1 de febrero de 2012

La canción del águila (19)

El chico se despertó poco antes de la salida del sol, como era su costumbre, y encontró a Dorcai ya levantado, desayunando. El errante no le preguntó a Kaylon si había dormido bien ni le dijo "buenos días", pero le hizo un lugar en la mesa y le informó que si necesitaba carne para el águila, podía reservarle algo de lo que cazaran esa mañana. El muchacho, a su vez, agradeció la invitación antes de declinarla y le dijo que no se molestara con respecto a Eles, pues ya le conseguiría él su alimento. Dorcai no se mostró ofendido ni contento; simplemente asintió con la cabeza y continuó su desayuno. Kaylon se despidió de él y enfiló hacia el lago, llevando a la rapaz consigo.

Aetel y los demás encargados de los caballos lo recibieron con mayor cordialidad, ofreciéndole pan, leche, jamón curado y frutas. Satis estaba ahí (formaba parte del grupo tres o cuatro veces por semana), y fue el primero en sonsacarle al muchacho la historia de su vida. Como no había mucho que decir sobre ello, las preguntas se agotaron al mismo tiempo que la comida, momento en que todos se levantaron y dirigieron a sus puestos.

Kaylon trabajó sin descanso hasta las diez de la mañana. Satis lo ayudó en un par de ocasiones, demostrando ser muy ingenioso y paciente; conocía bien el carácter de los caballos, y a pesar de tener que sobornarlos a menudo con algún manjar los dominaba sin problemas, considerando que el peso de los equinos (casi una tonelada) hacía imposible moverlos por la fuerza. Tanto él como Kaylon no tardaron en advertir que podrían enseñarse mutuamente unos cuantos trucos nuevos.

Además de los caballos de tiro, los errantes mantenían por separado una raza más liviana, similar a la que criaban en la granja de donde provenía el chico. Al contrario de sus parientes más grandes, tranquilos pero recalcitrantes, estos caballos eran briosos y juguetones. Aetel no le dio muchas explicaciones, pero el muchacho infirió que dichos ejemplares se usaban para llevar mensajes de una tribu a otra, dada su mayor agilidad y rapidez, y para la caza, debido a su inteligencia.

Satis había puesto a Nela con estos últimos animales, y tras asegurarse de que la yegua se encontraba a sus anchas entre ellos, Kaylon fue a sentarse un rato a orillas del lago. Como le había dicho a Dorcai que haría, no dejó pasar la oportunidad de satisfacer el apetito de Eles: a la vista de una rata de campo, sacó su arco y la despachó de un único tiro.

Mientras arrancaba la flecha del cuerpo del roedor para entregárselo al águila, alguien se acercó a él y le dijo:

–Oye, tienes una excelente puntería.

El chico levantó la mirada. Era Mic.

–Ah, hola. ¿Todo está bien?

–Aparte de que hasta ahora ha sido un día mortalmente tedioso, sí, diría que todo está bien. Pero venía a disculparme por lo de ayer. No sé cómo pude olvidarme de ti, soy un caso perdido. Deberías darme un puntapié en el trasero. Adelante –agregó con tono dramático–, patéame con todas tus fuerzas.

Tras finalizar la sentencia, Mic se dio vuelta para exponer la región anatómica mencionada... cubierta por una placa de metal que le colgaba del cinturón. Kaylon se rió.

–No te preocupes –le dijo a Mic–. Tyanna me llevó con Leila y ya tengo alojamiento.

–¿Tyanna se ocupó de ti? –exclamó el pelirrojo–. Interesante... ¿Y dónde vas a quedarte?

–Con Dorcai.

–¡Con Dorcai! Caramba, qué maravilla... ¡y ambos acontecimientos en una misma velada! Menos mal que no soy supersticioso, de lo contrario pensaría que están por llover sapos o algo así.

El chico se encogió de hombros. Cambiando de tema, Mic dijo:

–Escucha: voy a seguir el ejemplo de Satis y a subsanar mi error con una segunda invitación a cenar. Bueno, ya sé que ibas a cenar de todas maneras, para eso estás aquí, pero lo que quiero decir es que vengas a mi mesa de nuevo. Satis y yo preparamos unas historias de terror que harán que nuestros oyentes pierdan el apetito. Fue idea de mi primo, naturalmente: así habrá más postre para nosotros... y sobre todo para él. ¿Contamos contigo, pues?

–Por supuesto –respondió Kaylon.

