado a un carromato bastante grande en cuyo interior reinaba el bullicio. Tyanna golpeó la puerta; después de cuatro tentativas infructuosas, fue recibida por un chiquillo de piel morena y facciones redondas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hola, Bel —dijo la muchacha—. ¿Puedo hablar con tu mamá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño señaló hacia adentro. Tyanna subió al carromato haciéndole señas a Kaylon de que entrara. Él obedeció, aunque temiendo que Eles asustara a los ocupantes de aquella casa rodante o que éstos alteraran a la rapaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro del carromato había una mujer cuarentona, rodeada por una decena de infantes y con un bebé colgando del brazo. Era tan oscura como Dorcai; salvo Bel, los demás niños no se le parecían en nada, así que probablemente los estaba cuidando en ausencia de sus padres. Cuando vio a Tyanna, su rostro se iluminó con una sonrisa blanca como la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Hola, querida! ¡Qué gusto verte! ¿Quién es tu joven acompañante?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Su nombre es Kaylon, y el águila se llama Eles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Encantada de conocerte, Kaylon. ¿A qué debemos tu visita?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A falta de una respuesta concreta, el chico recurrió a Tyanna en silencio tal que la joven habló por él; durante la primera mitad de su explicación, los ojos de la muchacha no se apartaron de los de Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Como dijo Mic cuando lo encontramos, es un pequeño viajero... un pequeño viajero en busca de su destino, creo yo. Y el destino lo ha traído hoy con nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna desvió su mirada hacia la mujer morena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es muy probable que continúe en la caravana por lo menos hasta el final del invierno, de modo que necesitará alojamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya veo —dijo Leila—. Déjame pensar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Madre de la tribu enumeró en voz baja los candidatos para hospedar al muchacho, y uno a uno los rechazó por motivos que ni Tyanna ni Kaylon lograron descifrar entre sus murmullos. Después de un rato, Leila anunció:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Vaya!, somos tantos y sólo se me ocurre una posibilidad... y ya la conoces, ¿verdad, Tyanna?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven suspiró y asintió con desánimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, lo había pensado, pero sabes cómo es él. Desde que Leno partió, se ha acostumbrado a vivir solo y no estoy segura de poder convencerlo de lo contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leila puso una mano en el hombro de la muchacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi hijo se ha convertido en un ermitaño porque solamente hay una persona con quien querría estar. Si alguien puede convencerlo de algo, Tyanna, eres &lt;i&gt;tú&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna volvió a asentir con la cabeza. Luego tomó la mano de Leila y la presionó un momento contra su frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Agradezco tu consejo, Madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No hay de qué, mi niña. En cuanto a ti, apuesto jovencito, ojalá sea tu destino hallar la felicidad en nuestra tribu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias —replicó el muchacho, inclinándose en señal de respeto. Leila rió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Apuesto y bien educado! Bueno, váyanse ya. Es tarde y tengo que acostar a estos traviesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los niños, quienes habían persistido en sus juegos durante todo ese lapso, protestaron ante la idea de irse a dormir. Tyanna y el chico se despidieron de Leila y abandonaron el carromato, dejando a la Madre a merced de las revoltosas criaturas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La hoguera ya no era más que cenizas; los errantes se habían retirado a sus respectivas camas y una agradable quietud imperaba ahora en el campamento, inundada por los olores del bosque circundante y el arrullo de los insectos. Uno de los carromatos, no obstante, resplandecía más que los otros, aunque en su exterior brillaba una única antorcha. Kaylon se sintió atraído hacia ahí cual mariposa nocturna a la llama de una vela; uno de sus pies incluso adelantó al otro, pero Tyanna lo agarró del brazo libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No es por ahí —dijo la muchacha con naturalidad, como si la reacción de Kaylon no tuviera nada de raro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién vive en ese carromato? —preguntó el chico. El hechizo era irresistible; sus piernas aún querían llevarlo en esa dirección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Amalaide —respondió Tyanna en susurro—. Tal vez llegues a verla, pero es igual que el aire: va y viene sin que nadie lo note, excepto cuando ella quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Amalaide —repitió Kaylon. El nombre sonó elusivo y misterioso en sus labios, lleno de un poder indescriptible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha le tironeó del brazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sígueme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminaron hacia otra parte del campamento, próxima al límite del anillo medio. Tyanna detuvo entonces al muchacho y lo empujó contra un carro lleno de víveres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espera aquí —le indicó la joven—. Será mejor que él no te vea hasta que haya aceptado hospedarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon frunció el ceño pero Tyanna no le dio más explicaciones. Con paso resuelto, la muchacha se dirigió a un pequeño carromato estacionado bajo dos árboles viejos y nudosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta ese instante, el muchacho no había imaginado lo que le esperaba; sin embargo, cuando Dorcai respondió al llamado de Tyanna, el curioso intercambio entre ella y Leila cobró sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Fabuloso —murmuró el chico. De todos los errantes que había conocido ese día, ¿tendría que permanecer justo con &lt;i&gt;ése&lt;/i&gt;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde su escondite, Kaylon lo escuchó hablar con Tyanna y el diálogo no le pareció nada prometedor. Por lo visto, el rechazo era recíproco. Tras oír la petición de la joven, Dorcai protestó diciendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quedarse &lt;i&gt;aquí&lt;/i&gt;? ¿Y por qué no lo mandas con los hijos de Yennara? Seguro que ellos tienen lugar para uno más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, vamos, Dorcai. Los hijos de Yennara se la pasan peleando toda la noche, y luego duermen hasta pasadas las doce. Si Kaylon va a trabajar con Aetel, necesitará todas las horas de sueño que pueda conseguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre resopló. Tyanna lo miró con disimulada tristeza; empleando un tono de voz más seductor, reanudó su intento de persuadirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No seas tan hosco. Kaylon no te ha hecho nada. Tuvimos un mal comienzo, lo admito, pero a mí me parece un buen chico. Hazlo por mí, aunque sea. ¿Sí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai no &lt;i&gt;quería&lt;/i&gt; ceder, eso era claro como el cristal, pero... ¿cómo resistirse al encanto de aquellos ojos verdes? A pesar de su desagrado, Kaylon sintió una chispa de simpatía por el joven; él no habría durado ni medio minuto en su lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aj, está bien —accedió al fin el errante moreno—. Puede quedarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tyanna le dio un beso fraternal en la mejilla. Él hizo una mueca, aunque no precisamente de disgusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Odio cuando haces esto, Tyanna, de veras. No, no pongas cara de inocente, te conozco bien. Anda, dile al chico que salga del rincón donde lo ocultaste y que venga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo —dijo la muchacha, sonriendo—. Buenas noches, Dorcai.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, sí, buenas noches —replicó éste con expresión dolida, y desapareció dentro del carromato sin mirar a Tyanna, quien fue a buscar al muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi parte ya está hecha —anunció la joven—. Ve con él... y buena suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven se perdió en la oscuridad. Kaylon tomó aire y marchó hacia el carromato, cuya puerta Dorcai había dejado entornada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Permiso... —dijo el chico al entrar. No recibió respuesta; Dorcai se hallaba de pie junto a la ventana, con los ojos fijos en el vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El interior del carromato estaba muy limpio y ordenado, sin rayar en el fanatismo por el aseo. A Kaylon le dio la sensación de una estricta disciplina, otro punto en favor del errante. Dorcai, por su parte, volvió en sí y contempló al muchacho con hostilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aclaremos algo desde ahora: no te estoy haciendo un favor, sino a Tyanna. Eso quiere decir que &lt;i&gt;yo&lt;/i&gt; mando aquí, y que obedecerás &lt;i&gt;mis&lt;/i&gt; reglas. Regla número uno: nada de estar remoloneando hasta tarde. No me gustan los holgazanes. Regla número dos: detesto el desorden, así que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon, un tanto divertido, decidió cortar por lo sano e interrumpir lo que sin duda sería una larga perorata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oye, no te preocupes por mí. Voy a cuidar de los caballos, así que me levantaré al amanecer y estaré lejos la mayor parte del día. Es posible que ni siquiera vuelva algunas noches, si el tiempo se presta para dormir en el campo. Cualquier regla que impongas, la respetaré; es tu casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai se quedó mudo por un momento, tratando de decidir si el chico era sincero o si decía todo eso para caerle bien. Debió inclinarse por la primera opción, porque su rostro se relajó y su tono de voz sonó amable al preguntar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuántos años tienes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cumpliré trece en el otoño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El errante lo examinó de arriba a abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues pareces algo mayor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta afirmación tomó a Kaylon por sorpresa. Sin embargo, Dorcai tenía razón: aunque Fael lo había llamado "enano" desde muy temprano, el chico siempre había sido alto para su edad por la vida activa que llevaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno —dijo el muchacho después de una pausa—, ¿y qué hago con Eles?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Eles? Ah, el águila. Es verdad, no puedes dejarla afuera. Ponla donde te parezca mejor y mañana le fabricaremos una percha. En cuanto a ti, tendrás que dormir hoy en el piso; regalé la cama de mi hermano cuando se mudó a otra tribu. Te conseguiré una lo antes posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estupendo. Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí... bien... iré por unas mantas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon y Dorcai no hablaron mucho después de eso, pero cuando llegó la hora de apagar la luz, la opinión de cada uno con respecto al otro había mejorado considerablemente. El chico, por lo menos, estaba casi seguro de que el errante no le daría los mismos problemas que Fael, lo cual era un alivio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de entregarse al sueño, el último pensamiento de Kaylon fue que ese día, aunque largo y ajetreado, había sido uno de los mejores que había tenido en varios meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-1120719740283305603?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/1120719740283305603/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-18b.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1120719740283305603'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1120719740283305603'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-18b.html' title='La canción del águila (18B)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-5609620757508883823</id><published>2012-01-30T04:14:00.000-02:00</published><updated>2012-01-31T04:14:53.217-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (18A)</title><content type='html'>El campamento, al que llegaron dos horas después, era mucho más grande de lo que Kaylon había imaginado por el camino. Situado en una parte del bosque donde la arboleda era poco densa, tenía una disposición aproximada de tres anillos concéntricos: por fuera, unos carromatos enormes y recios, destinados a la carga; en el medio, carromatos de menores dimensiones que, por su apariencia menos práctica y más confortable, obviamente funcionaban como viviendas; y en el centro, un espacio donde las personas llevaban a cabo diversos quehaceres. El eje de este espacio era una zona despejada de maleza a fin de poder encender fuego sin peligro alguno, aunque en ese preciso instante sólo ardían allí unos pocos rescoldos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Semejante asentamiento debía contener unos quinientos errantes; el inventor, no obstante, le había asegurado que algunas tribus superaban los dos mil individuos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué más sabía el chico sobre esa gente? No demasiado, pero sí lo esencial. Los errantes eran nómadas, aunque con ciertas características particulares: tenían una ruta claramente establecida que daba vueltas sin cesar alrededor de un punto geográfico específico, de preferencia un lugar sagrado; los colgantes de metal con forma de letras indicaban a cuál tribu pertenecían, pues había más de una y en ocasiones se entrecruzaban; eran, en suma, como pueblos desarraigados en los cuales podían encontrarse todos los oficios que hacen funcionar una comunidad humana. Tenían sus propias tradiciones, sus propias historias y leyendas; es decir, esos pequeños elementos culturales que constituyen una nación. Sin embargo, no eran grupos cerrados. A veces algún errante abandonaba la tribu para vivir de manera convencional o alguien de afuera se unía a sus caravanas. Pero esto era raro, y más frecuentemente los intercambios tenían lugar entre miembros de tribus distintas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con todo esto en mente, Kaylon dejó que su mirada vagara por el campamento para hacerse de una primera impresión. Y le gustó lo que vio, pues allí parecía reinar la armonía; no de la clase que había conocido en la granja, donde las personas se llevaban bien por la costumbre y la necesidad de trabajar en equipo, sino aquella que nace de la amistad entre seres afines. Esto saltaba a la vista casi de inmediato: en ningún momento se encontraban dos errantes sin que mediara entre ellos una sonrisa, un saludo o un ofrecimiento de ayuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Agradable, ¿no? —le dijo Mic a Kaylon, adivinando sus pensamientos—. Así es como vivimos. Ahora ven conmigo; Romus es el Padre de nuestra tribu, y todos los visitantes deben obtener su permiso para poder quedarse en el campamento, aunque sea por una noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorcai y Satis se separaron del grupo, llevándose las piezas de caza y a Nela. El chico, con Eles en el arnés, siguió al pelirrojo. Tyanna fue detrás de ellos pero en silencio y manteniendo cierta distancia, como movida por un propósito secreto. Kaylon procuró no darse vuelta para vigilarla, aunque le resultó difícil: la joven no sólo era atractiva, sino que además parecía interesada en él. El porqué de ello, Kaylon no habría podido asegurarlo. Por lo que recordaba, no había dicho o hecho nada destacable; durante la mayor parte del trayecto hasta el campamento le había permitido a Mic monopolizar la conversación, optando por permanecer callado hasta comprender mejor con qué clase de gente estaba tratando. Finalmente se le ocurrió que la muchacha podría querer saber algo más sobre Eles, dado que se trataba de un ave exótica; en &lt;i&gt;él&lt;/i&gt;, desde luego, no había ni pizca de exótico, y sin duda la joven tendría mejores cosas que hacer que perder su tiempo con un chico por completo común y corriente, aunque viniera de otra región.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejando de lado estas reflexiones, el muchacho contempló con agrado la belleza artesanal de los carromatos, pintados de colores festivos y decorados con objetos de hueso y madera. También observó que, pese a que la mitad de los errantes iban vestidos como Mic y sus compañeros, otros llevaban unos atuendos muy elaborados, con cintas y cuentas de vidrio, collares y pulseras. Los niños, en particular, lucían encantadores: sus trajes eran sencillos pero estampados con figuras de plantas y animales, y usaban unos sombreritos de paja con espigas o flores, según se tratara de varones o niñas. Los pequeños errantes interrumpieron sus juegos para señalar a Kaylon y Eles; cualquier cosa que rompiera la monotonía era, al parecer, digna de su atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mic condujo al chico hasta un carromato que no se distinguía mucho de los demás. Una vez allí, el pelirrojo encaró al muchacho con moderada seriedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Antes de entrar, Kay, te daré un par de consejos: en primer lugar, mira a Romus a los ojos a lo largo de toda la entrevista y no le cuentes ninguna mentira, aunque puedes ejercer tu derecho de no contestar si alguna pregunta te incomoda; en segundo lugar, no te dejes amedrentar. Verás, Romus es un poco como Dorcai: aunque le agrades, no lo demostrará durante un tiempo... diez años, más o menos... y, mientras tanto, se comportará contigo como si fuera a devorarte al menor agravio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon asintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Algo más? —le preguntó a Mic.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí: no te rasques el trasero, no te hurgues la nariz y evita eructar en presencia de nuestro solemne líder. Se enfada mucho cuando &lt;i&gt;yo&lt;/i&gt; lo hago, y eso que soy de la familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico contuvo una risita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, aquí vamos —dijo Mic—. Sujétate de tus calzones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pelirrojo golpeó tres veces la puerta del carromato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Adelante! —tronó una voz desde el interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mic fue el primero en cruzar el umbral; Kaylon lo siguió de cerca, haciéndole espacio a Tyanna para que ella también pasara. La muchacha dejó la puerta abierta a propósito, situándose a un lado de la misma. A Kaylon se le antojaron dos razones para ello: lo hacía en consideración a sus nervios, así no se sentiría encerrado, o con el fin de proporcionarle una vía de escape en caso de que Romus decidiera, en efecto, devorarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde un rincón de la habitación apareció un hombre que en ese instante se estaba secando las manos con una toalla. Era tan alto y rubio como Orantos y más o menos de la misma edad, pero ahí se acababan las similitudes, pues el hombre parecía una copia más delgada y madura de Satis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué ocurre? ¿Quién es él? —preguntó el líder de los errantes. Su voz &lt;i&gt;sí&lt;/i&gt; sonaba amedrentadora... pero la amenaza no iba dirigida a Kaylon sino al pelirrojo, como si fuera habitual que éste le comunicara malas noticias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se llama Kaylon —informó Mic—. Lo encontramos en el bosque, viajando solo, y pensamos que podría cenar con nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Romus se fijó en las botas embarradas de ambos muchachos y frunció el ceño, suponiendo quizás que la verdad era más complicada; pero pasó por alto ese detalle y se dirigió a Kaylon con menor rudeza que a su acompañante. El chico pensó de inmediato en el juez Tolga: el Padre de la tribu irradiaba la misma sensación de autoridad y firmeza de carácter.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Viajando solo, ¿eh? ¿Hacia dónde?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me dirigía al este, hacia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico dejó la frase en suspenso porque en realidad no sabía adónde iba. Hasta ese entonces no había hecho más que dejarse guiar por su intuición... y la de Eles. Su voluntad, adormecida durante largas semanas, acabó por despertar e imponerse, y Kaylon terminó la oración de esta manera:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—... hacia ningún sitio en particular, supongo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles se agitó dentro del arnés; el muchacho lo ignoró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te fuiste de casa —dijo Romus. No era una pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon resumió la cadena de sucesos que lo habían conducido hasta ahí. Ninguno de los presentes se aventuró a opinar, mas el chico percibió en ellos cierta empatía; después de todo, los errantes también eran diferentes al resto del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y eso es todo, creo —concluyó el muchacho. Había omitido solamente algunos hechos referentes a Eles, como la historia de su hallazgo, el asunto de la flecha y aquellas actitudes del ave para las que no tenía una explicación lógica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Romus se frotó la barbilla. Su expresión era mucho más amigable que al principio y Kaylon pensó que había superado la prueba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ajá —exclamó el hombre después de unos minutos—. Bueno, hijo, no diría que te has metido en problemas, pero tu situación tampoco es muy favorable. Y como los errantes nunca negamos asilo a quien lo necesita, puedes quedarte con nosotros hasta que acaben las lluvias. Si terminas por encontrarte a gusto, tal vez quieras acompañarnos al sur para pasar el invierno, y después de eso... bien, supongo que mucho antes ya habrás resuelto qué hacer con tu vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon le dio las gracias al líder de la tribu. Romus le correspondió con un gesto y luego se dirigió a Mic:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Llévalo con Aetel y dile que le busque un trabajo. Al fin y al cabo, siempre se está quejando de que le falta gente para cuidar de los caballos. Ve también con Leila y pregúntale dónde puede dormir el chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, tío —respondió Mic con expresión obediente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y dile a Satis que venga cuanto antes. Según su madre, hoy le toca lavar la ropa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Con mucho gusto —replicó el pelirrojo. Un brillo travieso bailaba en sus pupilas; sin duda tramaba algo. Romus le echó una mirada disuasiva pero Mic se hizo el distraído, súbitamente ocupado en dar lustre a la hebilla de su cinturón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya, desaparece —le ordenó el hombre a su sobrino, y fue a colgar la toalla húmeda en una de las ventanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon y Mic salieron del carromato. Tyanna no estaba por ningún lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Segunda parada: los corrales —anunció el pelirrojo—. Amigo Kay, espero que te gusten &lt;i&gt;mucho&lt;/i&gt; los caballos, porque lo que te aguarda no es trabajo para damiselas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejando atrás el campamento, caminaron por un sendero poco definido entre los árboles, el cual terminaba en un llano donde se extendía un lago de color turquesa. No muy lejos de dicho lago los errantes habían construido unos corrales de troncos; allí, masticando heno bajo la sombra del monte, descansaban por lo menos unos cuatrocientos caballos de tiro pesado. Eran unas bestias magníficas, casi todas de pelaje bayo, colas cortas y patas gruesas y peludas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Son &lt;i&gt;preciosos&lt;/i&gt; —dijo Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, eso no lo discuto —replicó Mic—, pero también son las criaturas más tozudas que he conocido. Ni muerto me pondría en tus zapatos. Ah, mira, ahí está Satis con tu yegua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mic bajó trotando la pendiente; el chico lo imitó y juntos llegaron a la zona de los corrales. Mientras le daba de beber a Nela, Satis narraba de forma creativa su último encuentro con Beorb a un público de siete hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—... entonces el oso y yo nos enlazamos en una lucha cuerpo a cuerpo, y así fue como salvé la vida de Dorcai, quien yacía atontado en...