21 de octubre de 2011

Toque mortal (parte 6/6)

Era la mejor época del año para visitar Rio de Janeiro, por el carnaval. La música de samba alegraba el ambiente y casi todos sonreían, tanto residentes como extranjeros.

Víctor estaba de vacaciones y Leonor, como siempre, lo había acompañado en su viaje. Al caminar por las calles, él le pasaba un brazo por los hombros y ella lo sujetaba por la cintura, como una pareja de adolescentes enamorados.

Llevaban más de dos años juntos. Nunca hablaban de matrimonio, pero tampoco de separarse. Y lo más importante, Leonor ya no hacía preguntas. Era mejor así.

—Quiero subir al Corcovado —dijo ella mientras paseaban por una galería—. ¿Podemos ir esta tarde? Dicen que la vista es espectacular.

—Lo que tú digas —respondió Víctor en forma automática. Estaba pendiente de algo y no quería distraerse. Sus dedos acariciaron el cuello de Leonor.

—Hace mucho calor... ¿Qué tal si buscamos una fuente y nos sentamos ahí a descansar? Me pareció ver una en la otra calle.

—Vamos para allá, entonces —dijo el hombre. Había llegado lo que esperaba: una clara sensación de propósito, como la de un perro rastreando su objetivo. Estaba cerca...

Al salir a la calle se cruzaron con un hombre robusto que no destacaba para nada entre la multitud. El encuentro sólo duró un segundo, lo suficiente para que Víctor lo mirara a los ojos... y le rozara el brazo con la mano libre.

Así debía sentirse un cable eléctrico, pensó el asesino. Un medio para trasladar la energía de un lugar a otro, sin sufrir cambios; una línea de contacto entre la fuente y el receptor.

El otro hombre no reaccionó ante el contacto, y siguió su camino en dirección opuesta a la pareja. ¿Quién sería?, se preguntó Víctor. ¿Un traficante de drogas? ¿Un empresario corrupto? ¿O quizás algo más vulgar, como un operario de maquinaria pesada? No había forma de saberlo por su vestimenta; tendría que leerlo en los periódicos, después de... lo que fuera a pasarle.

—Ah, ahí está la fuente —dijo Leonor—. Ahora sólo nos falta algo de beber.

Ella no había notado nada. Excelente. Se estaba volviendo un experto. Víctor disimuló una sonrisa.

Compraron unos refrescos y se sentaron a disfrutar la radiante mañana.

Gissel Escudero

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