–¡Excelente! Nos vemos en la cena, entonces, y si tienes algún relato escalofriante que contar, no titubees. Puedes inventar lo que quieras, siempre y cuando suene verídico.

Kaylon respondió que pensaría en algo y ambos jóvenes despidieron hasta la noche.

Después de la visita del pelirrojo nada rompió la monotonía de la tarde, y cuando el sol empezó a bajar, Kaylon le pidió permiso a Aetel para marcharse. La puesta de sol transcurrió con una atmósfera húmeda y pesada y en el horizonte se apreciaba una franja de oscuridad, primer indicio de que las lluvias se aproximaban. Kaylon se preguntó cómo harían los errantes para protegerse de las tormentas. ¿Buscarían refugio en algún pueblo, o tendrían sus propios métodos? Era una buena interrogante.

El chico localizó la mesa donde estaban Mic y su primo por los estallidos de risa. Los dos jóvenes errantes le dieron al muchacho una calurosa bienvenida, y Mic le preguntó en voz baja si había tenido éxito en la creación de una historia tenebrosa. Kaylon respondió que sí; el pelirrojo se dio por satisfecho y le alcanzó una fuente con pescado frito.

–Sírvete y come; así ya habrás hecho la digestión para cuando Satis empiece su narración sobre los pollos destripados. Créeme: hasta a me da un vuelco el estómago con ese relato.

Una vez terminado el plato principal, y mientras se distribuía el postre, Mic y Satis dieron inicio a sus historias. El pelirrojo arrancó con un cuento sobre unos espectros con los que supuestamente se había enfrentado el año anterior; luego siguió Satis con lo de los pollos (Kaylon tuvo que dejar de lado su pedazo de tarta durante las escenas más asquerosas), y a continuación su primo contó dos relatos muy sangrientos que involucraban a Beorb y su parentela. Fue entonces el turno de Kaylon. A estas alturas se había reunido una multitud alrededor de la mesa, y aunque el chico comenzó tímidamente su historia, tomó confianza al notar que la misma tenía buena acogida entre los errantes.

El muchacho incluyó en su narración la pelea con los ladrones de caballos, lo que había visto Silay el día de su borrachera y sus propias impresiones sobre los forasteros en la ciénaga, atribuyéndolas al bandido de la cicatriz y sus secuaces. El público respondió con las emociones adecuadas en cada momento: exclamaciones de horror, respingos y falta de aliento en las partes de mayor suspenso; pero cuando Kaylon describió lo que había sentido al ser perseguido por los sujetos que buscaban a Eles, Tyanna se puso muy pálida y abandonó su lugar junto a la mesa. Dorcai la siguió. Sin comprender qué acababa de pasar, el chico se quedó sin habla hasta que Mic le pellizcó el brazo, instándolo a proseguir. Kaylon finalizó su relato y luego corrió a buscar a la muchacha, deseoso de disculparse por lo que fuera que la había perturbado.

Estuvo un rato dando vueltas por el campamento sin encontrarla, y al final sólo vio a Dorcai... esperando afuera del carromato de Amalaide. Kaylon se escondió detrás de un árbol, obedeciendo a su instinto; unos minutos más tarde, la joven salió del carromato. A través de la puerta, que estuvo abierta apenas un instante, el chico pudo contemplar un resplandor azulado y algunas volutas de humo. Un sonido cristalino e hipnotizador llegó a sus oídos, y percibió un aroma que jamás había olido antes, una fragancia sutil que lo hizo sentir vértigo. El fenómeno pasó cuando la puerta giró sobre sus goznes, aparentemente por sí sola, y se cerró sin hacer ruido.

Tyanna aún estaba pálida, y temblaba. Dorcai se acercó a ella pero la joven lo rechazó y se alejó caminando, ya no con la gracia de una cierva sino como un animal herido.

Kaylon se demoró lo más posible y volvió al carromato de Dorcai cuando todo el campamento estaba en silencio. El errante le había conseguido una cama y una percha muy adecuada para Eles, pero al aparecer el muchacho lo miró de tal manera que Kaylon no se atrevió a decir nada.

¿Qué había hecho él para provocar semejante reacción? No tenía forma de saberlo, pero al poner al águila sobre una de las ramas de su percha, observó en sus ojos ambarinos la misma expresión que en el rostro de Tyanna.

Y ahora, ¿qué podía significar eso?

Kaylon meditó sobre este nuevo misterio durante largas horas.

(Continuará...)

Gissel Escudero

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