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pelirrojo aplaudió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Felicidades, primo. Ahora dime: ¿eso ocurrió antes o después de hundirte como una piedra en el barro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siete hombres rieron; Satis hizo un gesto de "no le hagan caso a este bobo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Dónde está Aetel? —le preguntó Mic a su primo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por allá, cerca de aquellas rocas. Ahora vete, estás estropeando mi momento de gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, claro. Vamos, Kay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando los dos muchachos estuvieron a una veintena de metros del grupo de errantes, Mic se dio vuelta y exclamó con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡A propósito, primito: dice tu mami que hoy te toca lavar la ropa!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siete hombres, más algunos otros que andaban por los alrededores, soltaron sendas carcajadas; Satis se puso rojo como el pelo de su primo y Kaylon leyó en sus labios algo así como "lo voy a matar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah, dulce venganza —dijo Mic—. Esto le enseñará a no contarle a la bella Imaura sobre la vez que me senté en un hormiguero. Ven, Kay, ahora sí te llevaré con Aetel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Visto de espaldas, Aetel era un tipo bajo, fortachón, de pelo negro y corto... pero cuando se dio vuelta, resultó ser una mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Dijiste que esto no era trabajo para damiselas —murmuró Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y &lt;i&gt;eso&lt;/i&gt; te parece una damisela? —contestó el pelirrojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya te oí, Mic —dijo Aetel. Su voz sonó ronca pero no malhumorada; debía estar acostumbrada a las bromas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Él es Kaylon. Va a permanecer una temporada con nosotros, de modo que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, entiendo. Dime, pequeño, ¿qué sabes sobre caballos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De donde vengo los criábamos —respondió el chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Excelente. Nos serás de gran ayuda. ¿Puedes empezar ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon asintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Déjalo conmigo, Mic —le indicó Aetel al pelirrojo—. Te lo devolveré cuando hayamos terminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien. Te espero en el campamento, Kay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprovechando que Aetel no lo veía por estar desenredando unas bridas, Mic le hizo un guiño al chico, señaló a la mujer y puso cara de susto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sé lo que hiciste, Mic... —dijo Aetel sin apartar la mirada de las bridas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ten cuidado, Kay, se las sabe todas —le advirtió el pelirrojo a Kaylon en tono confidencial, y luego se retiró silbando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta la hora de la cena, el chico estuvo ocupado con los caballos de los errantes, haciendo prácticamente lo mismo que en la granja. Mic había tenido razón acerca de esos animales: sí eran testarudos, y propensos además a las patadas, pisotones y mordiscos. Sin embargo, no era la primera vez que el muchacho trataba con equinos de temperamento irritable, de modo que se las arregló bastante bien; tan bien, de hecho, que Aetel y el resto de los encargados tuvieron que reconocer su destreza. En cuanto a la mujer, en realidad era muy simpática a pesar de su masculinidad. A eso de las siete despidió a Kaylon con tiempo para asearse, y lo invitó a desayunar junto al lago a la mañana siguiente. Por todo esto, el muchacho regresó al campamento sintiéndose de maravilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-5609620757508883823?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/5609620757508883823/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-18a.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/5609620757508883823'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/5609620757508883823'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-18a.html' title='La canción del águila (18A)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-7589031400094355604</id><published>2012-01-29T14:31:00.001-02:00</published><updated>2012-01-29T14:31:30.346-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (17)</title><content type='html'>El puente del río Eb, al que Kaylon llegó dos días después, se hallaba en tan mal estado que el chico lo cruzó solo a pie antes de atreverse a hacerlo con Nela y Eles. Cuando los tres llegaron por fin al otro lado, Kaylon dio media vuelta para admirar la desvencijada y crujiente estructura, aún asombrado de que hubiera tolerado el peso de la yegua sin arrojar más que unas pocas astillas. Pero no se engañaba; el río era de cauce profundo y turbulento, y probablemente arrastraría el puente cual montón de palitos podridos durante la estación de las lluvias. Claro que a él le daba igual, porque no pensaba volver a atravesarlo por nada del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cielo estaba nublado, así que el muchacho sacó su brújula para asegurarse de estar yendo en la dirección correcta. Sí, todo pintaba bien: el río corría de norte a sur, y si seguía el sendero perpendicular al mismo no se desviaría por el resto del día, al menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De acuerdo al reloj eran las doce y veinte, lo cual explicaba los gruñidos de su estómago. Sin embargo, le llamó la atención el tercer indicador del instrumento, pues según éste la presión de la atmósfera estaba decayendo con rapidez. El muchacho contempló el firmamento. Realmente no parecía que fuera a llover, pero había aprendido a hacerle caso al invento de su amigo; por lo tanto, decidió avanzar un poco más e instalarse en el primer refugio que encontrara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro horas más tarde, el agua caía a torrentes desde el cielo y los truenos hacían vibrar las paredes de roca de la cueva donde el chico se había metido. Era el sitio perfecto para resguardarse de la lluvia: se encontraba en terreno elevado y había espacio suficiente en su interior para alojar a Nela, a quien no le gustaba quedar expuesta durante las tormentas eléctricas. La yegua se había tumbado cómodamente sobre un colchón de detritos vegetales; Eles, por otro lado, estaba de pie junto a la entrada de la cueva, como si quisiera partir apenas terminara de llover. Kaylon aprovechó para merendar con unas bayas que había recogido por el camino, y mientras tanto se dedicó a observar al ave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo el resplandor de los rayos que se filtraba a través de la cortina de agua, el chico no pudo dejar de notar lo mucho que había mejorado Eles en los últimos tiempos, a medida que se dirigían hacia el este. Las plumas nuevas del animal despedían reflejos de oro y sus ojos eran dos soles, límpidos e incandescentes. Incluso daba la impresión de haber crecido, a causa del aumento de masa muscular. No obstante, el muchacho no creyó que todo eso se debiera a la buena alimentación y el ejercicio. Era más bien como si el ave tuviera una sensación de propósito al estar yendo en una dirección concreta, y ello la reanimara con mayor eficacia que el movimiento o la comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tales pensamientos le producían escalofríos al chico, porque lo llevaban a la conclusión de que Eles era mucho más que un águila, al ser capaz de sentir emociones humanas. Y eso no era posible... ¿o sí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto se oyó un ruido de madera al quebrarse. A Eles se le erizó el plumaje y Nela levantó la cabeza, sobresaltada. Kaylon permaneció tranquilo; se había caído un árbol muerto o, como había estado esperando desde que empezara la tormenta, el puente del río Eb había cedido ante la fuerza de la corriente. Seguramente lo reconstruirían en el otoño o la primavera siguiente, a más tardar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico se arrebujó en su capa y durmió una apacible siesta, a pesar de los truenos. Despertó al sentir los picotazos del águila en sus dedos; ya no llovía, y aún tenían por delante algunas horas de luz diurna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien, Eles, entendí el mensaje —dijo el muchacho mientras se desperezaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon salió de la cueva llevando a Nela por las riendas y a Eles en su espalda. Las nubes comenzaban a abrirse, mostrando aquí y allá parches de cielo azul; hacia el este, dado que el sol se encaminaba al poniente, un diáfano arco iris daba un toque de color al firmamento. El fenómeno sólo duró unos pocos minutos pero el muchacho se sintió bien al contemplarlo, como si fuera un buen augurio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al atardecer, el cielo estaba despejado y las primeras estrellas se hacían guiños unas a otras. La temporada de lluvias tardaría un poco más en llegar, por suerte; lo de ese día había sido tan sólo un preludio. El muchacho acampó al aire libre, dejando de lado por el momento toda preocupación climatológica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día siguiente amaneció sin una sola nube de aspecto sospechoso, y aunque los caminos estaban poblados de charcos más o menos profundos, ello no le impidió a Nela cubrir una larga distancia antes del mediodía. A esa hora, Kaylon resolvió hacer un alto. Había unos espléndidos árboles frutales a la vera del sendero, y no estaba bien desperdiciar una oportunidad para abastecerse. Así pues, ató bien a Nela para que no se empachara con fruta madura, dejó a Eles sobre la silla de montar y marchó con una bolsa a recolectar los dulces regalos de la naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba tan concentrado en la tarea que se alejó bastante de la yegua. Se le ocurrió entonces al muchacho que podría ocultarse en algún sitio y esperar; los frutos seguramente atraerían a los pequeños animales del campo, y la dieta de Eles consistía más que nada en carne fresca. Pensando en darle el gusto, buscó un lugar apropiado para el acecho, pero lo distrajeron unas voces que provenían del otro lado de una barrera de arbustos. Dominado por la curiosidad, Kaylon se aproximó a dichas plantas y espió por entre sus ramas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del otro lado había un claro que precedía un bosquecillo, y ahí, sentados sobre un tronco caído, dos jóvenes de unos diecisiete o dieciocho años estaban ocupados con unas piezas de caza. Uno era un muchacho pelirrojo, de tez muy pálida y flaco como un espantapájaros; el otro era una muchacha de semblante adusto, cabello castaño y figura atlética. De sus cuellos pendían unos colgantes de metal que parecían letras entrelazadas en múltiples revueltas; Kaylon no tenía idea de qué representaban aquellos símbolos en particular, pero gracias a Orantos sí conocía su origen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Errantes —murmuró el chico. ¿Debía presentarse ante ellos o marcharse?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incapaz de elegir entre una cosa o la otra, se quedó donde estaba y prestó atención a la conversación de aquellos jóvenes... si es que podía llamársele conversación, dado que el pelirrojo tenía la palabra la mayor parte del tiempo. La muchacha no hacía mucho más que resoplar y observar a su compañero con expresión de fastidio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—... y cuando yo le dije: "Eso te pasa por no hacerme caso", él gruñó, amagó un puntapié en mi dirección ¡y luego me mandó a despellejar ratones! ¿Qué te parece? Bueno, cuando menos ya no tendré que devanarme los sesos pensando qué cocinar la próxima vez que me toque ayudar con la cena. Les serviré a todos un plato de ratones fritos, sazonados con...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí la muchacha interrumpió el monólogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Estás seguro de que éste es el punto de reunión?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por supuesto que estoy seguro. ¿Acaso crees que sólo hay aire en los confines de mi duro cráneo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha le dirigió una mirada de confirmación, parpadeando varias veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien —continuó el pelirrojo—, lo plantearé de otra manera: ¿cuántos troncos caídos y musgosos en un claro cerca del límite del bosque, a unos pasos de donde crecen los árboles frutales, puede haber por los alrededores, eh? Ya sabes que nuestro amigo Dorcai no es muy elocuente, pero cuando le da por describir algo salta a la vista su vena poética.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven alzó ambas manos, dando por terminado el asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aunque a mí también me extraña que él y Satis se estén demorando tanto —dijo su interlocutor—. Por más que mi primo haya decidido detenerse a comer, como siempre, Dorcai es muy puntual. Y ya sabemos que no tendría ningún inconveniente en levantar a mi gordo primo del suelo y traerlo a cuestas para llegar a tiempo. Sin remordimientos de conciencia, además. Dime, ¿cómo puede ser tan serio y tan musculoso a la vez si él y yo vivimos bajo las mismas condiciones ambientales? Mírame a mí: delgado, chistoso y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo de delgado lo acepto —explotó la muchacha—, pero lo de chistoso es discutible. ¿Por qué no te &lt;i&gt;callas&lt;/i&gt; de una vez? Me conformo con cinco minutos... lo suficiente para evitar que te asesine, en todo caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pelirrojo se llevó las manos al pecho, gimiendo como si le hubieran dado un golpe de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, ¿cómo puedes ser tan cruel? Cruel, cruel, cruel. Mira: me he puesto blanco como la cera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha hizo rodar los ojos. En su escondite, Kaylon sonrió... hasta que algo se movió detrás de él y una voz masculina le advirtió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Un paso en falso y será el último que des. Voltéate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico obedeció, y por si acaso lo hizo muy lentamente, mostrando que estaba desarmado. Lo primero que vio fue una ballesta apuntándole al pecho; al otro extremo de la misma había un hombre de unos veintidós años, de piel muy oscura y cabeza rapada. Otro errante, sin duda, y con un cuerpo tan escultural que debía tratarse del tal Dorcai.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Camina hacia el claro —le ordenó el errante. Kaylon se abrió paso a través de los arbustos, esperando el momento adecuado para anunciar que era inofensivo. Los dos jóvenes del claro se pusieron de pie al ver al chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué significa esto? —inquirió la muchacha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso —la secundó el pelirrojo—. Dorcai, colega, se suponía que íbamos a cazar animales, a-ni-ma-les, no...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Cállate, Mic! —exclamaron Dorcai y la joven. Sonó como si fuera la milésima vez que decían juntos esa frase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon sintió la punta de la flecha en su espalda. Dorcai explicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Encontré a esta sabandija detrás de esas matas, espiándolos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Espiándonos! —dijo Mic con tono escandalizado, y luego se dirigió a la muchacha—. Menos mal que no estábamos haciendo nada indebido, amorcito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La aludida le dio un codazo al pelirrojo y se adelantó para preguntarle a Kaylon:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué te proponías? ¡Habla!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como para recalcar la importancia de la pregunta, Dorcai presionó un poco más la ballesta contra la espalda del chico, quien no pudo evitar dar un respingo. La expresión de la joven se suavizó un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No seas tan brusco, Dorcai, es sólo un niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ballesta se retiró... apenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No pretendía hacer nada malo, de veras —se defendió el chico—. Pasaba por aquí, los escuché hablar, y quería averiguar si eran amigables antes de anunciar mi presencia, es todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pelirrojo se rió entre dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues con semejante presentación ya no querrás saber nada de nosotros, ¿verdad? Anda, Dorqui-loqui, déjalo. Es un pequeño viajero, no una bestia salvaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ballesta, olvidada, pasó a apuntar al suelo, y Dorcai avanzó hacia Mic con un puño en alto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya te he dicho que no me llames...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre no llegó a completar la frase porque alguien pasó como una tromba junto a ellos, gritando a todo pulmón:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡¡Cooooorraaaaannn!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quienquiera que fuese siguió de largo, dejando a todos estupefactos. El único que atinó a decir algo fue el pelirrojo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tampoco pudo terminar la frase, pues un espantoso rugido sonó entre los árboles... y se estaba acercando con rapidez. Un poco más y verían a la criatura que lo había producido, la cual se desplazaba rompiendo ramas y pisando con una fuerza que revelaba su gran tamaño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hasta luego —dijo Mic, y partió en la misma dirección que el primer sujeto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un nuevo rugido y los otros dos errantes también decidieron que no les vendría mal un cambio de panorama. El único que permaneció en el claro fue Kaylon, hasta que la muchacha retrocedió para buscarlo y lo agarró del brazo, sacándolo de su aturdimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Corre, tonto, es Beorb!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon corrió, pero tuvo tiempo de echar una ojeada al peligro que se cernía sobre ellos: era un oso pardo, el más grande que hubiera visto en su vida; tenía la altura de un hombre aun sobre sus cuatro patas, enormes fauces llenas de dientes gastados pero poderosos, y garras como grises navajas letales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico y los tres errantes alcanzaron a quien los había puesto al tanto de la amenaza. Se trataba de otro joven de la tribu, un tipo bajo y regordete, de tez colorada; sus piernas cortas no rivalizaban con las de los otros, y cuando todos se colocaron junto a él, la muchacha le preguntó entre jadeos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué... le hiciste... a Beorb esta... vez?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Na... nada... ¡Lo ju... juro!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo que... nada, cabeza... hueca? —dijo Mic, igualmente falto de aliento—. Tienes... miel, ¿no... es cierto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No! —contestó el tipo regordete con aires de culpabilidad—. De... de veras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resultaba imposible creerle, no obstante, porque no sólo estaba embadurnado de dicha sustancia sino que además tenía un par de abejas enredadas en su pelo rubio, y oprimía contra su pecho una vasija de metal como si fuera un preciado tesoro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás de ellos, el oso comenzaba a pisarles los talones, todavía rugiendo. Aunque corpulento, era rápido como un caballo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Suelta esa vasija... antes de que nos atrape! —gritó Dorcai.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ni... lo... sueñes! —replicó el aludido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Dame eso! —bramó la muchacha, y con un ágil movimiento le arrebató la vasija a su portador y la arrojó por encima de su hombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El oso se detuvo y olfateó el recipiente. Los cinco humanos dejaron de correr; expectantes, se volvieron hacia el animal. Éste engulló la miel en cuatro ávidos lengüetazos... pero luego levantó su parda cabeza, oliendo la brisa, y nuevamente se abalanzó sobre los jóvenes, reanudando la persecución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pudieron continuar así mucho rato, porque antes de darse cuenta se habían internado en un lodazal. Dorcai, por ser el más voluminoso, fue el primero en estancarse; se había hundido hasta los tobillos en el barro. Los otros no tardaron en tener el mismo problema, y se dieron vuelta para ver si el oso continuaba detrás de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El animal se había parado a orillas del lodazal y el barro no le cubría más que las zarpas. Su apariencia era terrorífica, desde el morro lleno de cicatrices hasta sus ancas rollizas y potentes. Seguía olfateando la brisa. Era obvio que quería algo más de los humanos, y llevado por la impaciencia y la gula se irguió sobre las patas traseras y profirió un rugido más estruendoso que los anteriores. Le chorreaba espuma de la boca; sumando a eso la apelmazada suciedad del pelaje de su vientre, la bestia semejaba un perfecto monstruo de fábula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tres errantes que Kaylon había visto primero clavaron la mirada en su amigo y lo interpelaron de igual manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Satis...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Eso era todo, de veras!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Satis! —gritaron los tres errantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Nos está tragando el lodo, pedazo de estómago ambulante! —agregó Mic—. ¡Sé que tienes más miel escondida, dásela o bailaré sobre tu barriga mientras te hundes!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Oh, &lt;i&gt;de acuerdo&lt;/i&gt;!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho esto, Satis abrió su chaleco y dejó al descubierto una segunda vasija metálica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aquí se va mi postre —suspiró el joven, y lanzó la vasija en dirección al oso. Le dio justo en la frente, pero la criatura, en lugar de enfurecerse, emitió un gruñido de satisfacción, sacó el recipiente del barro con sus dientes y procedió a saciarse con la golosina sobre el pasto limpio que había más allá. Cuando no quedó de la miel más que su recuerdo, el animal se retiró balanceando alegremente los cuartos traseros (igual que un cerdo, pensó Kaylon).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los humanos salieron con cierto esfuerzo del lodazal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Siempre la misma historia —farfulló Mic—. ¿Por qué debe ser el apetito la única motivación de tu existencia? Podrías hacer lo que el resto de nosotros: pasar el día entero fanfarroneando con tal de impresionar a las chicas. Realmente, primo, eres un caso perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Yo? ¿&lt;i&gt;Yo&lt;/i&gt;, un caso perdido? ¿Y &lt;i&gt;quiénes&lt;/i&gt; son los que constantemente me piden que vaya a buscar miel, eh? No los veo a &lt;i&gt;ustedes&lt;/i&gt; dejándose atacar por las abejas, no señor. Observen mis pobres brazos: ¡seis picaduras, &lt;i&gt;seis&lt;/i&gt;! Ni que me hubiera revolcado sobre un rosal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satis se arrancó los aguijones articulando un "¡auch!" en cada ocasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te agradecemos que consigas la miel —dijo la muchacha en tono diplomático—, pero ya deberías haber asumido que no debes invadir el territorio de Beorb. Cada vez que pasamos por aquí ocurre lo mismo. El pobre animal es viejo pero no estúpido; al fin y al cabo, él no puede hacer humo para adormecer a las abejas, tú sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Vaya forma de reconocer mi talento! —le dijo Satis al pelirrojo—. Poco más está insinuando que el oso es más listo que yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ajá —replicó el aludido—. Justamente hace un rato nuestra amiga aquí presente menoscabó mi inagotable ingenio. Perdóname por increparte hace un momento, primo; tenemos que permanecer unidos frente a quienes nos desprecian.