2 de febrero de 2010

Persuasión

(¡No, no es la novela de Jane Austen!)

Había una caída de diez metros desde el puente hasta la carretera. Abajo, los autos pasaban a noventa kilómetros por hora, manchas de color que avanzaban en fila igual que las hormigas hacia el norte o hacia el sur. Manchas con potencial homicida, a esa velocidad.

—Ya has sufrido mucho —dijo el muchacho de rostro demacrado. Vestía de negro de pies a cabeza; tenía una cruz egipcia tatuada en la mejilla derecha y una calavera en la mejilla izquierda. La vida y la muerte.

Elisa asintió, aferrando con sus manos el barandal del puente. Su vida había sido miserable desde el comienzo, con pensamientos fúnebres, soledad, una tristeza eterna de la que nunca se podía desprender. Era como si siempre hubiera nubes de tormenta sobre su cabeza, incluso en los días de sol.

—Puedes acabar con todo eso —insistió el muchacho. Elisa lo miró. Su nombre era Eliseo, y no por casualidad.

—Pero yo no quiero irme —replicó ella—. Tiene que haber una razón para vivir, ¿no?

Él hizo un gesto negativo.

—Tú no vales nada, y lo sabes. Eres inútil. Nadie te quiere, ni siquiera yo. No tienes amigos. En serio, ¿por qué no saltas de una vez? El mundo será un mejor lugar para vivir cuando ya no estés.

Elisa comenzó a llorar. Sus lágrimas cayeron al vacío, y se estrellaron quizás contra alguno de los centelleantes parabrisas. Algún conductor pensaría que estaba lloviendo.

—¿Por qué me tratas así? Eres malo. No, no eres. Tú no existes.

Él rió. Fue una risa irónica, no del todo cuerda.

—Yo existo, sabes que sí. ¿No estoy aquí a tu lado? ¿No puedes verme? No gires la cabeza, seguiré aquí de todos modos. Susurrándote al oído. Diciéndote las verdades que no quieres escuchar.

Elisa cerró los ojos. Era verdad: él nunca se iría. La torturaría por siempre, hasta hacerle perder la poca cordura que le quedaba.

—Vamos, hazlo —repitió Eliseo—. ¿Puedes acaso negar que lo deseas?

Elisa no respondió, pero en el fondo de su mente admitió que sí, ella deseaba hacerlo. Subir la baranda, pegar el salto, quedar suspendida en el aire un momento antes del inevitable descenso.

Sin darse cuenta, había subido la baranda. Medía unos diez centímetros de ancho, lo bastante para ponerse de pie sobre ella, en frágil equilibro. El viento sobre el puente la hacía balancearse peligrosamente, como manos que la empujaran por la espalda.

—Adiós, Elisa —dijo él—. No voy a extrañarte. Nadie lo hará.

Y Elisa saltó. Fue el único momento en su vida con un poquito de luz, cuando se sintió como un pájaro con las alas extendidas, dispuesta a elevarse hacia el firmamento.

En cambio, bajó en picado como una piedra, hacia los implacables automóviles.

No se escuchó un solo ruido. Los vehículos no detuvieron su marcha.

Con manos temblorosas, Eliseo encendió un cigarrillo. Tuvo que intentarlo tres veces, a causa del viento, pero finalmente aspiró una bocanada de humo, bendita nicotina que de inmediato le calmó los nervios.

Miró su reloj. Tenía que tomarse la próxima píldora en cuatro horas. No estaba seguro de que la autosugestión le durara mucho tiempo, pero quizás podría pasar un día o dos tranquilo, sin molestas presencias negativas.

Tarareando en voz baja, caminó en dirección a su casa.

Gissel Escudero

4 comentarios:

  1. Pues a mí me parece una buena idea. Un poco confuso al final, pero me gusta.

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    Prueba a ir enlazando posts antiguos en el FB, así le das vidilla :)

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    1. Hola, Alicia, y gracias por pasarte por aquí :-) Lo de enlazar posts antiguos es buena idea, la pondré en práctica poco a poco. En cuanto al cuento, fue algo que escribí para un concurso en mi foro de escritores. El tema eran las enfermedades mentales. Eso ya debería darte una pista de por qué el cuento es tan raro :-D

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  2. Cómo nos engañas, eh? Nos haces creer que el otro es parte de su imaginación y no al revés. Eso está bien. Vive feliz hasta que te llegue la hooooraaaaa. Que yo andaré por mi jardíiiin, lleno de roooosaaas. No hay luz igual a tu miraaadaaaaa. Que yo me mataré y te dejaréeeeee.

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    1. ¡Ja ja ja! Uh, sí, me encanta engañar a los lectores. ¡Es que soy mu mala! ¡Ñajajajaja! >:-D

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