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es cierto. No nos comprenden —dijo Satis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No nos comprenden —repitió su primo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos sacudieron la cabeza en un ademán teatral de resignación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras esta charla tenía lugar, los cinco jóvenes se sacudieron lo mejor posible el barro de las piernas y el calzado. Kaylon, por su parte, se dedicó también a observar un poco mejor a los errantes, puesto que los únicos datos que tenía sobre ellos provenían de los relatos del inventor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cuatro vestían ropas de trabajo pero bastante originales en su confección: botas y pantalones de una rara piel moteada, muy bien curtida, con múltiples bolsillos; el errante moreno sólo llevaba sobre su torso el chaleco, pero los otros usaban por debajo de tal prenda unas camisas de tejido suave, adornadas con dibujos simples en tinta negra. Todos iban armados con flechas y cuchillos, y la muchacha incluso cargaba al cinto una espada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satis, quien no era tan colorado sino que se había puesto así por la carrera, se percató al fin de que había un extraño en el grupo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y ése quién es? —preguntó a sus compañeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aguarda, ya te digo —contestó Mic, y luego se dirigió a Kaylon con exagerada cortesía—. ¿Quién eres, pequeño viajero?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Puf! Eso pude hacerlo yo —comentó Satis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero no con tanta elegancia, primo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Déjenlo hablar —terció la muchacha—. A ver, niño, dinos tu nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me llamo Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿&lt;i&gt;Sólo&lt;/i&gt; Kaylon? —intervino Dorcai.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico asintió, molesto. ¿Por qué todos tenían que insistir con eso del apellido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues bien —dijo Mic—, él es Dorcai, ella es Tyanna, y esta bola de rubios cabellos es mi primo Satis. Yo soy Mic.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pelirrojo le ofreció la mano a Kaylon. Mientras éste se la estrechaba, Mic puntualizó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En realidad mi nombre completo tiene treinta sílabas, pero lo acorté para ahorrar tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Puedes decirme Kay, entonces —replicó el chico con una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mic miró a sus compañeros y les hizo un gesto de que se aproximaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vamos, muchachos, no sean tímidos y vengan a saludar a nuestro nuevo amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satis fue el siguiente; tenía las manos pegajosas, además de embarradas. Dorcai no se movió. Tyanna frunció el ceño, reprochándole en silencio su injustificada desconfianza, y le tendió su diestra a Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que la joven se hallaba a dos pasos de él, el chico vio que era muy bonita. Tenía unos hermosos ojos verdes, no del color alegre de la hierba sino del matiz oscuro y profundo del mar cuando está lleno de algas; estaba un poco bronceada, pero su cutis resplandecía con juvenil frescura. Kaylon le tomó la mano agradeciendo no tener que hablarle, porque seguramente habría tartamudeado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues a mí me pareces un fugitivo —dijo Dorcai de repente—. ¿Un chico solo, de paso por la nada?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Voy hacia el este —le informó Kaylon, sabiendo cuán absurda debía sonar su declaración—. Y sí, dejé mi hogar, pero no soy un fugitivo; no estoy huyendo de nada ni de nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Excepto de Beorb, hace diez minutos —apuntó el pelirrojo—. Pero tú no te lo buscaste, chico... ¿verdad, Satis?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, sí, culpen al gordo —se quejó éste—. Ah, qué rayos. Mira, Kaylon, o Kay, si prefieres: dado que te hice pasar un mal rato, ¿por qué no vienes a nuestro campamento y cenas con nosotros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Típico de mi primo! —exclamó Mic—. ¡Cada vez que fastidia a alguien, hace las paces con comida!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satis enarcó las cejas y se encogió de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y por qué no? Siempre funciona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me parece una buena idea —dijo Tyanna—. Vamos al claro a recoger nuestras cosas y de allí al campamento. ¿Estás de acuerdo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon titubeó un poco antes de aceptar, pero al final lo hizo porque extrañaba muchísimo la compañía humana. No había sabido cuánto hasta ese instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron por el claro del tronco caído y luego los errantes acompañaron al chico a buscar a Nela. Entre tanto, Kaylon les preguntó por qué no habían usado sus armas contra el oso, más que nada para verificar su impresión acerca de aquellos jóvenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué o quién nos da el derecho de atacar al buen y viejo Beorb? —contestó Mic—. Él ha vivido en estos bosques desde antes que nosotros llegáramos. A decir verdad, no es tan feroz como aparenta; sólo se hace el loco cuando Satis le roba su preciosa miel. Por lo demás, podríamos decir que es el oso más pachorrudo del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Acaso tú le habrías disparado? —le preguntó Tyanna al chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, claro que no —respondió Kaylon—. Siempre queda el recurso de trepar a un árbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mic soltó una carcajada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Oye, primo!, ¿te crees capaz de subir tu rechoncho cuerpo a un árbol? Me gustaría verte intentarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cierra el pico, Mic. Apuesto a que lo haría mejor que tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nela se encontraba donde Kaylon la había amarrado, dormitando de puro aburrimiento. Eles, en cambio, estaba alerta y examinó a los desconocidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vaya... —dijo Mic al ver a la rapaz, y milagrosamente se quedó sin palabras después de eso. No era el único impresionado, por cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico miró de soslayo a Dorcai, pues era quien más le preocupaba. Sin embargo, no supo interpretar su mirada, aunque no había en ella envidia, desdén o cualquiera de las emociones negativas que habría demostrado Fael en su lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Un águila —murmuró Satis—. Genial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Las conocen? —preguntó Kaylon, asombrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hemos visto algunas en las tierras del norte —explicó Tyanna—. No son muy abundantes. ¿La encontraste por aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico hizo un gesto afirmativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Alguien le disparó una flecha, haciéndole perder la mitad del ala, ¿ven? Se llama Eles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No es un águila del norte —dijo Dorcai en voz muy baja, pero todos se volvieron hacia él—. Ésas tienen el pecho blanco y no son tan grandes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguió una pausa y luego Dorcai habló de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y bien? ¿Qué estamos esperando? Es un largo trecho hasta el campamento y ya nos hemos demorado bastante con tonterías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mic extendió ambas manos hacia el joven moreno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Te presento a nuestro querido Dorqui, el Eterno Aguafiestas y Maestro de la Antipatía! Otro caso perdido. En fin... —suspiró—. Vamos, Kay, apuesto a que nunca has estado en un campamento de errantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon marchó junto a sus nuevos amigos al encuentro de su tribu. Empezaba a sentirse a gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-7589031400094355604?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/7589031400094355604/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-17.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7589031400094355604'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7589031400094355604'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-17.html' title='La canción del águila (17)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-8286872328009267212</id><published>2012-01-28T17:33:00.000-02:00</published><updated>2012-01-28T17:33:25.576-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (16)</title><content type='html'>Debido quizás al episodio de la flecha, sus sueños no fueron nada agradables. Se despertó a la mañana más fatigado que antes de acostarse, y para colmo de males se percató de que a Nela le hacía falta un cambio de herraduras y él no había traído repuestos. De pésimo humor, Kaylon buscó una carretera empedrada y la recorrió con la esperanza de hallar una posada donde pudiera adquirir lo necesario para el trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le tomó todo el día, pero no era muy tarde cuando por fin llegó al lugar indicado. La posada se levantaba a un lado de la carretera, y para su buena suerte era un sitio agradable, limpio y que contaba además con unas amplias caballerizas. Se parecía un poco a su antigua casa, de hecho, pero de menor tamaño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prefiriendo evitar en lo posible el encuentro con desconocidos, se dirigió directamente a los establos. Allí lo recibió uno de los encargados, un tipo muy simpático y gordo a quien le sorprendió que un muchacho tan joven estuviera viajando solo. Kaylon se limitó a enumerar sus requerimientos, ya que deseaba largarse de ahí cuanto antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Claro, hijo, aguarda un segundo —respondió el hombre gordo—. ¿Dónde puse esas condenadas herraduras? Ah, sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El encargado, quien ya le había echado un vistazo a los cascos de Nela, rebuscó en unos cajones de madera que estaban amontonados en un rincón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Escucha —dijo el hombre—, si me das dos minutos para ir a buscar las herramientas, le cambiaré ahora mismo los zapatos a tu yegua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No hace falta —aseguró el muchacho—. Lo haré yo mañana, por el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah. Está bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre le entregó a Kaylon las herraduras y un paquete de clavos. Mientras el chico le pagaba, el encargado se fijó en Eles con cierto interés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Qué ave tan particular. ¿Qué es y de dónde viene?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se habría rehusado a contestar, pero el encargado de los establos lo había tratado bien y no era cuestión de mostrarse descortés. Sin embargo, le respondió en un tono que daba a entender que no siguiera indagando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es un águila. Viene de mis tierras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre gordo comprendió la indirecta y solamente asintió con la cabeza. El chico le dio las gracias y se retiró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Espera! —lo llamó el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon, ya a la altura de la puerta, se dio vuelta sin ocultar su impaciencia. Dado que no iba a permanecer allí, quería estar lejos de la posada antes de que la luna se ocultara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Vas hacia el este? —inquirió el hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho frunció el ceño. Su interlocutor alzó ambas manos y aclaró:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No trato de inmiscuirme en tus asuntos, de veras. Pero si vas hacia el este debo advertirte que uno de los puentes del río Eb se derrumbó hace una semana. Ve a preguntarle al tabernero si es el puente norte o el del sur. La distancia entre ellos es grande, y si te equivocas tendrás que desandar un buen trecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon, más tranquilo, hizo un gesto afirmativo, le agradeció otra vez al encargado y le arrojó una moneda de plata a modo de propina. El hombre atrapó al vuelo la moneda y se despidió del muchacho con una sonrisa y una señal de buena suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico titubeó bastante antes de dirigirse a la taberna, pero al final decidió que no podía permitirse una demora en su camino hacia... donde fuera. Bueno, por lo menos ahorraría energías, lo cual nunca estaba de sobra. Pensando que no era conveniente que más gente viera a Eles, y como tampoco quería dejarlo solo afuera, colgó el arnés sobre uno de sus costados y cubrió al águila con su capa. Después ató a Nela a un poste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El local, al que Kaylon entró a través de una labrada puerta de vaivén, estaba sumido en una semioscuridad cargada de humo y olor de bebidas alcohólicas, pero su aspecto no era sórdido sino confortable. El chico caminó discretamente hacia la barra y habló con el tabernero, preguntándole en voz baja acerca del puente derrumbado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que el hombre pudiera contestar, unas risas desagradables llenaron el recinto opacando los demás ruidos. Tanto Kaylon como el tabernero se volvieron hacia su punto de origen, el segundo con un ademán de advertencia para los tres sujetos responsables del escándalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho sólo necesitó unos segundos para saber que aquellos hombres eran representantes de la clase más rastrera que él conocía: los ladrones de caballos. Estaba bien familiarizado con los de su calaña; en varias ocasiones él y otros empleados de la granja se habían enfrentado a ellos y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;... y, de hecho, Kaylon identificó a uno de los criminales por la cicatriz que le cruzaba la mejilla, porque él mismo se la había producido con una flecha el año anterior. El chico ocultó su rostro volviéndose hacia el tabernero. Éste no parecía nada contento de tener al trío de bandidos en su local, y seguramente estaba esperando a que le dieran una excusa para ponerlos de patitas en la calle; sin embargo, en lugar de decirles que se callaran o se fueran, contestó la pregunta de Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Fue el puente sur el que se vino abajo, aunque creo que el otro lo imitará muy pronto. Ahora esfúmate, chico, éste no es lugar para ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias. Buenas noches —replicó el muchacho, y salió de la taberna pasando lo más lejos posible de la mesa donde estaban los ladrones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No percibió que, desde un rincón, dos pares de ojos lo siguieron atentamente hasta el umbral. De la espalda de uno de aquellos sujetos pendía un carcaj repleto de saetas con plumas azules.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en la entrada, Kaylon se paró en seco. Nela no estaba por ninguna parte. El chico permaneció allí plantado, estupefacto, hasta que un relincho lo llamó a la vuelta de la esquina. Suspirando de alivio, Kaylon fue a buscar a su yegua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La encontró en el estrecho callejón que formaban la taberna y las habitaciones de la posada. Pero algo no estaba bien. ¿Por qué la yegua iba a desatar las riendas y meterse en aquel sitio? No tenía sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ven, Nela —dijo Kaylon. La yegua trató de moverse hacia su dueño pero algo la estaba reteniendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había alguien escondido en las sombras del callejón. El muchacho no podía verlo; fue su instinto quien le reveló su presencia. Kaylon empezó a darse vuelta para ir a pedir ayuda, pero un brazo le rodeó el cuello y al instante sintió un filo metálico en su garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Creíste que no me fijaría en ti, chico? —le dijo al oído una voz rasposa—. Nunca olvido una cara, sobre todo la de alguien que deja una marca en la mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el tipo de la cicatriz. Desde detrás de Nela, sujetando las riendas, surgió uno de sus secuaces, quien se había escabullido de la taberna justo después de entrar Kaylon. Eles se agitó contra el costado del muchacho; seguramente entendía que estaban en peligro, porque se mantuvo en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Creo que ahora debería devolverte el favor —continuó el hombre de la cicatriz—, aunque por lo que vi cuando apareciste en la taberna, creo que alguien se me adelantó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Dónde están los demás? —preguntó el bandido que aferraba a Nela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Adentro —contestó su jefe—, distrayendo al imbécil de la barra. Se encontrarán con nosotros fuera de aquí. En cuanto a ti —añadió, dirigiéndose a Kaylon—, intenta gritar y te cortaré el gaznate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico se dio cuenta de que el otro hombre se disponía a montar a Nela. Perfecto. Con mucho cuidado, deslizó la diestra hasta su cinturón y sacó su cuchillo. Mientras tanto, le dijo al tipo de la cicatriz:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vas a rebanarme el cuello de todas maneras. ¿Por qué esperar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo hombre se acomodó sobre la silla de montar, dando inicio al espectáculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un súbito y vigoroso corcoveo, la yegua se libró del jinete indeseado, quien voló por los aires y se estrelló contra la pared de la taberna. El chillido de Eles despertó a los que dormían en la posada, y al mismo tiempo, dado que la sorpresa hizo bajar la guardia al líder de los ladrones, Kaylon apartó el arma de su garganta con una mano a la vez que con la otra hundía la suya en la pierna de su enemigo. Éste gritó y soltó al muchacho; Kaylon corrió hacia Nela y montó de un salto, sin perderlo de vista. El tipo que se había golpeado contra la pared estaba ahora despatarrado sobre unas cajas de repollos, muchos de los cuales había aplastado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tuviste suerte —le dijo Kaylon desde arriba—. Cuando mi ex colega Fael trató de robarme a Nela, aterrizó primero en el abrevadero, luego sobre una pila de estiércol, y en su tercer y último intento voló directo al chiquero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho no tuvo tiempo de decir nada más porque la mitad de los visitantes de la posada, llevados por la curiosidad, habían salido al exterior, y el tabernero comenzó a llamar a voces a los vigilantes para que apresaran a los bandidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vete —le dijo al chico entre exclamaciones—. Nosotros nos encargaremos de estos miserables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Feliz de que el suceso no hubiera pasado a mayores, Kaylon atravesó el portal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora más tarde, cuando la tranquilidad volvía a reinar en la posada, alguien levantó del suelo del callejón una pluma que Eles había perdido en la escaramuza. Kaylon no habría podido reconocer a este sujeto pero sí el amigo de Fael, Silay. Aun así, sus flechas lo habrían delatado ante el muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pluma del águila fue sometida al examen de una enorme bestia peluda, la cual habían dejado afuera de la posada para no levantar sospechas. Dicha bestia, cuya especie ni siquiera Orantos habría podido identificar, captó el olor y lo comparó con los que guardaba en su memoria. Era el mismo que se le había escapado allá en la ciénaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros cuatro sujetos, igualmente fornidos y con idéntico acento, se reunieron con el primero. Uno de ellos le preguntó al que sostenía la pluma:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Deberíamos atrapar al muchacho?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aludido hizo un gesto negativo. Había algo glacial en su sonrisa astuta, una cualidad indefinible pero ciertamente inhumana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El ave lo guiará, estoy seguro. Lo seguiremos hasta el final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cinco sujetos y su bestia marcharon en pos de Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-8286872328009267212?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/8286872328009267212/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-16.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8286872328009267212'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8286872328009267212'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-16.html' title='La canción del águila (16)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-1677863154800224547</id><published>2012-01-27T15:18:00.002-02:00</published><updated>2012-01-27T15:18:27.219-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (15)</title><content type='html'>A pesar de su resolución, durante las tres semanas siguientes el chico comenzó a desviarse de su ruta original. En parte era por la influencia de Eles, a quien encontraba cada mañana al despertarse con la mirada perdida en el amanecer, y en parte por la atracción casi magnética que dicho punto cardinal ejercía también sobre él. No habría podido explicarlo pero ahí estaba, de camino hacia el este obedeciendo la propuesta del ave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, cosas más raras le habían ocurrido, como aquella excursión a las cavernas en compañía de Orantos. Caray, eso sí que había sido estrambótico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho se sentó con las piernas cruzadas y siguió trabajando en su arco. Aprovechando las horas de descanso, no había tardado más de diez días en completarlo. Ya casi estaba terminado; sólo faltaba lustrarlo un poco y agregarle la cuerda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cierto modo era un experimento, porque ese arco era de mayor tamaño que los que había fabricado hasta entonces para su uso cotidiano. Éstos eran apropiados para la caza menor; con el arco nuevo podría abatir presas más grandes. Ya creía tener la fuerza suficiente para manejarlo, aunque no pretendía convertirlo en un arma sofisticada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Listo, la cuerda estaba en su sitio. Ahora tenía que construir las flechas adecuadas para probarlo, a menos que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había guardado la saeta de plumas azules en una de las alforjas de la silla de montar. Sin detenerse a meditarlo, tomó el mencionado objeto y comprobó que se ajustaba bastante bien a las dimensiones del arco. Estirando la cuerda al máximo, apuntó hacia un árbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el momento que enfocó el blanco, lo embargó un sentimiento de maldad ajeno a su naturaleza, algo así como una fiebre. De pronto ya no era un pino lo que estaba viendo sino la cabeza de Fael. Soltó la flecha con la intención de darle entre los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevada por su propio peso, sesgando el aire sin perturbarlo, la saeta voló certera y se incrustó con un fuerte chasquido ahí donde el muchacho la había enviado. Fragmentos de sangre y hueso saltaron con una furia explosiva... salvo que no eran tales, sino savia y corteza del árbol. Kaylon palideció, recobrado el dominio de sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Rayos —murmuró, pero tan bajo que ni él llegó a escucharse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su lado, la rapaz lo miraba con una expresión de pavor absoluto. El chico se dio cuenta de ello y enrojeció de vergüenza, sobre todo cuando el águila retrocedió un par de metros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento, Eles —se disculpó el muchacho—. No necesitas decirme que fue mala idea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin decir más, caminó hasta el árbol. En realidad no deseaba recuperar la flecha sino comprobar sus efectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedó boquiabierto ante el resultado de su disparo. La saeta se había enterrado hasta la mitad en el pino, dejando un hueco del grosor de su puño. Pero la madera, pulverizada por la punta de metal, no estaba podrida; Kaylon verificó su dureza con los dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Temblando, el chico arrancó la saeta del árbol, la cual salió con sorprendente facilidad. Era absurdo, imposible, pero al sostener el objeto tuvo la sensación de que el mismo estaba orgulloso del agujero que había abierto en la pobre e indefensa conífera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún tenía el arco en la mano, y antes de poder controlarse y romper la flecha en dos llevado por el asco, volvió a tensar la cuerda con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez apuntó hacia Eles. Su corazón se llenó de ansias de destruir y por unos segundos estuvo a punto de disparar. Las dilatadas pupilas del águila revelaron la pena de una traición inminente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arco y flecha cayeron al suelo y poco después las rodillas de Kaylon también tocaron tierra. El chico se llevó las manos a las sienes, con los párpados apretados, librando una insoportable batalla interior. Abrió los ojos cuando estuvo seguro de haber salido vencedor y entonces vio a Eles junto a él, escrutándolo como si quisiera asegurarse de que había aprendido la lección. Kaylon estrechó al águila en sus brazos, reconfortado por su vitalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Perdóname —le dijo con voz vacilante—. Nunca más, te lo prometo. Estás a salvo conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rapaz se quedó quieta hasta que el muchacho la soltó por iniciativa propia. El águila miró la flecha con rencor; lo mismo hizo Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Es por esto que tenías tanto miedo de los forasteros allá en la ciénaga? —le preguntó el chico a su amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles desvió la mirada y Kaylon no supo si tomar eso como un sí o como que el águila prefería no contestar, dando por sentado que el ave era capaz en efecto de responder semejante pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba oscureciendo. Era hora de buscar un lugar donde pasar la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon decidió instalarse junto a un lago que había divisado no muy lejos de allí, de modo que recogió sus cosas y preparó a sus dos acompañantes para la marcha. Al levantar el arco del piso, descubrió que no tenía voluntad suficiente para quebrar la flecha pero tampoco para dejarla tirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Quédatela. Tal vez no la quieras, pero puede llegar el día en que la necesites.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El recuerdo de las palabras de Orantos lo ayudó a decidirse. Usando un pañuelo para evitar tocarla, devolvió la saeta a la alforja y trató de no pensar más en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-1677863154800224547?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/1677863154800224547/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-15.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1677863154800224547'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1677863154800224547'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-15.html' title='La canción del águila (15)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-51890381736004794</id><published>2012-01-26T13:47:00.001-02:00</published><updated>2012-01-26T13:50:57.331-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (14)</title><content type='html'>&lt;div style="color: #7f6000; text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;SEGUNDA PARTE:&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #7f6000; text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;EL CÍRCULO DE LOS ERRANTES&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Donde el arroyo se aquietaba, el agua era limpia y clara como un espejo. Kaylon se refrescó la cara y las manos y luego contempló su reflejo en la superficie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habían pasado seis días pero todavía tenía mal aspecto. La hinchazón de su ojo recién estaba remitiendo, y era evidente que le quedaría una cicatriz en la ceja que el anillo de Fael le había cortado. También tenía la impresión de que el tabique de su nariz no volvería a enderezarse. Su labio inferior continuaba amoratado y tenía varias marcas de golpes y rasguños en el resto de sus facciones, orejas incluidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que eso no era nada en comparación con los dos tercios superiores de su torso. Allí las contusiones mostraban un color casi negro, y por las punzadas que le daban al respirar, Kaylon sospechó que dos o más de sus costillas estaban rotas o fisuradas. Por centésima vez se maravilló de haber sobrevivido, atribuyendo el hecho a que Fael había descargado parte de su rabia en Eles antes de ensañarse con él. Si no hubiera llevado al águila consigo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho miró a la rapaz, quien en ese instante bebía de un charco entre los cantos rodados que delimitaban la orilla. El ave se había recuperado con pasmosa rapidez; incluso parecía haber rejuvenecido desde que abandonaran la granja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaban en terreno salvaje, lejos de todo rastro de civilización. Nada de caminos, casas o personas. Si antes había pensado que su existencia era solitaria, ahora el chico se sentía completamente aislado de todo calor humano, como dentro de un enorme bloque de hielo. ¿O acaso su angustia se debía a que no tenía la más pálida idea de lo que iba a hacer a continuación? Había avanzado a buen ritmo mientras escapaba de los territorios que solía frecuentar desde niño, pero una vez fuera de éstos, se había apoderado de él una extraña apatía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le sobraba el tiempo para tomar una decisión, sin embargo. La temporada de lluvias estaba próxima, y en unos meses más llegaría el otoño... y luego el invierno. Tenía que establecerse antes de las primeras nieves; era fácil subsistir al aire libre durante las estaciones cálidas, pero con el frío los animales emigraban o hibernaban y las plantas no daban frutos. Tal vez podría buscar trabajo en algún pueblo o posada, o...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon alzó la vista y perdió el hilo de sus pensamientos. Del otro lado del arroyo había una congregación de animales: varios roedores, decenas de pájaros, un par de ciervos y hasta un zorro. Ninguno había ido allí para beber; todos tenían los ojos puestos en Eles, sin moverse, sumidos en un silencio reverencial. El águila estaba de pie frente a ellos, erguida en toda su estatura igual que un emperador ante sus súbditos. Las nubes fueron arrastradas por el viento, y cuando la luz solar dio de lleno sobre las plumas del ave, la misma extendió sus alas. Durante una fracción de segundo le pareció a Kaylon que las dos estaban completas y que las otras bestias demostraban humildad ante Eles, pero un movimiento de sus pies hizo crujir una ramita y el hechizo se rompió de inmediato. Eles plegó las alas y los animales en la orilla opuesta se dispersaron uno por uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico se sentó junto al águila y le acarició la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Caramba... —murmuró—. ¿Qué fue eso, eh?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles, como toda respuesta, se inclinó indiferente sobre el charco y tomó un poco más de agua, dejando al muchacho irritado y confuso a la vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eres un enigma, ¿lo sabías? Cuando pienso que no hay nada de peculiar en ti, entonces ocurre algo que me hace cambiar de opinión. A decir verdad, creo que no me sorprendería si de repente pudieras hablar y me dijeras qué rumbo debo elegir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta última frase llamó la atención de Eles, quien, tras dirigir una significativa mirada a Kaylon, anduvo hasta una roca y se paró sobre ella, apuntando con su pico hacia una dirección en particular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Al este? —preguntó el muchacho—. ¿Crees que debo dirigirme al este? Pero allí no hay nada más que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ave empezó a acomodar sus plumas. Kaylon resopló. &lt;i&gt;Por supuesto&lt;/i&gt; que la rapaz no había entendido sus palabras; el aparente consejo del animal era tan solo una coincidencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, tenía que ir a &lt;i&gt;alguna&lt;/i&gt; parte, ¿o no? Y tanto las lluvias como el invierno no esperaban por nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Iremos hacia el noreste —declaró el chico después de un rato—. Allí hay un poblado bastante grande, donde podremos quedarnos hasta la primavera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rapaz le echó una ojeada y su pico volvió a apuntar al este. ¿Otra coincidencia? Kaylon se encogió de hombros. Ignorando lo que acababa de pasar, metió a Eles en el arnés y echó a andar, seguido por Nela, hacia el lugar que él mismo se había fijado como destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-51890381736004794?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/51890381736004794/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-14.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/51890381736004794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/51890381736004794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-14.html' title='La canción del águila (14)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-4492235801125944230</id><published>2012-01-25T03:29:00.001-02:00</published><updated>2012-01-25T03:29:24.145-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (12-13)</title><content type='html'>De nuevo estaba soñando con el águila, pero era un lugar distinto. Nela galopaba siguiendo la estela que el ave iba dejando en el aire como las barcas en un lago, llevando a Kaylon hacia una región que él jamás había visto con anterioridad. Se dirigían hacia el este; el chico lo supo porque el cielo se aclaraba hacia ese lado, diferenciándose del resto de la negra bóveda tachonada de estrellas. El amanecer era inminente. La gran bola de fuego estaba a punto de asomar por encima de... ¿qué? El paisaje no tenía contornos definidos, pero cuando miró hacia atrás, Kaylon observó que allí no había nada en absoluto. El mundo simplemente desaparecía en una niebla gris que se arremolinaba en pequeñas espirales entrelazadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había otro sitio a donde ir excepto adelante, hacia lo desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho despertó sabiendo al fin lo que tenía que hacer. Se vistió en silencio, colocó a Eles sobre su hombro y se dirigió a la cocina sin hacer ruido. A nadie le importaría que se llevara algunos víveres; en la estación veraniega la comida sobraba e incluso llegaba a echarse a perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos pasos ligeros detrás de él lo sobresaltaron, pero no era Fael sino Delora. La mujer avanzó hacia Kaylon, lo abrazó y luego le dio un beso en la frente. No era exactamente una despedida y el chico sabía que Delora no lo echaría de menos; sólo le estaba dando las gracias por esfumarse antes de que su hijo se metiera en más problemas. Kaylon, no obstante, sintió por un momento el amor familiar que se le había negado en su ciudad natal, y por primera vez lamentó no haber podido acceder a esa vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho se apartó de Delora y vio que ella tenía algo en la mano para él. Era una bolsita de tela llena de monedas, parte del dinero que Kaylon había dejado en la cama de la mujer. Ambos se entendieron sin decir palabra; luego el chico abandonó la cocina y marchó hacia las caballerizas. Nela estaba donde la había dejado, así como la bolsa de viaje. Ató la misma a la silla de montar y puso a Eles en el arnés, tratando de mantener a raya la marea de nostalgia que pretendía ahogarlo bajo sus olas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió del establo a la oscuridad que reinaba afuera y condujo a Nela al trote hacia una loma que se alzaba próxima a la casa. Una vez que llegó a la cumbre, contempló el enorme territorio que lo rodeaba. Nuevamente lo embargó una sensación de pérdida: esas tierras eran parte de su alma, y hasta le habrían pertenecido en circunstancias más afortunadas. Se había convertido en un exiliado por partida doble.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente sus ojos se posaron sobre la construcción de piedra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;El lobo joven se retira ahora, Fael, pero tarde o temprano vendrá alguien a quitarte el mando. No seré yo, sin embargo. De todas maneras, creo que tú tampoco puedes volver atrás. Entre los dos llevamos la situación más allá del límite, ¿no es cierto? Es una pena. Nuestras semejanzas nos enfrentaron, pero aun así pudimos haber sido amigos.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esta corta reflexión, Kaylon se alejó de aquella propiedad que ya no era su hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Faltaba media hora para la salida del sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Orantos había recorrido a pie la larga distancia que separaba su casa de la granja de caballos, pero cerca del final incluso tuvo fuerzas para correr. Tenía la impresión de que era demasiado tarde. A Kaylon le había pasado algo malo, lo sabía; su tardanza no podía ser casual. Cada vez estaba más seguro de que se había equivocado al permitir que el chico fuera solo a la granja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dolía el costado pero siguió corriendo... y se detuvo de repente al ver la silueta del muchacho aproximarse desde el extremo opuesto del sendero, montado en su yegua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon también se detuvo. La luz del amanecer le daba de frente, de modo que Orantos pudo apreciar los resultados de la paliza que su amigo había recibido. El muchacho parecía tres o cuatro años mayor a causa de su mirada sombría y su espalda encorvada por el cansancio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico alzó una mano. Detrás de él, la rapaz estiró las alas dándole a Kaylon una apariencia sobrenatural, pero como a una de ellas le faltaba una parte, la imagen también provocaba melancolía. Orantos respondió al saludo del muchacho sintiendo un nudo en la garganta. Kaylon bajó la mano e hizo andar a Nela, mas no por el camino sino desviándose hacia el norte para mantener la separación entre él y el inventor. Al poco rato, la vaga forma del chico se perdió en el dorado astro naciente. Enceguecido por la luz, Orantos cerró los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuídate, Kay —murmuró el hombre—. Y a donde sea que vayas, buena suerte. Voy a extrañarte, amigo mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el inventor abrió los ojos, el sol ya no besaba el horizonte y tanto el chico como sus compañeros de aventura habían desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-4492235801125944230?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/4492235801125944230/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-12-13.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/4492235801125944230'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/4492235801125944230'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-12-13.html' title='La canción del águila (12-13)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-3574286520835087506</id><published>2012-01-24T14:18:00.000-02:00</published><updated>2012-01-24T14:18:00.806-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (11)</title><content type='html'>Eran cerca de las doce cuando el chico despertó. El establo se hallaba en completo silencio; todos los animales dormían. Los peones de la granja no habían pasado por ahí, o tal vez ninguno había descubierto al muchacho. Éste abrió los ojos sin recordar al principio dónde estaba ni qué le había sucedido. Lo único que sabía por el momento era que le dolía todo, incluso partes de su anatomía que en general pasaban desapercibidas. La cabeza le palpitaba rítmicamente, enviando insoportables ondas de presión a su frente y sienes. Kaylon gimió. ¿Cómo podía sentirse tan mal y aún continuar con vida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su memoria empezó a enviarle imágenes sueltas, todas ellas desagradables: la cara de Fael enseñándole los dientes, el puño del hombre precipitándose hacia su rostro, Eles en el suelo, indefenso...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eles...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensar en el ave le dio fuerzas para moverse, aunque cada contracción de sus músculos era una tortura. Consiguió ponerse de rodillas, no obstante, y luego escudriñó el establo en busca de la rapaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El águila no aparecía por ningún lado. Kaylon temió lo peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Eles! ¡Eles! —gritó el chico con voz estrangulada. Al no obtener respuesta, se levantó. Una oleada de mareo lo recorrió por entero, obligándolo a concentrarse a fin de no caer. En su lucha por permanecer consciente, se inclinó para vomitar. El mareo pasó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su visión se aclaró un poco... tal que pudo ver la sangre que regaba el piso. Parte de la misma se había secado en grandes salpicaduras de contorno irregular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon cerró los ojos. De pronto lo único que quería era irse de allí y tenderse en un lugar tranquilo y seguro, por lo menos hasta que el dolor pasara. Quizás entonces lograría reunir el valor suficiente como para volver al establo y recuperar el cadáver de Eles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo se desplazó cerca del chico, una sombra. Era el águila. El animal se expuso a la mortecina luz de la lámpara que Fael había encendido más temprano; cojeaba bastante y mostraba en el pecho un feo rasguño, pero por lo demás parecía encontrarse en buenas condiciones. Tenía...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía las garras y el pico teñidos de rojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho se colapsó junto a Eles y lo examinó. En respuesta a sus atenciones, el ave lo observó como si estuviera asegurándose de que él tampoco había sufrido un daño irreparable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, Eles, ¿qué pasó? —murmuró el chico—. &lt;i&gt;¿Qué le hiciste a Fael?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puesto que el animal no podía responder a eso, Kaylon lo abrazó dejando que un intenso alivio lo inundara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Kaylon? ¿Kaylon? —lo llamó Delora desde la puerta. El chico consideró no delatar su presencia, pero la mujer se oía tan angustiada que Kaylon hizo el esfuerzo de hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aquí estoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Delora corrió hacia él y se agachó a su lado. El muchacho, perplejo ante la repentina aparición de la mujer, dejó que ésta lo revisara con la precisión de un médico experimentado. Después de verificar que no requería ayuda inmediata, Delora sostuvo el maltratado rostro del chico en sus manos callosas y lo obligó a mirarla de frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Estás muy lastimado? ¿Qué te duele?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eh... creo... creo que saldré adelante —logró articular el muchacho. No era tanto el dolor sino la sorpresa lo que le impedía describir su estado. ¿A qué venía todo eso? Ella nunca lo había tratado así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Delora le rodeó la cintura y lo hizo ponerse de pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vamos a la cocina —dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No puedo dejar a Eles —protestó el chico—. Él también está herido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frunciendo el ceño, la mujer contempló al águila y luego hizo un gesto afirmativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tráelo —dijo al fin, aunque renuente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho levantó al ave del piso con dificultad. Al ver que era demasiada carga para él, la mujer le echó una mano; resultaba evidente, sin embargo, que desconfiaba del águila. Ya en la cocina, Delora le lavó la cara al chico y preparó una infusión calmante que Kaylon aceptó de buena gana. Aún había angustia en la expresión de la mujer, pero su trato era más profesional que afectuoso. El muchacho seguía sin comprender nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las puertas de la cocina se abrió y Fael entró a la habitación. El chico se quedó sin aliento al verlo, no por miedo sino por su aspecto: tenía las mejillas y los brazos llenos de vendas, por debajo de las cuales asomaban profundos arañazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Delora se puso en guardia al instante, interponiéndose entre su hijo y el muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tranquila, madre —dijo Fael—. Sólo vine a buscar agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vuelve a tu dormitorio —replicó la mujer con severidad—. O vete al pueblo. Tienes mucho que hacer ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ignorando a su madre, el hombre tomó una jarra y procedió a llenarla hasta arriba. Por un momento sus ojos se cruzaron con los del chico y éste vio que Fael planeaba matarlo. No ese día, ni al siguiente; esperaría a que estuviera desprevenido y entonces caería sobre él como un gato salvaje. Probablemente ya lo habría hecho si no hubiera atacado a Eles primero, pero esta vez sería un asesinato a sangre fría y no un torpe acto de venganza impulsado por la borrachera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Delora se llevó una mano al corazón al captar el significado de este mensaje sin palabras. Se había puesto blanca como la sal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mirada de Fael descendió hasta Eles, erguido sobre una silla, y el hombre se estremeció. El pánico que se reflejó en su cara duró muy poco, sin embargo; casi de inmediato fue sustituido por una extensión de la muda amenaza que le había dirigido a Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Desaparece —dijo la madre de Fael al borde de las lágrimas. El aludido se retiró llevándose la jarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Delora se volvió hacia Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tú... necesitas dormir. Ve a recostarte, hablaremos por la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico no respondió pero siguió las indicaciones de la mujer. Llevó a Eles a su cuarto... y tras pensarlo un momento, cerró la puerta con llave. Por las dudas. No creía que Fael intentara deshacerse de él tan pronto y mucho menos en la casa, mas no le apetecía despertarse en medio de la noche con las manos del hombre alrededor de su cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho se acomodó lo mejor que pudo en la cama. La infusión estaba haciendo efecto; tal vez conseguiría pegar el ojo una hora o dos. Había dejado a Eles en la ventana, desde donde se podía admirar la luna creciente. El pálido resplandor del satélite le daba un toque de plata al plumaje del ave, resaltando su brillantez de un modo fantasmal. Verlo en esa pose le recordó a Kaylon las estatuas que había visto en los libros de Orantos, aquellas que supuestamente protegían los templos y monumentos de los malos espíritus. Se le ocurrió que de algún modo el ave lo había salvado de la muerte ese día... y entonces se preguntó cómo habría sobrevivido Eles a los golpes de Fael, y de dónde habría obtenido la fortaleza para contraatacar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rapaz lo miró desde la ventana con misteriosa expresión. Sus pupilas parecían la entrada a un universo de secretos, pero antes de que Kaylon tuviera tiempo de interpretar lo que veía, el ave le dio la espalda. Nuevamente era tan sólo un águila con media ala de menos, y no muy joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se tapó con las sábanas. Ahora entendía por qué Delora había ido a buscarlo al establo: en algún momento se había topado con su hijo y deducido por sus heridas que algo grave había pasado entre ellos dos. Debía haberse llevado un susto tremendo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó un buen rato en el que Kaylon no logró rendirse al sueño, pero finalmente su cuerpo accedió a permitirse un descanso. Aun así, el muchacho se durmió con la convicción de que sería una noche muy larga...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-3574286520835087506?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/3574286520835087506/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-11.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/3574286520835087506'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/3574286520835087506'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-11.html' title='La canción del águila (11)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-8153856286611611809</id><published>2012-01-23T02:45:00.000-02:00</published><updated>2012-01-24T02:52:43.571-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (10)</title><content type='html'>Kaylon permaneció dos días en casa del inventor, tiempo que aprovechó para reflexionar. El segundo día, Orantos bajó al pueblo con el fin de hacer algunas preguntas; cuando regresó, el chico lo estaba esperando en la puerta, sentado junto a Eles en uno de los escalones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y bien? —preguntó el muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inventor resopló como si no supiera por dónde empezar. La golpiza del día de la carrera había tenido tiempo de establecerse en su cara, y la misma lucía ahora una compleja gama de matices rojizos, violáceos y amarillentos. El chico lo miró expectante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno —respondió Orantos—, para que te tranquilices te diré que no falleció nadie, aunque el jinete que viste en el suelo todavía no está fuera de peligro. El pobre se dio un buen golpe en la cabeza y encima se fracturó una pierna en dos sitios. No fue el único hueso roto en el pueblo, por cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué hay de Fael?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está como loco, naturalmente. Después de que tú y yo nos fuimos, siguió pataleando hasta que Tolga no tuvo más remedio que pedir que lo encerraran. Creo que todavía está tras las rejas, donde permanecerá en caso de que el jinete muera. Como sea, la sentencia de Tolga continúa vigente, y como Fael no tiene derecho a reclamar el segundo premio, deberá pagar todo de su bolsillo... si es que le queda algo. Al parecer gastó una gran parte de su dinero para conseguir el caballo, y luego apostó el resto por sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orantos sonrió y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Debería aprovechar la ocasión. Con lo desesperado que ha de estar, podría comprarle ese bello alazán a un precio muy conveniente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Kaylon no le hizo gracia el comentario y Orantos se arrepintió de haber bromeado al respecto. Recobrando la seriedad, se sentó junto al chico y le preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué piensas hacer, Kay?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era la misma interrogante que el muchacho se había estado planteando desde la mañana. Pero no había muchas alternativas, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Dices que Fael continúa encerrado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inventor asintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Entonces será mejor que siga la recomendación de Xantus y me mantenga alejado de la granja por una semana o dos —resolvió el chico—. Hasta que la cosa se enfríe, por lo menos. Aprovecharé la ausencia de Fael para ir a buscar mis cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orantos se mostró de acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Trae todo y ponte cómodo —le dijo al chico—. Sabes que puedes quedarte aquí cuanto quieras. Creo que lograré hacerte espacio en el observatorio... debajo del telescopio, quizá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos rieron un poco. No les resultó fácil, pero valió la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Seguramente me aplastará en sueños alguno de tus inventos —sentenció el muchacho, y entró a la casa a buscar algo antes de sacar a Nela del corral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No planeaba llevar a Eles hasta la granja, pero cuando éste lo vio con la yegua, se acercó al muchacho con una expresión muy rara en los ojos, como si tuviera un mal presentimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es mejor que te quedes aquí, amigo —le dijo Kaylon—. Yo volveré enseguida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ave, sin embargo, emitió un chillido apremiante y estiró las alas, cortándole el paso. El chico frunció el entrecejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué te pasa, Eles? —preguntó al tiempo que se inclinaba para acariciar al águila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A manera de respuesta, Eles le picoteó el pantalón y apoyó una garra sobre su bota. No quería dejarlo marchar, o en caso contrario deseaba acompañarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien, te dejaré venir conmigo —dijo Kaylon finalmente. Eles pareció al punto aliviado. El chico, sin embargo, se sintió más preocupado que antes, pero aun así puso al ave en el arnés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron a la granja al atardecer. Se cruzaron con muy pocas personas; los trabajadores debían estar en el pueblo, ayudando a atender a los heridos, o tal vez en el campo, cosechando fruta madura o forraje para los animales estabulados. De cualquier forma, a Kaylon le pareció excelente. No tenía ganas de charlar con nadie y mucho menos de dar explicaciones. Además, aunque la culpa fuera de Fael y sus amigos, había sido el chillido del águila lo que asustara a los caballos en la carrera, y no todos debían conocer la versión correcta de los hechos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La granja se hallaba tan despoblada que nadie vio al chico aproximarse por el camino hacia el establo... excepto la persona que lo había estado esperando desde que saliera de la cárcel al mediodía. Dicha persona arrojó a un lado la botella vacía que sostenía en la mano y se deslizó hacia la puerta por donde había entrado el muchacho. Pensaba atraparlo cuando saliera, pero entonces notó que el chico llevaba al águila consigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El águila...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Kaylon se dirigió solo desde el establo a la cocina, Fael titubeó en su escondite y luego decidió que primero iría en pos del ave que había causado su ruina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ignorante de la amenaza que se cernía sobre él y su amigo emplumado, el muchacho se internó en la casa y reunió sus escasos objetos personales en una bolsa de viaje. No le importaban demasiado, pero entre ellos se contaban los guantes que usaba para cargar a Eles y la brújula que le había regalado Orantos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se echó la bolsa al hombro y suspiró, un tanto deprimido. Aún le quedaba algo por hacer. Lo había decidido allá en lo de Orantos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerciorándose de que no hubiera un alma por los alrededores, Kaylon entró al dormitorio vacío de Delora y dejó sobre su cama un paquete y una nota. El paquete contenía la suma completa del premio por la carrera; la nota le decía a la mujer que pagara con ese oro las cuentas de su hijo sin aclararle a éste su procedencia. A Delora le extrañaría la petición del chico, pero Kaylon tenía buenas razones para obrar así. La primera era ayudar a Fael a liquidar sus obligaciones, a fin de que todo volviera a la normalidad lo antes posible. El muchacho no había descartado aún la idea de continuar en la granja, y de esa forma estaría dando un pequeño paso en favor de la paz. En segundo lugar, no quería conservar un premio ganado a costa de tantos destrozos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tercera razón era un poco más complicada: se sentía en parte responsable por lo ocurrido en el pueblo. Fael se había comportado mal, pero Kaylon era lo bastante perspicaz para entender que su propio orgullo le embotaba en ocasiones el sentido común y la lógica. Él &lt;i&gt;podía&lt;/i&gt; haber anticipado la jugada de Fael y tomado las precauciones correspondientes. También hubiera podido salirse de la carrera improvisando una excusa, aunque luego lo tildaran de gallina; ningún apodo, merecido o no, era peor que llevar en su conciencia el sufrimiento de decenas de personas y la muerte de al menos tres caballos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No permaneció más de cinco minutos dentro de la casa, pero cuando salió de la misma el sol ya se había ocultado. Sintiéndose un poco mejor ahora que emprendía el regreso, el muchacho fue a buscar a Eles y Nela a las caballerizas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó paralizado ante la escena que lo aguardaba. La rapaz estaba en el suelo, hecha un bulto desordenado de plumas entre los restos de paja, y Fael estaba a menos de dos pasos del animal, aferrando un palo. Se le había desatado el cabello, que se derramaba en despeinados mechones sobre su cara. Aun así, Kaylon pudo notar la furia que irradiaban sus facciones, acentuada por el hecho de que el hombre estaba ebrio. Un vaho alcohólico lo rodeaba y su olor llegó hasta el muchacho, quien no podía dejar de mirar a Fael y al águila alternadamente. El ave se agitó profiriendo un débil gemido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eles —quiso gritar el chico, pero el nombre le salió más bien como un graznido. La bolsa se desprendió de sus manos sin que él se diera cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fael se tambaleó hacia el muchacho, saboreando la expresión consternada de Kaylon al ver al águila en semejante estado. No había soltado el palo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tu estúpido pajarraco está en las últimas, enano —le dijo al chico—. Te dejaré verlo morir antes de darte el castigo que te corresponde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su borrachera, el hombre había olvidado todo: su dignidad, el papel que había desempeñado en el desastre de la carrera y el hecho de que él tenía veintinueve años y su odiado enemigo era tan sólo un muchacho huérfano de menos de trece. Kaylon vio todo esto en su rostro pero no sintió miedo por sí mismo; estaba demasiado pendiente de Eles, quien trataba de levantarse desde su lastimera posición tal como lo había hecho allá en el claro, con la flecha clavada en el ala. Fael se dio cuenta de ello y retrocedió para darle al águila un puntapié. Por suerte para Eles, el hombre había perdido la coordinación de sus movimientos y el impacto de la bota no resultó tan fuerte como su dueño pretendía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ataque al ave arrancó al chico de su parálisis. Tomando impulso, corrió hacia Fael y le dio un empujón. El hombre cayó despatarrado sobre unas herraduras y el arma que blandía resbaló de sus dedos, perdiéndose de vista. Kaylon se agachó sobre Eles con la intención de tomarlo en brazos, subir a lomos de Nela y salir pitando. No logró su cometido. Fael no estaba &lt;i&gt;tan&lt;/i&gt; borracho, y la caída sólo lo aturdió. Se puso de pie casi enseguida, y aferrando a Kaylon por el chaleco para darlo vuelta, le propinó un eficiente puñetazo en la mandíbula. El chico salió despedido y aterrizó un par de metros más allá. Un fardo de heno se derramó sobre él como una lluvia seca y polvorienta. Luchando contra la nube blanca que de repente quería apoderarse de su conciencia, el muchacho apartó el heno y se enderezó, pasándose el dorso de la mano por la boca. Al mirar su diestra a través de un enjambre de puntos brillantes, pudo apreciar que estaba manchada de sangre. Kaylon se las arregló para esbozar una sonrisa irónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Orantos tenía razón —dijo—. Tarde o temprano íbamos a llegar a esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca supo si Fael lo oyó o si acaso comprendió sus palabras, porque se lanzó contra él igual que un toro. Kaylon se hizo a un lado, rápido como era, y tomó la pala que descansaba contra una de las vigas. Fael volvió a embestir pero el chico lo detuvo pegándole con la herramienta en las costillas. El hombre, falto de aliento, no gritó, sino que se desplomó hacia un lado emitiendo un curioso bufido de sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue la última maniobra exitosa de Kaylon. Ebrio o no, el hombre pesaba tres veces más que él y era mucho más fuerte. En el momento que el muchacho volvía a acercarse a Eles, Fael le dio una patada en la pierna que lo hizo trastabillar. Lo siguiente que supo el chico fue que los golpes parecían llegar a él desde todas partes, y que cada uno era un estallido de dolor en su cuerpo. Después de un lapso indeterminado, las manos de Fael aflojaron su presa y Kaylon se derrumbó como una tienda a la que de pronto le hubieran quitado el armazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nube blanca se impuso sobre sus sentidos, pero Kaylon tuvo tiempo de ver, antes de desvanecerse, a Fael caminando hacia el águila que aún yacía sin poder incorporarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-8153856286611611809?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/8153856286611611809/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-10.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8153856286611611809'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/8153856286611611809'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-10.html' title='La canción del águila (10)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-1562692326032913446</id><published>2012-01-22T15:19:00.001-02:00</published><updated>2012-01-22T15:19:42.492-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (9B)</title><content type='html'>El chillido de Eles opacó el bullicio como una marejada que barre la playa, arrastrando todo a su paso. Los espectadores se llevaron las manos a los oídos y una bandada de palomas se desvió de su recorrido; destruida su formación, las aves rozaron a las personas, quienes gritaron al sentir las uñas en el cuero cabelludo. Muchos cayeron al suelo y fueron pisoteados por sus vecinos sin que éstos se percataran de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás de Kaylon, los caballos intentaron frenar su avance pero iban demasiado aprisa y en grupo. Cuatro rodaron por el suelo y los demás tropezaron con ellos o se hicieron a un lado, destrozando las barreras como si fueran de cartón. Más espectadores fueron arrollados cuando los que estaban sobre las vallas se apartaron de los desbocados animales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caos resultante fue tan grande que Kaylon no percibió que ya había cruzado la meta, ni se dio cuenta de que la banda blanca le rodeaba el pecho y se enredaba en las patas de Nela. El chico hizo que su yegua se detuviera lo antes posible y miró hacia atrás, desconcertado. El alazán de Fael, que había logrado escapar de la confusión, cruzó la línea de llegada resoplando y echando espuma por la boca, con su jinete colgando de la silla igual que un muñeco de trapo. El caballo hizo un alto y Fael se desplomó sobre la arena, donde al fin pudo enderezarse mientras se frotaba una pierna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon oyó un inconfundible sonido de puñetazos, hacia el que giró la cabeza tan bruscamente que le dio un tirón en el cuello. A un lado de la valla había unos hombres peleando; Orantos y Silay eran dos de ellos, y por encima de los hombres revoloteaban algunas plumas de color castaño-dorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Eles! —gritó el muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon desmontó y se dirigió corriendo al sitio de la trifulca, pero ésta acabó antes de que él llegara. Orantos tenía al águila en brazos y los encargados de la carrera mantenían a Silay y a otro amigo de Fael lejos del inventor. El muchacho se colocó junto a Orantos, jadeando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué pasó?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esos dos trataron de quitarme a Eles —respondió el inventor—. Pienso que querían distraerte para que perdieras. Tal vez planeaban arrojarlo a la pista —agregó, y por la expresión de los dos hombres, pareció que Orantos había dado en el clavo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon sostuvo al águila y la revisó por todos lados. Había quedado pelada en algunos sitios, pero por lo demás estaba bien. No podía decirse lo mismo de Orantos, cuyo aspecto era lamentable: le habían partido el labio inferior, tenía un ojo morado y sus ropas estaban sucias y desgarradas. El chico nunca lo había visto tan desaliñado... y furioso. Cabía decir en su defensa, no obstante, que sus robustos oponentes no habían salido mejor parados; Orantos manejaba una gran cantidad de herramientas pesadas en el transcurso de un solo día, y sus brazos flacos eran engañosamente fuertes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras haberse asegurado de que la situación estaba bajo control por ese lado, el chico regresó a la pista seguido por el inventor. Encontró a Nela descansando en un rincón, con el cuerpo aún mojado por el esfuerzo. Era el único de los presentes en calma, quizá porque ya se había acostumbrado a los gritos de Eles o porque su agotamiento no le permitía reaccionar ante el pandemónium reinante. Kaylon buscó a Fael y lo vio junto a la valla, tirándose de los pelos. Tenía los ojos desorbitados y miraba hacia la pista sin poder asimilar lo que estaba ocurriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había cinco caballos desparramados en la arena: uno muerto, dos conmocionados y dos con las patas rotas. Uno de éstos gemía de tal modo que daba pena escucharlo; debía estar padeciendo un dolor tremendo. Pero eso no era lo peor. También había varias personas inconscientes y un sinnúmero de heridos, algunos de gravedad. Uno de los jinetes estaba tendido a pocos metros de su caballo. Los hombres que lo asistían se miraban entre sí de manera alarmante, y la postura del jinete era tan poco natural que el chico temió que ya no fuera a levantarse. La pista y los alrededores parecían el escenario de una estampida de bueyes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Menudo lío... —dijo Orantos, expresando en palabras lo que Kaylon sentía en ese instante, aunque al chico le pareció que "menudo lío" no era suficiente para describir la magnitud de los daños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fael volvió en sí y lo primero que hizo fue fijarse en el muchacho y su águila con rabia desmesurada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tú... ¡esto es tu culpa! —le gritó a Kaylon—. ¡Le voy a retorcer el cogote a ese pajarraco!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon retrocedió abrazando a Eles, pero su espalda dio contra la barrera. Afortunadamente, el inventor y uno de los encargados sujetaron a Fael, impidiéndole ejecutar su amenaza. El hombre se debatió como una anguila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acto seguido, Tolga se aproximó al grupo dando voces a diestra y siniestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Que alguien vaya a buscar al médico de Montaña Parda! ¿Qué digo? ¡Traigan también a sus ayudantes! ¡Ustedes dos, saquen a ese caballo de ahí, por todos los cielos! ¿Acaso quieren que atropelle a alguien más?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sombrero de colores que traía el juez no lo hacía parecer ridículo ni disminuía el alcance de su autoridad, y cada uno de los aludidos se apresuró a seguir sus instrucciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué está pasando aquí? —tronó el hombre cuando llegó a la altura de Kaylon y Fael. Este último se liberó de las manos que lo apresaban y señaló al chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Lo sabía! —exclamó—. ¡Sabía que ese bastardo causaría problemas! ¡Todo es culpa de su asqueroso pajarraco!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Eso no es verdad! —replicó el muchacho—. ¡Eles no habría chillado si Boren y Silay lo hubieran dejado en paz!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿De que estás hablando? —le preguntó el juez. Orantos le explicó lo sucedido lo más objetivamente que pudo, sin levantar la voz ni dar un tono acusador a sus palabras. Mientras tanto, los dos amigos de Fael fueron arrastrados hasta allí y varios testigos corroboraron la historia del inventor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez tiró su sombrero al piso, limpió sus gafas y volvió a ponérselas. Ya no era un anciano retirado sino el honorable Casperes Tolga, representante de la Ley, e infundía un respeto sobrecogedor. Tolga encaró a Fael del mismo modo que se había dirigido a cientos de criminales durante sus años de servicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Debes pensar que soy miope, muchacho, pero no en vano uso estas gafas. Aunque no estuve ahí cuando tus colegas atacaron al ave, sí vi a un tercer amigo tuyo dispararle a la yegua del chico con un tirachinas, desde un árbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon parpadeó, asombrado, y fue a revisar a Nela. En su cuello descubrió una zona inflamada con una pequeña herida en el centro: una pedrada, efectivamente. Con razón la yegua se había encabritado al inicio de la carrera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y no sólo eso, Cas —dijo un hombre que acababa de unirse a ellos—. Cuando iban por la recta sur, Fael empujó al chico y casi lo tiró de la silla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon reconoció a este sujeto como uno de los supervisores, los cuales habían sido apostados por el juez en lugares estratégicos de la pista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esto es ridículo —resopló Fael, desviando la mirada. Se había puesto rojo hasta el nacimiento del cabello, en parte por haber sido desenmascarado y en parte a causa del remordimiento, pues no debía haber sido su intención llegar tan lejos. Aun así resultaba claro que intentaría zafarse de la culpa a como diera lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo ridículo es que pretendas salirte con la tuya —dijo Tolga—, sobre todo después de la advertencia que te hice ayer acerca de no cometer estupideces. ¿Acaso piensas escudarte en tu popularidad? ¿Crees que por ello haremos la vista gorda? Mírame a la cara cuando te hablo, Fael.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con notoria dificultad, el aludido se enfrentó a los duros ojos grises del otro hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tú y tus amigos pagarán los daños —sentenció Casperes Tolga, empleando la entonación que había perfeccionado en incontables juicios—. Repararán además lo que haya que reparar, y se disculparán con los dueños de los caballos muertos y las familias de los heridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fael hirvió de cólera ante esto y gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No puede obligarme!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te equivocas, muchacho. Tal vez ya no sea juez, pero sí soy responsable de la carrera que tú arruinaste. Y no te recomiendo que lleves este asunto al consejo del pueblo. Ellos no serán tan benevolentes... ni por asomo. Yo sólo quiero enseñarte el valor de la humildad; ellos preferirán lincharte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silay y Boren aceptaron su castigo en silencio y con la cabeza baja. Fael, por el contrario, miró hacia uno y otro lado buscando una escapatoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ve con Xantus —le dijo Tolga al chico—. Él tiene algo para ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez no aclaró que se trataba del premio, pero todos lo dieron por sentado. Esto último fue la gota que derramó el vaso. De repente Kaylon se sintió más agobiado que nunca; sus escaramuzas con el hijo de Delora, la tensión de la carrera, la catástrofe en que ésta se había convertido, incluso el irónico resultado: en lugar de ganar por tres o cuatro cuerpos lo había hecho por más de diez, gracias a Fael... todas estas cosas cayeron como una bolsa de ladrillos sobre el ánimo del chico. Se dio cuenta de que hasta ese día había vivido en una trinchera, y la idea se le antojó tan absurda que no pudo menos que echarse a reír. Eles cayó de sus manos y Orantos lo puso en el arnés mientras Kaylon seguía riendo, doblado sobre su estómago y con lágrimas en los ojos. Era una risa histérica, carente de humor, y aquellos que lo rodeaban la interpretaron correctamente... excepto Fael, quien pensó que el muchacho se estaba divirtiendo a su costa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Desgraciado bastardo! —chilló, y volvió a lanzarse sobre Kaylon. Esta vez hicieron falta cinco hombres para contenerlo. Orantos sujetó al muchacho por los brazos y lo alejó de la pista, deteniéndose sólo para tomar las riendas de la yegua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se restregó las mejillas húmedas. La risa no le había sentado nada bien; le dolía la cabeza y lo único que quería hacer era tirarse en una cama y dormir doce horas de corrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico se puso el arnés que contenía al águila. Orantos le echó una mano, meditando también acerca de los beneficios de una larga siesta. Detrás de ellos, Fael continuaba armando escándalo, y por todos lados se oían los quejidos de las personas lastimadas. El jinete que había despertado la preocupación de Kaylon estaba ahora sobre una camilla. El muchacho se percató entonces de la ausencia del amigo de Fael, el que se había inscripto el mismo día que él. ¿Se habría enterado de los planes de sabotaje y decidido no competir? ¿O lo habría asustado la reacción de Fael al saber que Kaylon participaría? Probablemente ambas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Xantus alcanzó al muchacho y le entregó una pesada bolsa repleta de monedas de oro. El amigo de Tolga debía haber ganado mucho dinero con las apuestas, pero no se veía feliz. Kaylon lo entendió a la perfección, pues él tampoco estaba satisfecho por su victoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre se secó los labios con un pañuelo. Había envejecido quince años en quince minutos, y cada vez que miraba hacia la pista parecía a punto de llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por las verrugas de un sapo, ¡qué barbaridad! Escucha, niño, guarda tu premio y no te acerques a ese chiflado por un buen tiempo —le dijo al chico, señalando a Fael—. ¿Tienes algún sitio donde quedarte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En mi casa —intervino Orantos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Perfecto. Váyanse ahora mismo. Rayos, y pensar que Casperes y yo tendremos que quedarnos a solucionar este embrollo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Xantus se marchó, mascullando para sí, y Kaylon y Orantos desaparecieron en la dirección contraria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-1562692326032913446?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/1562692326032913446/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-9b.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1562692326032913446'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/1562692326032913446'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-9b.html' title='La canción del águila (9B)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-4077475087880627611</id><published>2012-01-21T04:43:00.000-02:00</published><updated>2012-01-22T04:45:09.552-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (9A)</title><content type='html'>Durante los tres días que mediaron entre su inscripción y la competencia, Kaylon se mantuvo muy alerta y no dejó sola a Nela ni por un segundo. Fael solía tratar bien a los animales a pesar de su mal carácter, pero dadas las circunstancias el muchacho tenía razones para temer un sabotaje. Sin embargo, Fael se mantuvo sospechosamente tranquilo durante ese lapso. A Kaylon le dio mala espina, y además de cuidar a Nela llevó a Eles al hogar del inventor. Estaba seguro de que Fael odiaba al águila tanto como a él, y atacar a la rapaz sería una buena forma de perjudicarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día de la feria amaneció excelente. Hacía calor pero no demasiado; era el tiempo ideal para las actividades que habrían de realizarse hasta el anochecer. Kaylon y Orantos acudieron desde temprano. Mientras el chico se preparaba mentalmente para la carrera, ambos pasaron un buen rato disfrutando de la música y la algarabía general. El inventor, incluso, se dio el lujo de tomar unos cuantos tragos, y hacia la hora de la carrera estaba ya bastante achispado. A causa del alcohol se le ocurrieron un par de ideas muy originales, aunque el muchacho tuvo la certidumbre de que dicha sustancia también le haría olvidarlas muy pronto si continuaba bebiendo a ese ritmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el reloj de la plaza dio las cuatro menos veinte, los jinetes se presentaron en la pista. Los diecinueve caballos, Nela incluida, lucían magníficos bajo el sol y relinchaban ansiosos al anticipar lo que vendría. Era como si llevaran el deporte en la sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho se aproximó a uno de los encargados para averiguar qué lugar le correspondía, pero entonces el mismísimo Casperes Tolga lo agarró del brazo y se lo llevó aparte sin inmutarse ante el águila que colgaba de su espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué...? —empezó a preguntar el chico. Tolga le indicó que guardara silencio; su expresión era tan seria que Kaylon se sintió un poco intimidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Escucha, hijo —susurró el juez—, hemos decidido colocarte en la línea externa de la pista. Es... es lo más seguro para ti. Espero que no te importe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre señaló con la cabeza a uno de los competidores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Entiendes lo que quiero decir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho no lo comprendió... hasta que el jinete se volvió y Kaylon pudo verle el rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Fael —murmuró el chico, estupefacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No pude impedirle entrar. Tiene demasiados admiradores y eso repercute sobre las apuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tolga se restregó la calva en ademán de frustración y continuó hablando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A pesar de lo que dijo mi amigo Xantus, no me importaría perder algo de dinero... pero sí la amistad de ciertas personas. Ya estoy muy viejo para hacer enemigos, muchacho, sobre todo si voy a terminar aquí mis días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez y Kaylon se miraron fijamente. Este último hizo un gesto de asentimiento y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me mantendré alejado de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Muy bien, hijo —lo animó Tolga palmeándole el hombro—. Veo que eres un chico sensato. Vete ahora, y buena suerte; sé que Xantus apostó mucho por ti, así que no lo defraudes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, señor —dijo Kaylon, sonriendo, y corrió hacia la línea de salida donde Orantos lo esperaba junto a Nela. Una vez allí hicieron un intercambio: Kaylon le pasó a Eles al inventor y éste le entregó las riendas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nos vemos en la meta —le dijo Orantos al muchacho. Kaylon montó de un salto y condujo a Nela por entre la multitud hasta su lugar en la pista. El corazón le latía con fuerza en el pecho; como si no hubiera tenido suficiente con el nerviosismo por la carrera, ahora la presencia de su rival añadía un motivo más de preocupación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el otro extremo de la línea de salida, Fael contempló al chico con una expresión venenosa. Ignorándolo, Kaylon se estiró sobre la yegua y echó un vistazo a los demás jinetes. Conocía a la mayor parte, así como a sus monturas. La boca se le torció en una media sonrisa: ninguno de esos animales era rival para Nela. La montura de Fael, en cambio, no le resultó familiar. Era un hermoso alazán, de gran porte, con calzaduras en tres de sus patas. Kaylon se preguntó dónde lo habría conseguido... y a qué precio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De no haber sido por los perros salvajes, reflexionó el muchacho, Fael habría tenido a Nela en lugar del alazán. Una vívida imagen del pasado acudió a su mente: la madre de la yegua tumbada en una zanja, cubierta de mordeduras sangrantes. A su alrededor había varios perros destrozados y junto a ella estaba su pequeña hija, nacida antes de tiempo por culpa de la persecución y el combate subsiguiente. Habían buscado a la pobre yegua toda la noche con la esperanza de salvarla, pero ya era tarde. Fael, al verla, soltó una andanada de improperios; se suponía que el producto de esa yegua moribunda iba a ser para él. Ahora madre e hija estaban condenadas. Uno de los palafreneros acabó rápidamente con el sufrimiento de la yegua, cuyo valor le había permitido resistir lo suficiente para dar a luz una potranca prematura. Fael, todavía maldiciendo, se arrodilló sobre la cría. Había compasión y tristeza en sus ojos, sin embargo; podía maltratar a Kaylon, pero adoraba los caballos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La potranca, aún sin nombre, era una cosa diminuta y frágil sobre el pasto húmedo de rocío. No tenía salvación, pero algo en su mirada hizo que Kaylon, de unos nueve años y medio por aquel entonces, se rebelara contra el hecho inevitable de su muerte. Tímidamente preguntó si podía quedarse con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Olvídalo, niño —dijo el palafrenero que había sacrificado a la madre—. Aunque sobreviva jamás servirá para nada. Déjala ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quiero hacer el intento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El palafrenero chasqueó la lengua, molesto. Fael, en cambio, intervino en su favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo, quédatela. Pero después no llores cuando se enferme y muera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre habló como si fuera eso lo que esperaba, y Kaylon, quien no planeaba darle el gusto, replicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y tú no vengas a reclamarla si vive.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fael se rió, escéptico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te preocupes, no la reclamaré. Será una yegua pequeña y de patas débiles... justo lo que mereces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pues, Kaylon conservó a la yegua y la crió con esmero. Orantos lo ayudó a darle de comer con un biberón las primeras semanas y a mantenerla limpia para evitarle infecciones. Más adelante le consiguieron una nodriza. También le pusieron unas herraduras especiales para corregir sus aplomos defectuosos, y con el tiempo la potranca se fortaleció y prosperó hasta convertirse en el magnífico animal que era en la actualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon volvió a la realidad y acarició el cuello de Nela, quien apenas podía contener sus ganas de salir disparada por aquella pista que ya había transitado en el simulacro. Fael la miró con envidia, a pesar de su alazán. Al final sí había roto su promesa de no reclamarla... y pagado muy caro por ello. Ahora Kaylon le demostraría, así como al resto del mundo, que la yegua no sólo le pertenecía a él por completo, sino que no había un caballo mejor que Nela en toda la región.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El reloj dio las cuatro. Los espectadores contuvieron la respiración. Cuando la aguja marcó el primer minuto después de la hora, Tolga hizo sonar la campana de plata, cuyo tañido se escuchó claramente en el tibio aire vespertino. Era la señal esperada por la concurrencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dieciocho caballos echaron a correr como uno, levantando nubes de arena bajo sus patas. Nela, no obstante, se encabritó. Kaylon luchó para controlarla, sin entender cuál era su problema, hasta que logró imponerse sobre ella y hacerla arrancar. La yegua cubrió con rapidez la distancia que la separaba de los otros caballos, recobrando en pocos segundos el terreno perdido. Pronto empezó a adelantar al resto de los competidores. En la primera curva, dado que Nela iba por fuera, todos quedaron emparejados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cascos de los equinos, golpeando al unísono, retumbaron sobre la pista sacudiendo la arena y haciendo temblar los banderines que colgaban del vallado. Las personas a ambos lados del mismo, observadores y apostadores por igual, vitoreaban y alentaban a sus jinetes favoritos al verlos pasar. Por encima del ruido, Kaylon creyó escuchar su nombre más de una vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacia el lado sur del pueblo, la pista se enderezaba en una larga recta y dos caballos sobresalieron del montón: uno era Nela, el otro el alazán. Éste se arrimó a la yegua, espoleado por su jinete, y cuando la separación entre ellos se lo permitió, Fael empujó a Kaylon por el hombro. El chico se inclinó hacia un lado y su brazo chocó contra la barrera exterior, aumentando el desequilibrio. Los espectadores se echaron hacia atrás; unos cuantos habían visto la deshonesta maniobra y abuchearon. Intuyendo que algo andaba mal, Nela aminoró la marcha hasta que su dueño recuperó el balance. Los otros caballos se colocaron a la par de la hembra y en la siguiente curva la superaron. Kaylon se afirmó sobre la silla de montar y obligó a la yegua a acelerar. Nela no se hizo repetir la orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La multitud ya no gritaba, &lt;i&gt;rugía&lt;/i&gt;, y más aún cuando Nela comenzó a dar unos trancos en verdad prodigiosos, casi sin tocar el suelo. Por tercera vez rebasó a los otros caballos, y la distancia entre ellos fue aumentando de manera consistente con cada impulso de la yegua. Kaylon y Nela pasaron como una exhalación junto a Fael y su alazán, y se alejaron de ambos antes de que el hombre tuviera una nueva oportunidad de hacer trampa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La línea de meta estaba cada vez más cerca. Nela iba a la cabeza por más de tres cuerpos, y aunque el alazán prácticamente flotaba sobre la pista, era obvio que la yegua sería la primera en llegar al final del recorrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(He tenido que cortar en dos el capítulo porque es un poco largo. Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-4077475087880627611?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/4077475087880627611/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-9a.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/4077475087880627611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/4077475087880627611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-9a.html' title='La canción del águila (9A)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-5368397191102161960</id><published>2012-01-20T16:03:00.002-02:00</published><updated>2012-01-20T16:03:47.648-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (8)</title><content type='html'>Le tomó al chico seis días completos resolver que sí entraría a la carrera. Debido a la conversación con Orantos, sabía ahora que había mucho más en juego que unas simples apuestas y la ira de Fael si ganaba. Podía no competir, cierto, pero... ¿acaso deseaba permanecer bajo una roca por el resto de su vida, encogido en las sombras igual que un insecto que teme arriesgarse a ser pisoteado? No. Algún día tendría que enfrentarse a su destino, y a él no le gustaba posponer las tareas arduas. Eso era un mal hábito, fácil de adquirir y difícil de abandonar; en suma, un recurso de cobardes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cuestión era, entonces, qué podía pasar en la carrera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si perdía, todo seguiría más o menos igual. Fael se burlaría por una semana o dos y luego encontraría algo mejor que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, si ganaba... si ganaba se le abriría una bifurcación detrás de la línea de meta. Afirmaría su rumbo hacia lo que Orantos había propuesto o, como alternativa igualmente válida, compraría su independencia. El premio de la carrera era en oro, y además él tenía algo de dinero para apostar por su cuenta. En caso de ganar, podría marcharse de la granja y empezar de nuevo en otra parte. Aún no, pues era muy joven, pero en un par de años tendría edad suficiente para salir solo al mundo. En última instancia, el dinero tampoco le vendría mal si decidía permanecer en la granja. El problema, en tal caso, sería lidiar con Fael.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con estos pensamientos arremolinándose sin cesar en su cabeza, el muchacho fue al pueblo a anotarse para la competencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La feria se realizaba anualmente al principio del verano, habiendo dejado atrás el inestable clima primaveral. Había un poco de todo: venta de animales e insumos, concursos de cocina y disfraces, baile, diversión... Era una forma de celebrar por haber sobrevivido al invierno, dando a entender que todo estaba bien y que había tiempo para otras cosas que no fueran trabajo y más trabajo. Para los amantes de la emoción, sin embargo, la actividad principal de la feria era la carrera de caballos. El circuito estaba conformado por una pista de arena preparada para la ocasión, delimitada con vallas y banderas, que daba la vuelta al pueblo. Kaylon había presenciado cinco carreras en total, e imaginado en cada una que formaba parte del entretenimiento: la largada al son de una campana de plata, el golpeteo de los cascos y el resoplar de los caballos (en su fantasía los escuchaba &lt;i&gt;detrás&lt;/i&gt; de él), y el grácil vuelo de la banda blanca al final del trayecto, arrancada por el vencedor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conociendo de sobra el sitio al que debía dirigirse, caminó con paso firme y resuelto, haciendo tintinear en su bolsillo el pago de la inscripción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien anotaba a los participantes era nada menos que el organizador de la carrera: Casperes Tolga, un juez retirado, muy rico, que se había mudado desde la ciudad para pasar sus últimos años en el campo, dedicado solamente a sus actividades favoritas. En ese momento estaba sentado bajo un toldo, detrás de una mesa, desde donde supervisaba la construcción de un tramo de la pista al tiempo que hojeaba un libro muy grueso y amarillento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se aproximó a la mesa con las monedas en la mano. El juez lo miró por encima de sus gafas y preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿A quién quieres anotar para la carrera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico depositó el dinero sobre la mesa y se irguió para parecer más alto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A mí —respondió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre se sacudió un poco su aire de aburrimiento y examinó al muchacho con interés. Sus ojos eran de un gris desteñido bajo los arrugados párpados, pero no tenían ni rastro de cataratas y parecían tan agudos como los de Eles. El chico sintió que esos ojos lo atravesaban de un lado a otro; no era una sensación muy agradable, aunque él no tuviera nada que ocultar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué edad tienes, hijo? —inquirió Tolga después de su análisis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Casi trece... señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ajá. Casi trece. Regresa cuando tengas casi catorce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de esta escueta réplica, la atención del juez gravitó nuevamente hacia su libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon vaciló, pero era un chico bastante seguro de sí mismo y se recuperó enseguida; en voz más alta, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hablo en serio, señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez se quitó las gafas y frotó su reluciente calva rodeada de unos pocos pelos canosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Crees que esto es otro de esos juegos tontos de feria, muchacho, como la carrera de sacos? Pues no lo es, aunque así lo parezca. Habrá por lo menos quince caballos corriendo en esa pista, todos capaces de aplastar el cráneo de un hombre bajo sus cascos, y como yo soy el responsable de la seguridad de los jinetes, no puedo dejar que entre cualquier aficionado y cause un desastre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho abrió la boca para decir algo en su defensa, pero alguien más se le adelantó: un sujeto de unos sesenta años que había estado allí desde el principio, bebiendo de una botella bajo la sombra del toldo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tú eres el chico de la granja de caballos que anda con la rapaz, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon asintió. No conocía al hombre, aunque era obvio que éste sí lo conocía a él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Déjalo entrar, Cas —le dijo a Tolga el hombre de la botella—. Lo he visto correr un par de veces, es muy bueno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y muy pequeño —replicó el aludido, ignorando a Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bah, tonterías. El hijo del carpintero no pesa lo que este chico ni siquiera con ropa de invierno. Además, te aseguro que el niño tiene posibilidades. Déjalo entrar y apostaré por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tolga lanzó una carcajada franca y sonora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ésa no es una buena razón para anotarlo, Xantus. En tu última apuesta perdiste hasta la camisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Xantus rió con su amigo, pero igualmente hizo un gesto con la mano hacia la lista de competidores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hazlo —repitió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez tomó su pluma, pero no la acercó al tintero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué edad tiene tu caballo, hijo? —le preguntó a Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tres años. Es una yegua, pero nadie le gana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tolga puso cara de "todos dicen lo mismo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y sabe correr? Quiero decir, junto a otros caballos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon asintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿En una pista?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nunca ha corrido en una pista —admitió el chico—, pero ya sabe arrancar al sonido de una campana. La he estado entrenando con un amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre golpeó la mesa con los dedos, pensativo. Miró a Xantus de reojo; éste hizo un gesto afirmativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno —dijo el juez—, te diré lo que haremos: anotaré tu nombre provisionalmente y esta tarde traerás a tu yegua para un simulacro. Si todo sale bien, aceptaré tus monedas y podrás competir. De lo contrario, te irás sin una queja. ¿Está claro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico movió la cabeza de arriba a abajo, sonriendo un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Está bien, dime tu nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Kaylon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tolga enarcó una ceja, pero no pidió explicaciones acerca del apellido ausente. Junto al nombre del chico escribió el de la yegua y su edad. Acto seguido hizo algo que dejó a Kaylon mudo de asombro: le tendió la mano para cerrar el trato. Kaylon se la estrechó sin poderlo creer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez se dirigió al tipo de la botella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Más vale que sea tan bueno como dices, porque si pierdo dinero seré yo quien te deje en cueros este año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Xantus se llevó una mano al pecho y alzó la otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Juro por mi honor que es bueno, mi viejo y muy tacaño amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tolga chasqueó la lengua, desdeñando el juramento cual causa perdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon recuperó sus monedas, y estaba guardándolas cuando aparecieron dos hombres jóvenes, uno de los cuales también deseaba inscribirse. El chico no se fijó en ellos hasta que escuchó una exclamación en tono indignado. Al levantar la mirada, reconoció a Fael.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué hace el nombre de ese enano aquí? —preguntó éste, dejando de lado los buenos modales con los que se había presentado ante el juez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Azorado ante su actitud, Tolga le respondió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo mismo que tu colega aquí presente, muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No pueden permitirle correr. Es muy pequeño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fael sonó igual que un bebé enfurruñado; el semblante del juez se ensombreció al instante, y respondió a su observación con voz grave y un tanto amenazadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ese punto ya lo discutimos, y es por ello que le haremos una prueba en la pista. ¿Algo más que objetar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fael no supo contestar a eso, de modo que insistió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No pueden dejarlo correr. Quiten su nombre de la lista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su aspecto era amedrentador, pero Casperes Tolga se había enfrentado a sujetos mucho peores en su profesión como defensor de la justicia, y le echó a Fael su mirada más gélida y cortante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si no tienes un motivo coherente para sustentar tu demanda, será mejor que te la guardes. ¿Qué te pasa, Fael? Siempre pensé que eras un tipo afable. Y tengo entendido, además, que no vas a participar este año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fael entrecerró los ojos, disgustado por la rapidez con que se había difundido la noticia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez esperó, y al no escuchar ninguna respuesta le dijo a su interlocutor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vete. Tu comportamiento está fuera de lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven gruñó y se perdió de vista, dándole un codazo al trabajador que tuvo la mala suerte de bloquear su retirada. Su amigo fue tras él, un poco avergonzado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez frunció el ceño, preocupado por lo que acababa de suceder. Después de limpiar su pluma le dijo al chico:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuídate de él, hijo. Anda de muy malas pulgas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Como si no lo supiera —murmuró Kaylon para sí al tiempo que se alejaba de la pista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fael le salió al encuentro desde detrás de un árbol. Por un momento ambos permanecieron de pie cara a cara, como dos carneros a punto de darse un topetazo. No había nadie en los alrededores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ni se te ocurra presentarte a la carrera —le dijo Fael al muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon sintió que lo dominaba la ira. ¿Quién se creía que era para tratarlo así? De pronto se dio cuenta de que estaba harto de Fael; harto de su arrogancia, egoísmo e incapacidad de aceptar que los demás tenían los mismos derechos que él. Y, sobre todo, estaba harto de tener que esquivarlo todo el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oblígame —replicó entre dientes. Todo su enojo y desprecio hacia el otro quedaron concentrados en aquella palabra, y Fael dio un paso hacia el chico levantando el puño. Kaylon pudo ver los nudillos apretados, pálidos, y la tensión de los gruesos músculos del brazo del hombre. Sin embargo, no retrocedió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El acompañante de Fael apareció desde detrás de un segundo árbol y se interpuso entre ambos, no muy seguro de lo que estaba haciendo. Fael lo apartó con una mirada de advertencia y le dirigió al muchacho una mueca de perro rabioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te saldrás con la tuya, cretino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya lo veremos —respondió el chico, y armándose de valor pasó muy cerca de su oponente. Éste se movió para atajarlo, pero su amigo lo retuvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las últimas palabras de Fael llegaron hasta Kaylon a través de la distancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ganarás esta carrera sobre mi cadáver! —fue lo que gritó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras perder de vista a su enemigo, el muchacho aceleró el paso. Salvo por lo ocurrido en la ciénaga, el día que encontrara a Eles, nunca se había sentido tan asustado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no iba a retirarse. Para bien o para mal, la verdadera apuesta estaba hecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-5368397191102161960?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/5368397191102161960/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-8.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/5368397191102161960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/5368397191102161960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-8.html' title='La canción del águila (8)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-7859412087605191425</id><published>2012-01-19T18:08:00.000-02:00</published><updated>2012-01-19T18:08:04.005-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (7)</title><content type='html'>La puerta de la casa del inventor se abrió de repente, dejando pasar a un entusiasmado muchacho de cabello oscuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Orantos! ¡Orantos! —gritó Kaylon. Por su forma de conducirse daba la impresión de haber hallado una mina de diamantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por aquí —respondió el inventor desde la cocina. El chico fue hacia allá y encontró a su amigo comiendo, para variar, aunque al mismo tiempo mezclaba unos líquidos burbujeantes en un recipiente de vidrio. Con un poco de suerte no confundiría su experimento con el vaso de vino que tenía al lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre levantó la mirada y puso cara de alarma al ver el estado del chico, porque éste no había tenido tiempo de cambiarse de ropa o darse un baño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Kay, muchacho, ¿qué te ocurrió? —exclamó Orantos, dejando la mesa para ir junto al chico—. ¿Te enredaste en una pelea callejera? ¿O acaso Fael...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estoy bien, sólo me caí de Nela. ¡Pero adivina qué!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perplejo, el hombre solamente atinó a decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eh...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo, te lo diré: ¡voy a participar en la carrera de la feria del pueblo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué cosa? —preguntó su interlocutor, aún más perplejo—. A ver, vayamos con calma; siéntate aquí y cuéntame todo mientras liquido mi almuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues lo que dije —confirmó el muchacho, acomodándose en una silla—, que voy a participar en la carrera. Sé que Nela puede hacerlo; no hay ningún caballo que la supere. ¡Si la hubieras visto correr hoy...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espera un momento —lo interrumpió Orantos—. Creí que no ibas a entrar para no tener conflictos con el hijo de Delora...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero la belleza del asunto es que él &lt;i&gt;no&lt;/i&gt; va a competir este año. Su caballo se lastimó una pata. Fue su culpa, desde luego; yo le advertí que los terrenos del lago están minados por los topos, y él no me hizo caso, y ahora estaba que echaba humo por las orejas porque se quedó sin caballo para la carrera. ¿Y bien? ¿Qué te parece?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inventor frunció el ceño y meditó sobre lo que acababa de oír. Recién cuando terminó de vaciar su plato se aventuró a compartir su opinión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No lo sé, Kay. Aunque Fael no corra, igualmente le molestará que tú lo hagas, por una simple cuestión de principios. Además, eres un poco pequeño para esa clase de deportes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oh, tonterías —dijo el chico—. Hay algunos jinetes más menudos que yo. Con respecto a Fael... quién sabe —añadió en son de broma—, tal vez hasta apueste por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orantos lo miró con la expresión de quien piensa que es más factible que llueva hacia arriba. Kaylon recuperó la seriedad y esbozó una sonrisa triste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, no es probable, ¿verdad? —dijo, levantándose de la silla para dar vueltas por la habitación—. Rayos, quisiera saber cuál es su maldito problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Aún no lo has adivinado? Creí que eras más listo, Kay.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho dejó de dar vueltas y miró fijamente al inventor. ¿Por qué nunca había tocado ese tema con él? Orantos podía pasar meses sin hablar con nadie, pero cuando se integraba al universo de la gente común no se le escapaba ningún detalle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Es por lo de la herencia? —sugirió el chico—. Pero eso no tiene sentido. Todos saben que yo jamás veré nada de...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orantos movió la cabeza de un lado a otro. Su ademán era de paciencia: la actitud de un maestro que se prepara para dar una importante lección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Él te tiene miedo, Kay. Desde hace años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon emitió un resoplido de incredulidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, Kay, siéntate y escucha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico obedeció, más interesado que nunca en la conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Dime, muchacho, ¿recuerdas cuando eras un niño? ¿Cómo te trataba Fael entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon reflexionó unos instantes y contestó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bien... o algo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si mal no recuerdo, Fael te hacía ir de un lado a otro como un sirviente. "Haz esto, tráeme aquello"...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué fue lo que le dijiste un día? Tú me lo contaste; tenías unos siete años, más o menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Le dije que si quería un esclavo tendría que conseguirse un perro, de lo contrario más le valdría pagarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orantos se rió, asintiendo con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso fue mucho para alguien de tu edad, Kay. Incluso ahora, cada vez que Fael dice "¡salta!", todos pegan un brinco. Tú nunca te has sometido a su autoridad; nunca le has dado la satisfacción de considerarlo un ser superior, como el resto de las personas de la granja y el pueblo. Y luego está el asunto de Nela. La yegua iba a ser de su propiedad, pero gracias a tu perseverancia y esfuerzo acabó en tus manos. Por si fuera poco, él trató de quitártela... y nadie olvidará ese acontecimiento memorable, ¿no crees?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez le tocó al chico reírse entre dientes. Se reía cada vez que pensaba en lo ocurrido entre Fael y Nela, y no era el único, pues la escena había tenido lugar frente a una multitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de la risa, el muchacho recobró la compostura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aún no comprendo adónde quieres llegar, Orantos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inventor hizo rodar sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—&lt;i&gt;Piénsalo&lt;/i&gt;, Kay. Caramba, hijo, eres inteligente, pero te queda mucho por aprender sobre la naturaleza humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aguarda, te daré algunas pistas. Tienes sólo doce años y pico y mira lo que has logrado hasta el día de hoy: cuentas con tu propio caballo, eres capaz de hacer el trabajo de dos hombres, nadie entiende a los animales mejor que tú, no cedes ante la popularidad de Fael, y a pesar de que no te gusta leer, aprendes cosas nuevas con extraordinaria facilidad. Y eso no es todo. Ayer bajé al pueblo, ¿y sabes qué?, escuché a muchos hablar sobre ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon abrió la boca, sorprendido hasta la médula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No pongas cara de pez —continuó el inventor—. Te diré lo que oí: que vas por ahí con esa águila tuya, un animal notable, desde luego, y que parece como si te hubieran salido alas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero a Eles le falta la mitad de...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Oh, eso no es relevante! El punto es que estás causando una gran impresión. En poco tiempo la gente empezará a inventar historias acerca de ti, como que sabes hablar con los animales o que eres capaz de volar cuando nadie te está mirando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso es ridículo —afirmó Kaylon... aunque la idea no carecía de atractivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No es para nada ridículo. Ahora piensa: si has logrado todo esto a tu edad, ¿dónde te parece que estarás en cinco años... en tres años, quizá? ¿Qué puesto crees que podrías llegar a ocupar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin un haz de luz se abrió paso en el cerebro del chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El puesto de Fael —dijo en voz baja. Era la primera vez que algo así le pasaba por la mente; en realidad jamás se había puesto a considerar lo que haría o adónde iría cuando fuera mayor. Kaylon vivía el presente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y hay más —siguió el hombre—. Hace un rato mencionaste lo de la herencia. Imagina que un día decides ir a la ciudad a reclamar lo que por derecho te pertenece. —El chico se dispuso a hacer una observación—. Espera, ya sé que eso no te interesa, pero... &lt;i&gt;imagina&lt;/i&gt; tan sólo que decides hacerlo. Eres un muchacho tenaz, lo que hiciste con Nela es una prueba de ello. Si &lt;i&gt;realmente&lt;/i&gt; lo desearas, creo que podrías lograrlo. Ahora imagina que después de eso regresas aquí con un puesto &lt;i&gt;superior&lt;/i&gt; al de Fael: amo y señor de estas tierras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Eso sí que le pondría los pelos de punta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ya lo creo! Bueno, es evidente que no habías imaginado esa situación, pero estoy seguro de que Fael sí... y de que él no es el único. ¿Comprendes ahora por qué te tiene miedo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿De verdad lo comprendes? —volvió a preguntar el inventor, tomando la mano de Kaylon a través de la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, lo comprendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se levantó y caminó hacia la ventana. Cerró los ojos; se sentía exhausto, como si esa charla le hubiera robado todas sus energías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En mi juventud viajé a muchos lugares —continuó el hombre—. Tú aún no habías nacido. Una vez pasé mucho tiempo en unos bosques, estudiando una jauría de lobos. Los lobos tienen una jerarquía muy estricta, ¿sabes? Hay un macho y una hembra líderes, y los otros lobos son subordinados. En la jauría que yo estudié, el líder era un macho bastante mayor, una bestia muy poderosa y astuta. Poco después se sumó a la jauría un lobo joven. Al principio todo marchó bien, pero cuando el lobo joven creció se tornó muy audaz, y comenzó a desafiar al líder para tomar su posición. Fael y tú me recuerdan a esos dos lobos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orantos metió los platos en el fregadero. El muchacho permaneció en la ventana, y sin darse vuelta inquirió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué piensas que debería hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No lo sé, Kay, y no puedo aconsejarte. Es tu camino, tu decisión. Todavía no has encontrado tu lugar en el mundo, pero sea lo que sea que elijas, ten la certeza de que tendrás que luchar para conseguirlo. La vida es así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inventor acabó de lavar los platos y se colocó junto al chico. Poniéndole una mano en el hombro, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Acerca de la carrera, si te parece que no va a haber ningún problema me gustaría que participaras. Sé que ganarías, y yo apostaría por ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon miró al hombre con una sonrisa en los labios, agradecido por la confianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah, antes de que me olvide, tengo que darte algo —dijo el inventor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orantos fue a la habitación contigua y rebuscó en unos cajones. Volvió a la cocina con dos cosas en la mano: una flecha que Kaylon reconoció de inmediato y un artefacto cilíndrico de metal, con una cadena. Orantos le tendió primero este último objeto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Planeaba darte esto el día de tu cumpleaños, pero será mejor que lo tengas desde ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon tomó el obsequio y lo examinó. Era una brújula, pero tenía además una esfera de reloj y un indicador con una escala numérica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Para ayudarte a encontrar tu camino —dijo el inventor—. Este aparatito me sacó de líos en varias ocasiones. Asumo que has reconocido el reloj y la brújula. Lo otro mide la presión de la atmósfera; cuando está baja significa mal tiempo, cuanto está alta, buen tiempo. Ya aprenderás a interpretarlo. Créeme, es muy útil saber de antemano qué tiempo hará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho abrazó a su amigo, no sólo por el regalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No hay de qué —dijo Orantos cuando se separaron—. Con respecto a la flecha, por más que investigué no pude descubrir su origen. Ni siquiera sé de qué metal está hecha la punta. No he visto nada igual en toda mi existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon guardó la brújula en su bolsillo y tomó la flecha, haciéndola girar en sus manos. Era la que habían quitado de Eles. El muchacho tampoco había visto una flecha como ésa con anterioridad, y eso que conocía bastante de armas. Las flechas, incluso, eran su especialidad; él fabricaba las suyas de acuerdo a sus necesidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La que había herido al águila era más grande y pesada de lo normal, realmente formidable. Debía hacer falta un arco enorme y un brazo muy fuerte para dispararla. La punta era de un metal denso, casi blanco. El otro extremo estaba coronado por unas plumas rígidas de color azul, bien insertas en la madera oscura y sólida que formaba el cuerpo de la saeta. Kaylon sintió un escalofrío al pensar en el daño que esa flecha le había causado a Eles. ¿Qué podría hacer semejante arma al clavarse en una persona?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Toma —dijo el chico, devolviéndole la flecha a Orantos—, ponla en el cajón o deshazte de ella. En lo personal, preferiría no volver a verla. Es espantosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inventor, sin embargo, no la aceptó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quédatela —le dijo al chico—. Tal vez no la quieras, pero puede llegar el día en que la necesites. Sobre todo si piensas conservar a Eles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No muy convencido, el muchacho colocó el objeto en su cinturón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Será mejor que me vaya —anunció Kaylon—. Tengo trabajo y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y cosas en qué pensar. Lo entiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inventor acompañó a su amigo a la puerta. Antes de marcharse, Kaylon se volvió hacia Orantos y le preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A propósito... ¿qué pasó con los lobos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre suspiró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El líder mató al retador —dijo finalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguno de los dos agregó una palabra después de eso. El inventor cerró la puerta y Kaylon regresó a casa, con la mirada perdida y la mente llena de dudas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-7859412087605191425?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/7859412087605191425/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-7.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7859412087605191425'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7859412087605191425'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-7.html' title='La canción del águila (7)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-5216952065058011431</id><published>2012-01-18T13:39:00.001-02:00</published><updated>2012-01-18T13:39:57.464-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (6)</title><content type='html'>Dejando aparte el incidente con Fael, la rapaz suscitó mucho interés y curiosidad entre los habitantes de la región. Esto desconcertó a Kaylon en un principio, pero luego lo tomó como algo natural porque Eles era, a pesar del ala amputada, un raro y espléndido animal. Al cabo de unos días, muchas personas que normalmente no intercambiaban ni dos palabras con el muchacho se detenían a saludarlo cuando se encontraban con él, y aunque Kaylon no dominaba el trato social, igualmente le dio la bienvenida al cambio en su rutina. Fael no volvió a importunarlo con respecto al águila, pero él y sus amigos demostraron su inconformidad adoptando una actitud más desagradable que de costumbre. Kaylon reaccionó ignorando y evitando a sus agresores; la experiencia le había enseñado que ésa era la mejor forma de tratar con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dado que su trabajo y aficiones lo mantenían lejos de la casa la mayor parte del día, el chico fabricó un arnés para llevar a Eles de un lado a otro sobre su espalda, incluso a caballo. El arnés le permitía a la rapaz abrir las alas, cosa que el ave hacía con frecuencia como si quisiera capturar al viento en la red de sus plumas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una madrugada, a finales de la primavera, el muchacho se levantó de la cama y fue a buscar a Eles al establo para llevarlo a dar una vuelta. A lomos de Nela llegaron a la misma pradera que el águila había sobrevolado antes de caer, y fue allí donde Kaylon hizo un alto para tomar su desayuno. El aire era tibio y la brisa jugueteaba sobre la hierba haciéndola ondear cual verde océano; el chico contempló los alrededores mientras comía, sintiéndose contento y en paz consigo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se fijó en la rapaz, su buen humor se desvaneció en un parpadeo. Eles miraba al cielo con una expresión de infinita melancolía; sus alas temblaban y el ave parecía más vieja de lo que era en realidad. Kaylon no pudo soportar ver así a su amigo y resolvió hacer algo para animarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ven aquí, Eles, tengo una idea —dijo, y puso al ave en el arnés. Después montó a la yegua, quien en esos momentos masticaba el pasto florecido, y la dirigió hacia una zona donde el terreno era parejo y sin obstáculos importantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon aspiró profundamente, palmeó el cuello de Nela y la hizo arrancar al trote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sol aún colgaba cerca de la tierra, pero sus rayos eran intensos y parecían infiltrarse en los rincones como agua, ahuyentando las sombras. Lejos de los árboles y las colinas el viento soplaba un poco más fuerte, avivando los sentidos; la yegua, estimulada por todo el espacio que se abría ante ella, aceleró por voluntad propia. Sus cascos hacían volar los terrones sueltos en todas direcciones, y en sus saltos se elevaba a gran altura sobre el piso. Kaylon podía percibir el esfuerzo combinado y armonioso de todas las partes del animal, así como el aire que le pegaba en la cara y agitaba su cabello y vestimenta. Detrás de él, la rapaz se puso tensa dentro del arnés; no por inquietud, sino por la emoción casi olvidada de la velocidad. Dejándose llevar por un impulso instintivo, estiró las alas en toda su envergadura. El aire silbó a través de ellas mientras la yegua se deslizaba vertiginosamente por el campo, desafiando la gravedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El terreno se inclinó unos grados, favoreciendo el desplazamiento del equino; Nela se lanzó hacia abajo, rápida como el pensamiento, mas entonces, sin previo aviso, Eles dio un grito tan potente que se expandió hacia los cuatro puntos cardinales, haciendo vibrar el paisaje. Los pájaros, asustados, abandonaron sus nidos en caóticas bandadas, y los pequeños mamíferos del campo se escabulleron dentro de sus madrigueras. Nela, para quien el grito sonó justo en sus delicados oídos, se espantó de tal manera que sus patas se enredaron, y comenzó a dar unos trompicones desordenados y violentos que despegaron al chico de la silla y lo hicieron perder pie sobre los estribos. Kaylon salió disparado por encima de la yegua, en diagonal, describiendo una interesante curva antes de estrellarse sobre su pecho. Llevado por la inercia, Eles escapó del arnés y aterrizó un poco más adelante. Nela recorrió unos metros adicionales antes de regularizar su paso y detenerse; tenía las aletas de la nariz abiertas al máximo y sus costados se contraían y dilataban como fuelles. Avergonzada a la manera equina, regresó junto al muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se sentó con cuidado, escupiendo tierra. Se había raspado la cara y las manos, pero en general estaba ileso. Nela sopló en la nuca de su amo; el muchacho le acarició la barbilla para darle a entender que no se preocupara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eles caminó hacia el chico. Lucía radiante: los ojos le brillaban como ámbar pulido, sus alas se sacudían con alegre energía y de su pico salían unos gorjeos y chillidos que expresaban lo bien que le había sentado el paseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico observó el comportamiento de la rapaz, aún aturdido por el golpe, y luego, sin poder evitarlo, se echó a reír agarrándose el estómago para no reventar. Por unos segundos sólo existió ese momento: ellos tres sobre la hierba y la tierra húmeda, rodeados por el murmullo seductor del viento y la luz que inundaba el mundo, plena y gratificante. Al cabo de un rato el muchacho se puso de pie, sin dejar de reír, y decidió que no podía haber nada mejor que eso en la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el aspecto del águila, saltaba a la vista que Eles estaba de acuerdo con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Creo que ya fue bastante diversión para una sola mañana —dijo Kaylon, y llevó a sus dos compañeros de vuelta a casa. A muchos les extrañó verlo llegar tan sonriente, en contraste con su ropa sucia y las numerosas magulladuras que exhibía en el rostro. El chico no les prestó atención; su felicidad era pura, simple y completa, y no le permitía fijarse en pequeñeces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en el establo se echó a descansar, recostándose en el pajar con expresión satisfecha y soñadora. Estaba a punto de quedarse dormido cuando oyó unas voces en la entrada; entre ellas destacaba la de Fael, quien sonaba furioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin hacer ruido, Kaylon se escondió detrás de unos barriles para escuchar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-5216952065058011431?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/5216952065058011431/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-6.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/5216952065058011431'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/5216952065058011431'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-6.html' title='La canción del águila (6)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-4683728313244478603</id><published>2012-01-17T14:46:00.001-02:00</published><updated>2012-01-17T14:46:52.885-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (5)</title><content type='html'>Durante toda la semana siguiente, Kaylon pasó gran parte de su tiempo en casa del inventor atendiendo al águila. El muñón de su ala tenía un aspecto horrible pero estaba sanando bien. Con mucho cuidado, Kaylon le cambiaba los vendajes dos o tres veces al día para impedir que se infectara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, paró muy bien las orejas a fin de que no se le escapara ninguna noticia sobre los extranjeros. Tras unos días de no saber nada de ellos concluyó que, efectivamente, se habían marchado. Esto le produjo un gran alivio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de la semana, el chico decidió que podía llevar a Eles a la granja. La casa de Orantos era un buen refugio pero quedaba un poco lejos, y aunque el inventor sabía cómo cuidarlo, existía el peligro de que una de sus ideas le hiciera olvidar por completo al animal. No; lo mejor era sacarlo de allí y hacerse responsable de él, tal como le correspondía por haberlo salvado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al chico le gustaba el ave: era muy inteligente y tenía un aire de sabiduría casi humano. A veces Kaylon se sentaba junto a su nuevo amigo o lo sacaba afuera en brazos, y entonces le hablaba acerca de su vida, anhelos e inquietudes. Eles lo escuchaba durante horas sin cansarse, y parecía entender lo que le decía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inventor era un buen oyente; solía tener, sin embargo, demasiadas cosas en la cabeza, y le costaba no distraerse. Kaylon no podía enfadarse con él porque lo idolatraba, pero muy a menudo se veía excluido del mundo de Orantos, siempre lleno de conceptos demasiado complejos y distantes. Con el águila, en cambio, su relación era muy diferente. La rapaz le dedicaba toda su atención, cosa que nadie había hecho antes por él, y si Nela era su compañera de juegos, su velocidad en tierra, Eles era su contacto con el cielo y la reflexión. Eles, por otro lado, había llegado a sentirse cómodo con el chico; poco a poco estaba dejando de lado su reserva inicial, y ya daba muestras de alegría cuando Kaylon iba a visitarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El último día que el águila pasó en casa de Orantos, el muchacho creyó adivinar cierta impaciencia en sus ojos, como si hubiera presentido lo que se avecinaba. Kaylon emitió un chasquido con la lengua y la rapaz saltó a su brazo derecho; el chico se había confeccionado, recientemente, un par de guantes más largos para proteger sus antebrazos de las afiladas garras de Eles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cargarla así, en una sola mano, se percibía mejor la económica solidez del ave y la potencia de sus músculos, por lo que daba lástima pensar que ya no habría de remontarse en alas de su perfecta estructura. Orantos le había dicho, sin embargo, que no era muy joven. El muchacho no lo había puesto en duda, aunque se notaba que el águila todavía estaba en su plenitud. ¿Qué dirían los de la granja cuando la vieran?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se despidió del inventor y enfiló hacia la casa de piedra, nervioso por la expectativa. Como había imaginado, muchas miradas se volvieron hacia él mientras recorría el camino principal; algunos lo contemplaron con mudo asombro, otros lo señalaron y comentaron con quienes tenían al lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo iba bien hasta que llegó a destino: no había terminado de preparar un alojamiento para Eles en las caballerizas cuando tuvo la desgracia de cruzarse con Fael.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre, quien rondaba la treintena, no superaba a Kaylon por más de una cabeza, pero era de torso ancho y miembros gruesos, sin una pizca de grasa. Chocar con él era como golpear una pared. Solía llevar el pelo, oscuro y cobrizo, atado en la nuca, y cuando se dejaba la barba tenía una apariencia bastante feroz. Con sus amigos se mostraba simpático y la gente en general opinaba que era un gran tipo, pero el chico estaba más familiarizado con su lado oscuro. La rivalidad entre ambos había empezado cuando Kaylon tenía unos siete años, y con el tiempo no había hecho más que aumentar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué rayos es eso? —fue lo primero que dijo al ver a Kaylon y Eles, en su típico tono de aquí-mando-yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Un águila —respondió el muchacho con voz casual, sin mirarlo—. La encontré en el campo norte, junto a la cascada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fael escrutó a la rapaz de arriba a abajo, no sin cierta admiración, hasta que notó que le faltaba la mitad del ala; entonces emitió un gruñido de desprecio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Una inutilidad como tú, ya veo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon no dijo nada. No tenía deseos de provocarlo, aunque tampoco se dejó intimidar. Terminó de acomodar a Eles y, aún sin mirar a Fael, procedió a desensillar a Nela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues no puedes dejarla aquí —continuó el hombre—. Va a espantar a los caballos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En caso de que los moleste, la llevaré a otra parte —dijo el chico tratando de controlarse; si le soltaba una réplica impertinente, Fael inventaría alguna otra razón para hacerle sacar al ave del establo. Decidió, por lo tanto, que lo más conveniente era una retirada prudencial. Sin agregar un sonido, tomó un balde y marchó hacia la puerta, dando a entender que tenía que ir a buscar agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fael lo retuvo a medio camino, agarrándolo del cuello de la camisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No me dejes con la palabra en la boca, bastardo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras se daba vuelta, desasiéndose, Kaylon percibió que había dos trabajadores volteando la paja con sendas horquillas, muy pendientes de la escena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Entonces termina de hablar —dijo el muchacho enfrentándose a su adversario, cuyos ojos castaños parecían chispear. La expresión de Kaylon era casi risueña, con un toque de desafío muy medido. A Fael le importaba mucho la opinión ajena, por lo que no solía golpear a nadie más pequeño que él enfrente de testigos. El hombre, entonces, optó por una última amenaza verbal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Más te vale que ese pájaro se mantenga callado y en su sitio, de lo contrario lo asaré y tiraré a los perros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho asintió con la cabeza, pero sin bajar la mirada ni demostrar sumisión. El hombre se retiró apartando a Kaylon de un empujón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decepcionados por la falta de acción, los peones continuaron volteando la paja. El chico, por otro lado, se apoyó un momento contra una de las vigas y no se movió hasta que su corazón volvió a latir a ritmo normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-4683728313244478603?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/4683728313244478603/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-5.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/4683728313244478603'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/4683728313244478603'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-5.html' title='La canción del águila (5)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-7296752273748206077</id><published>2012-01-16T13:37:00.000-02:00</published><updated>2012-01-16T13:37:11.416-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (4)</title><content type='html'>En su sueño el águila surcaba el firmamento y Kaylon la seguía porque sabía que estaban a punto de derribarla. Pero no pudo advertirle; no consiguió evitarlo, y el ave cayó en picado nuevamente cuando la flecha se clavó en su ala. La vio descender con onírica lentitud, incluso distinguió la sangre que iba vertiendo en el aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recreando casi a la perfección lo que había sucedido en la realidad, Kaylon encontró al ave y se internó en la ciénaga con ella, escapando de los forasteros que le pisaban los talones. En esta ocasión, no obstante, el animal que ellos traían con ellos captó su olor, y los pasos se encaminaron directamente hacia él. Un terror oscuro se apoderó de sus sentidos y tuvo la certeza de que iba a morir...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico se despertó de golpe, incorporándose a la vez que reprimía un grito. Cuando se percató de que había sufrido una pesadilla, nada más, hundió el rostro en las manos y trató de controlar su respiración jadeante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Maldición —murmuró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Faltaban unas tres o cuatro horas para el amanecer, pero el muchacho supo que no podría volver a dormirse. Se vistió, por lo tanto, y fue a buscar a su yegua. Al animal le desconcertó ver a su dueño tan temprano, aunque en general los horarios de Kaylon eran erráticos. El chico ensilló a Nela y partió hacia los terrenos silvestres de la granja. No tardó en llegar a una zona agreste que sólo se empleaba cuando había escasez de forraje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon desmontó y se escabulló hacia un sitio donde ya había estado antes. Allí se escondió detrás de unas matas y esperó; su paciencia se vio recompensada cuando una liebre, muy gorda y lustrosa, se puso a su alcance y comenzó a masticar el pasto tierno que crecía junto al arroyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho tensó su arco y medio segundo después la liebre cayó muerta. El chico recobró la pieza y montó de nuevo, en dirección a la casa del inventor. A su llegada las luces estaban encendidas; él no era el único con horarios erráticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orantos lo saludó con total indiferencia. Por la manera en que sonaba su voz desde el otro lado de la vivienda, debía estar bien metido bajo su máquina, terminando de ajustar lo que fuera que le había quedado pendiente la última vez. Kaylon respondió al saludo mecánicamente y se dirigió hacia donde habían dejado al águila después de la operación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rapaz lo escuchó aproximarse y levantó la cabeza. Sus ojos habían recuperado la lucidez, e incluso dio muestras de reconocer al muchacho. Éste le acercó la mano desnuda. El águila no se apartó ni hizo ademán de atacar, y cuando los dedos extendidos la tocaron cerró los párpados, complacida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El animal estaba echado sobre el ala intacta, en lo alto de un mueble cubierto con paja limpia. Así fue como el chico descubrió que, en su pata derecha, tenía algo incrustado entre las garras. Kaylon le abrió los dedos para ver de qué se trataba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A primera vista parecía sangre, pero no lo era. La cosa que el águila tenía en su pata, hundida en la carne, era una piedra ovalada de color rojo cuya superficie relucía como una joya bajo la luz de la lámpara. La piel alrededor se veía por completo normal; la piedra se había integrado al miembro como si fuera parte del mismo. Kaylon pasó su índice sobre el objeto. La textura era cálida y suave, sin rastro de arañazos, aunque daba la sensación de que algo vibraba justo por debajo. ¿O era más bien como una corriente de electricidad estática?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ave dio por terminada la inspección al levantarse. Había fuerza en sus movimientos, y lo único que al parecer la incomodaba era el vendaje del ala. El chico consideró que estaba mucho mejor y depositó la liebre muerta encima del mueble. La rapaz miró el cadáver con cierto recelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te guste o no, dependes de mí desde hoy en adelante —le informó el muchacho—. Si vamos a seguir con esto, tendrás que acostumbrarte a que yo te dé de comer, entre otras cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El águila observó a Kaylon con los ojos entrecerrados. Era como si todo tuviera que decidirse en ese instante: vida o muerte, confianza o suspicacia, amistad o enemistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin el ave dio un paso solemne hacia la liebre que se le ofrecía y empezó a desgarrarla con el pico. El chico dejó que su rostro exhibiera una amplia sonrisa de triunfo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Creo que hay posibilidades —dijo una voz a sus espaldas. Había un tono de triunfo allí también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se volvió y le preguntó al inventor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Has visto lo que tiene en la pata?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ajá —respondió Orantos—. Muy inusitado, ¿no crees?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, me voy a dormir. Si quieres quedarte aquí y preparar el desayuno de ambos, me parece bien. A decir verdad, no recuerdo la última vez que me senté a disfrutar de una buena comida, ya sabes, con cubiertos y todo eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon se rió e hizo un gesto afirmativo. Por la constitución magra de su amigo, probablemente hacía más de una semana que sólo se limitaba a picotear el alimento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inventor dio media vuelta para retirarse, pero Kaylon lo sujetó del brazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias por ayudarme —le dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre revolvió los negros cabellos del chico y le dio una palmada en el hombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Oye, no hay de qué. Para eso están los amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orantos dejó al chico solo con la rapaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Escuchaste eso, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ave le dirigió una mirada inescrutable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pues tú y yo somos amigos ahora —continuó Kaylon—. Eso significa que debo darte un nombre. Te llamaré Eles. Ojalá te guste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muchacho alisó las plumas rebeldes de la pechera del ave, pero ésta alzó una garra, la de la piedra, y le aferró los dedos. Kaylon supuso que la había molestado, pero el águila no lo soltó. El chico contempló ensimismado sus dedos, enlazados por los del animal, y sintió que se quedaba sin aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía un apretón de manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;(Continuará...)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Gissel Escudero&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4618383612298934889-7296752273748206077?l=la-narradora.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://la-narradora.blogspot.com/feeds/7296752273748206077/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-4.html#comment-form' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7296752273748206077'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4618383612298934889/posts/default/7296752273748206077'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://la-narradora.blogspot.com/2012/01/la-cancion-del-aguila-4.html' title='La canción del águila (4)'/><author><name>Gissel Escudero</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02729027989663738934</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YoxseMpIfV0/TMtHrLWyWqI/AAAAAAAABOk/a1nvFUvPdQY/S220/yo2.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4618383612298934889.post-861814451767464781</id><published>2012-01-15T05:45:00.001-02:00</published><updated>2012-01-15T05:50:33.342-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='canción águila'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='animales'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantasía'/><title type='text'>La canción del águila (3)</title><content type='html'>Ya eran cerca de las diez cuando el muchacho regresó a la granja, sucio, fatigado y hambriento. Había dejado al águila en casa de Orantos recobrándose de los efectos del narcótico y el trauma de la amputación, con un tosco vendaje envolviéndole la mitad restante del ala. Su futuro aún era incierto, pero Kaylon estaba decidido a no perder la fe; el ave simplemente no se podía morir después de tanto esfuerzo dedicado a preservar su existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico vivía en una granja de cría de caballos donde se producían los mejores ejemplares de la región. Nela, de hecho, pertenecía a una noble línea cuyo origen se remontaba a más de cien años atrás, aunque su nacimiento se había dado bajo circunstancias particulares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el centro de la granja había una edificación de piedra que contaba con amplios establos y unas cien habitaciones. Era una propiedad muy valiosa, así como las tierras que la rodeaban, pero estaba construida con intenciones puramente prácticas: nada de adornos innecesarios, nada de lujos; sólo los aditamentos indispensables para la comodidad de sus ocupantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon ató a su yegua junto a los abrevaderos y entró a la casa por la cocina, según su costumbre. Tal como esperaba, una voz femenina, ronca y furibunda, le salió al encuentro, seguida por una delgada mujer de cabello entrecano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Vaya, niño! ¿Dónde rayos te habías metido? ¡Mírate nada más, parece como si te hubieras revolcado en un maldito chiquero! ¡Qué desastre! Anda, ve a buscar algo de comer y muévete. Tienes que llevar a los potros al campo norte antes del mediodía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer despidió a Kaylon con un buen empujón en la espalda, exhortándolo a darse prisa. Al chico no le molestó semejante trato. Era lo más cerca que Delora podía estar de decir: "¡Cuánto me alegra verte! ¿Dónde estabas? Me tenías preocupada." La mujer, curtida por años de trabajo duro, no era precisamente afable, y sólo su hijo despertaba en ella un poco de cariño maternal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon tomó un poco de fruta y un emparedado de carne, hizo un atado con una servilleta y volvió a los establos, donde consumió su breve desayuno. Luego dejó a Nela en su corral favorito y fue a buscar a Medianoche, el padre de la yegua, para ir a cumplir con sus deberes. El semental, del color de su nombre, era muy manso, pero imponía respeto entre los potros jóvenes y alocados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para su corta edad, al chico le asignaban algunas de las tareas más difíciles de la granja. Supuestamente era porque venía de afuera y debía ganarse el sustento, pero Kaylon había comprendido, con el tiempo, que la verdadera razón era muy distinta: le confiaban esos valiosos caballos porque tenía un don natural para el manejo de los animales. Claro que nadie habría confesado algo así en voz alta, ni siquiera en ausencia del muchacho; en aquella granja, Kaylon representaba el peldaño más bajo de la escala social y era del interés de muchos que eso no cambiara. Por desgracia para ellos, al muchacho sí le agradaba su trabajo... dato que a él tampoco habrían podido arrancarle, aun bajo amenaza de muerte. Pensándolo bien, era una situación bastante ridícula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el chico acabó de trasladar los potros de un campo a otro era la una de la tarde y el almuerzo iba por la mitad. El cocinero le sirvió con su hosca expresión habitual y Kaylon se dirigió, por entre las mesas, al patio, dado que prefería comer solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo detuvo, no obstante, algo que escuchó por el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A propósito, hoy me topé con unos extranjeros en el mercado del pueblo. Caray, sí que me dieron escalofríos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon giró sobre sus pies y localizó el origen de la voz. El que había hablado era uno de los compinches de Fael, hijo de Delora y capataz principal de la granja. Éste le preguntó a su amigo, con una sonrisa sarcástica:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y eso por qué, Silay? ¿Acaso tenían cuernos y colmillos? Dime, ¿te demoraste de nuevo en la taberna?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un viejo chiste y todos se rieron, incluso el aludido. Pero Silay se recuperó enseguida y comenzó a justificar su afirmación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, no tenían nada raro, pero... no sé, no me agradaron en absoluto. Para empezar, eran &lt;i&gt;enormes&lt;/i&gt; —todos abrieron mucho los ojos porque Silay era el más alto y pesado del grupo—, y encima iban cargados de armas. Su acento era peculiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bandoleros, quizá —opinó Fael, quien siguió comiendo sin inmutarse. Él casi no le temía a nada, y si alguien llegaba en busca de problemas, tanto mejor. Los días aburridos lo ponían de mal humor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A sabiendas de que era una imprudencia, Kaylon se aproximó a la mesa y le preguntó a Silay:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Te dijeron a qué venían?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿A ti qué te importa, enano? —intervino Fael.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaylon lo ignoró, dando a entender que en verdad esperaba una respuesta. Para variar, Silay le dio el gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De caza, creo. Llev
